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  "textContent": "Suena la alarma y todos saben qué es lo siguiente. Es la señal inequívoca que precede la evacuación. Los trabajadores deben ponerse en marcha y abandonar el edificio siguiendo los mismos pasos ensayados en simulacros que, como mínimo y por legislación, realizan una vez al año. Son directrices que acostumbran a conocerse en todo inmueble que albergue oficinas pero, cuando se trata de un rascacielos, tanto el tiempo como las particularidades propias del espacio se convierten en protagonistas. Ocurrió este martes, esa actuación contrarreloj, por el incendio en una de los cuartos técnicos de la Torre Moeve , en el Paseo de la Castellana.En los 18 minutos que duró la evacuación de los alrededor de 2.000 empleados del edificio, fue crucial el papel de los elementos distintivos de los que dispone el rascacielos. Sus escaleras están selladas para que no entre el humo y, además, cuenta con ascensores que pueden utilizarse incluso en situaciones de emergencia porque funcionan con generadores. Pero una de las piezas que mayor importancia cobra en situaciones de emergencia es la existencia de las plantas técnicas, espacios que albergan maquinaria diversa y que, además, actúan como cortafuegos para evitar que el incendio se extienda.En la Torre Moeve, «el protocolo se sigue a rajatabla», según cuentan desde Pontegadea, la empresa propietaria de la torre. La alarma, abandonar el lugar en una más o menos calmada fila y no detenerse a recoger las pertenencias. Es una actuación común a cualquier complejo de oficinas porque así lo estipula la ley, pero cuando se trata de un rascacielos, es la altura la que determina el diseño de unas pautas que varían según la antigüedad o el volumen del edificio. «Los tiempos tienen que estar mucho más medidos, porque no es lo mismo evacuar 200 personas que 2.000», sostienen desde la empresa. Noticia relacionada general No No Pánico y confusión por el incendio en la Torre Moeve: «En la planta 25 no se podía ni respirar» Natalia Loizaga y Santiago J. GarcíaDel estricto proceso de evacuación depende que no se pongan en riesgo las vidas de los trabajadores. Para que una alarma salte, primero se han de activar dos sensores , dos señales que acrediten una situación de emergencia. Por ejemplo, un detector de humo y uno de temperatura, aunque una de estas señales puede ser también la alerta humana, alguien que da la voz de alarma. Una vez sucede esto, se activa el sonido que decreta la evacuación. «Esto no es un simulacro», escucharon este martes algunos de los empleados a través de una megafonía. «Una vez salta la alarma, a veces incluso antes, se pone en marcha la extinción», cuentan desde la empresa. En la Torre Moeve, este control se produce a través de rociadores automáticos situados en el techo, que fueron los que sofocaron el incendio acontecido, o desde las bombas de agua, situadas en varios pasillos y que se utilizan a través de mangueras. Es entonces cuando, si todo sale según lo previsto, entran en escena las autoridades locales, que son alertadas en un proceso que, en ocasiones, está automatizado. Fueron los Bomberos del Ayuntamiento de Madrid quienes evacuaron a las tres personas que permanecieron dentro durante el incendio. En situaciones de riesgo hay quienes, por problemas de movilidad o invadidos por los nervios, no pueden o no quieren abandonar el edificio. Para mantener la seguridad en estos casos, la torre tiene habilitado, como mínimo, un refugio en cada planta, bautizados como «zonas seguras». La altura como factor de riesgoEste martes, el fuego se originó en uno de los cuartos técnicos de equipamiento situado entre las plantas 23 y 24, y los trabajadores de la 25 contaron entonces a este periódico que «no se podía ni respirar». En estas plantas se reúne la maquinaria que hace posible tareas como la climatización del edificio o el funcionamiento de los distintos servidores. En definitiva, son los lugares que albergan las entrañas del edificio. Desde el exterior de la torre, dividida en tres bloques, se las puede identificar por tener un tono más oscuro y, por dentro, difiere de una planta normal, pues no alberga empleados y la estructura está adaptada a las tareas que allí se acogen. Además, tiene la función de evitar propagación de incendios a otros bloques. «Tras este tipo de situaciones, la compañía realiza un análisis interno para identificar posibles mejoras, en línea con su compromiso con la seguridad», cuenta Mar Perrote, directora de Seguridad, Medioambiente y Calidad de Moeve. Los cimientos de la torre accidentada soportan el peso del segundo edificio más alto de la capital (248 metros), destronado únicamente por la cercana Torre de Cristal (249 metros). La antaño llamada Torre Cepsa, Bankia, Caja Madrid o Repsol alberga las oficinas de Moeve, que ahora le da nombre, de Amazon y el despacho de abogados Pérez-Llorca.En la empresa trabajan miles de empleados, muchos de los cuales han permanecido en sus hogares durante este miércoles tras el desconcierto que vivieron la pasada tarde. La empresa ha decretado varios días de teletrabajo que se mantendrán hasta completar las labores de limpieza y acondicionamiento. Otros empleados sí que han tenido que acudir a la torre, en la que aún quedan las reminiscencias de un incendio del que todavía se evalúan los daños causados en la planta afectada.",
  "title": "Plantas cortafuego y ascensores de emergencia para evacuar 2.000 personas en 18 minutos en la Torre Moeve"
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