Un exanalista de la CIA, contra los mitos de la agencia: «No somos James Bond»
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June 9, 2026
David McCloskey no viste gabardina, sombrero ni gafas de sol. Por no llevar, no lleva ni un triste periódico tras el que ocultar su rostro de miradas indiscretas. Este exanalista de la CIA metido a novelista se presenta con un tupé generoso, camisa oscura... y a cara descubierta. El espionaje, que ya no es lo que era. «El glamour que muestran las películas es ficción. El juego de espías ha cambiado mucho; es un 'negocio' diferente al de la Guerra Fría. Ya no puedes viajar a un país extranjero con pasaporte falso, irte a un hotel y hablar con una fuente. Las cámaras, la biometría y el rastro que deja el teléfono móvil hacen que sea muy fácil localizarte», explica a ABC.Pero ese encanto, hoy en declive, se resiste a desaparecer en libros como el que presenta en España el autor norteamericano: 'Langley, séptimo piso' (Salamandra). Una novela –la enésima en su currículum tras algunas como 'Estación Damasco' y 'Moscú X'– que se adentra en la historia de un topo ruso infiltrado en las altas esferas de la CIA. Para ser más concretos, en la planta siete de la sede de la agencia en Virginia. «La obra contempla un mundo que da bastante miedo: uno en el que los enemigos han conseguido captar a alguien en los niveles más elevados de la organización. La protagonista tendrá que darle la vuelta a la situación», señala.Verdad y mitoQuién mejor para contar los entresijos de la Agencia Central de Inteligencia , aunque sean novelados, que un tipo como McCloskey. Porque, aunque han pasado ya 12 años desde que colgó la placa, la CIA es algo que nunca se olvida. «Hay muchos trabajos dentro. Yo era analista, me dedicaba al periodismo clasificado, a investigar los porqués y los cómos de cualquier tema e historia», advierte. Lo suyo, insiste, era «escribir mucho, reflexionar y hablar con personas». Algo que tiene poco que ver con la acción que recoge en sus libros. «Escribo sobre los 'oficiales de caso', los que reclutan a los agentes humanos, los activos, como los llamamos», desvela.Noticia relacionada general No No Trump crea una web donde compara a los inmigrantes con extraterrestres–¿Le podemos llamar agente McCloskey?–No. El agente es el informador extranjero que contacta y proporciona los secretos al 'oficial de caso' de la CIA. Es un error generalizado por las películas.Su novela peca un poco –el espectáculo manda– y pone el foco en el lado más pintoresco de la agencia, aunque sin desmerecer la realidad. «Me gusta describir la CIA como una organización bipolar. Por un lado es una institución que hace cosas increíbles, que roba secretos, que escribe informes 'top secret' para el presidente… Pero, por otro, es también una empresa cualquiera, una muy grande con todos sus problemas y chorradas habituales; un gran organismo burocrático con decenas de miles de trabajadores que envían correos electrónicos, se quejan y se toman un café en el Starbucks de la sede».El mayor error que se suele cometer con la CIA, repite, es presentar a sus 'oficiales de caso' como si fueran superhéroes: «Películas como Misión Imposible o James Bond , en las que se dispara, hay persecuciones en coche y el protagonista es guapísimo pueden ser muy divertidas, pero poco reales». Hoy, la columna vertebral del trabajo pasa por recopilar y analizar datos. «Vivimos en un mundo donde hay teléfonos, cámaras, sensores, biometría… y una capacidad de almacenamiento casi infinita. También contamos con algoritmos e IA para encontrar patrones y hallarles el sentido», finaliza.Viejos enemigosLo que no ha cambiado es la presencia de Rusia entre las principales preocupaciones de la CIA, el adversario al que se enfrenta la protagonista de 'Langley, séptimo piso'. «Aunque ahora no son la única amenaza. A la par están los chinos y debajo hay otros tantos –cubanos, bielorrusos, norcoreanos, iraníes– que son bastante agresivos», señala. De los rusos, afirma, la agencia estadounidense busca saber «sus planes, la gente que los rodea, qué influye en su toma de decisiones, quiénes están en el círculo más íntimo del presidente, sus capacidades militares...». Hoy, dice, vale todo para conocer al enemigo e intentar darle el golpe de gracia.Rusia, añade, está presente en todo el mundo: «La información que hay disponible en línea sobre cada uno de nosotros ha modificado la relación entre el espionaje y la geografía. Antes, para que te interceptaran los rusos, debías internarte en sus zonas de influencia. Ahora pueden hacerlo desde su casa con un ordenador». Solo con la huella digital, cualquier servicio de inteligencia extranjero puede chantajearte.–¿Cree que el mayor enemigo de la CIA es el propio Trump?–Es un presidente poco convencional y que no utiliza a la CIA igual que sus predecesores. El problema es que la ha convertido en una entidad más política de lo que era. Además, habla de que el 'deep state' intenta acabar con él… Con todo, Trump ladra más que muerde. –¿No ha mordido nunca?–No digo eso. Una de las cosas que he analizado es si la CIA ha sufrido alguna purga por motivos políticos. Aunque no ha sido una práctica sistemática, Trump ha apartado a varios trabajadores por ello.Al final, concluye McCloskey, las herramientas cambian, pero el espionaje sigue girando en torno a lo mismo de siempre: descubrir los secretos que alguien está dispuesto a ocultar.
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