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Bajo el palio de Madrid

ABC - Últimas noticias de España y el mundo hoy [Unofficial] June 6, 2026
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Madrid herreriana y herida; Madrid canallita y beata; Madrid castellana y mestiza que nos despierta con su aire mesetario, caribeño y andino, esa luz de colada recién tendida y un cielo blanco y contaminado como un palio antiguo, ahumado por los siglos y alumbrado por los cirios, que viene a recordarnos que el Papa ya está aquí, recién aterrizado de su ITA, con sotana blanca, muceta roja y roquete, el rictus de matemático filósofo y las dos manos de Chicago entrelazadas bajo una cruz pectoral, como queriendo sujetar el corazón y sus asuntos. Eran las diez y media de la mañana y yo me encontraba en el interior de la parroquia de Santa Teresa y Santa Isabel, en Chamberí. Allí había ido a sentarme, a esperar y a mirar el retablo que se llevaron de Villaumbrales, la bandera de El Vaticano que lucía en el altar y a buscar esa mezcla de fe, pudor y oficio con la que uno intenta contar los acontecimientos que sabe que no tendrá tiempo para procesar. Fuera, la vida seguía ajena al cielo, con esa indiferencia con la que Madrid mira a casi todo; con sus motos, sus obras y sus prisas; sus repartidores, sus ruidos y la desesperación de los sábados, que es como la de los martes, pero con churros y prensa. Y allá, en el último banco, junto a un sacerdote en clériman y una pareja de peregrinos, el cronista en la penumbra, con la dignidad fresca de los templos que resisten, como pueden, la dictadura del vermú, del verano y de los versos.Madrid hizo repicar todas sus campanas cuando aterrizó el avión del Papa en Barajas. Nerea Chicote noComenzaron entonces las campanas a repicar a júbilo y sonó Madrid por encima de Madrid. Salí a la calle dando un respingo, como si acabáramos de marcar el primer gol de una final, con una necesidad absurda pero imperiosa de abrazarme a desconocidos como si fueran Cirineos y celebrar juntos lo que fuera, daba igual, quizá una alegría, puede que una pena. Pero la realidad es que ahí fuera todo seguía igual y Santa Engracia parecía ajena a las campanas de Chamberí y a los aviones de Barajas.Así que miré a un lado y a otro y decidí coger un taxi en busca del Papa, como un ave migratoria sin alas, pero con olfato. Un taxista –hosco, calvo y flamenco– me llevó lo más cerca que pudo del Palacio Real –«lo que pueda, está Madrid peor que nunca»–, lugar que resultó lindar con los pies semidescalzos de unas chicas con la bandera de Andalucía que hablaban del concierto de Bad Bunny mientras cantaban: «Papa León, te queremos un montón» . El ambiente en Bailén era ya el del festival de la OTI, un batallón de banderas de todos los países de habla hispana, fieles como un bretón, ingenuos como boy-scouts, creyentes como las chirucas de un montañero. Y la guardia real firme en la plaza de Armas, con el guion carmesí izado, anunciado la presencia de Felipe VI. El Papa y Felipe XIV en el Palacio Real. EFEEntre aplausos y gritos vimos pasar un BMW con la bandera de El Vaticano del que más tarde y más lejos, bajó Su Santidad para ser recibido por la familia real al completo, como recién salidos de un cuadro de Goya. Advierto ahí que el Papa muestra dos vertientes: una afable y cercana en el trato corto, pero una más fría y distante en lo público y lo protocolario. Y en esa isla en el centro de sus dos hemisferios, escuchó los himnos, la Salva de veintiún cañonazos y pasó revista a las tropas –las armas rindiéndose a la Verdad– mientras acompasaba la explosión del ruido con el cierre involuntario de sus ojos, para no caer en contradicciones.Un discurso memorable y un baño de masasMientras los presentes seguían cantando, aplaudiendo y convirtiendo Madrid en un entrañable fuego de campamento, me conecté al móvil para escuchar el discurso que estaba teniendo lugar dentro del Palacio, yo con esa pinta de 'lobo solitario' que me sale con las gafas de sol, la mochila negra y los auriculares y que provoca, sin excepción, que la policía sospeche de mí y venga a hacer «un par de preguntas». Pasado el trámite –con todos mis vecinos elevando mi estatus de 'sospechoso' a 'secreta'– pude oír a León XIV elevarse por encima de los que se habían obstinado en politizar su viaje, en casi todos los casos acusando de ello a los de enfrente, que es como se suelen hacer estas cosas en España. Pero lo que oí me elevó para el resto del día. Los jóvenes fueron los grandes protagonistas de la tarde. La vigilia reunió en la plaza de Lima a más de 500.000 personas. Belén Díaz e Isabel PermuyEl lema del viaje –'Alzad la mirada'– vino a pedir altura de miras, que quizá sea pedir demasiado. El discurso, extraordinario, caminó de la sed de luz de Juan de la Cruz al castillo interior de Teresa de Ávila, pasando por la audacia de Ignacio de Loyola y se irguió como una defensa de la convivencia, de la sinodalidad y del derecho internacional; como denuncia de la polarización, del identitarismo y de los muros, con una alerta velada al odio difundido en las redes sociales, que son –y esto es mío– las nuevas puertas de Wittenberg. Un recuerdo a la libertad de conciencia y a la religiosa –causa y consecuencia– y la certeza de que la oscuridad puede resolverse desde el compromiso. Supongo que aquellos que pensaran que León XIV iba a ser un papa 'diplomático' estarán ya hechos un ovillo bajo la cama, disparando su bruxismo y pensado: «Otro que nos sale rana» . Porque el Papa no hace sino profundizar en la intensidad del mismo mensaje, donde otros lo dejaron. Y recorre la misma senda, que es la del Evangelio elevándose por encima de la vulgaridad, como un águila de Patmos volando hacia el palio de Madrid.Lucero y CáritasEl cielo quiso aprovechar ese momento para abrirse, como si el sol estuviera esperando algo de luz para salir. Y corrí como pude hacia Gran Vía para ver el 'papamóvil' de camino a la Nunciatura, que está cerca de la estación de Chamartín porque Dios siempre pone al bien muy cerca del mal. Es posible que en ese momento todo Madrid estuviera en la calle : familias, amigos y gente solitaria. Aquello fue un baño de masas, pero, al contrario que en el Palacio Real, el silencio parecía haberlo tomado todo. Era, además, un silencio contenido, extraño y nervioso, interrumpido solamente por el ruido de los abanicos y de los helicópteros, que en realidad es el mismo sonido, el de las aspas rompiendo el aire y el de la madera rompiendo el hielo.León XIV, camino de la Vigilia. Belén DíazTras el almuerzo, los puntos de acceso en Nuevos Ministerios, Castellana y Orense ya recogían a miles de peregrinos, monjas y grupos cristianos que buscaban sombra en Madrid como quien busca patria en el desierto, esperando que se abrieran las vallas como otra vez se abrió el Mar Rojo. La tierra prometida era la Plaza de Lima, donde horas después tendría lugar la Vigilia de los jóvenes. Pero, antes de eso, solo calor y llagas; sombreros y paraguas; controles de seguridad y farmacias haciendo el agosto en junio. No demasiado lejos en lo geográfico, pero sí en todo lo demás, la vida se abre paso entre Lucero y Carabanchel. Al otro lado del río y de la M30, la España de la foto da paso a la de la herida: en las fachadas, toldos verdes, ropas viejas y grafitis de los de verdad, que son los que no denigran el vandalismo haciéndolo pasar por arte. Cuando se acaba el mármol, aparece el ladrillo; cuando los palacios se olvidan, nacen los narcopisos. Un grupo de chicas con unas estampitas del Papa León XIV en el Palacio Real, por la mañana. Txema Rodríguez.Y, justo ahí, las banderas de España dejan paso a las de Venezuela, Senegal o Perú. Y de las pancartas a la realidad. Entonces, la pompa de las autoridades se retira para que aparezca el Evangelio en CEDIA 24 Horas, centro en el que Cáritas atiende a los excluidos, a los inmigrantes y que se convirtió, por ello, en el corazón moral del día. El Papa intelectual, ya sin muceta, dejó paso al pastor. Y este al misionero. Se sentó frente a decenas de personas discapacitadas para decirles que «aquí comienza mi visita», como si lo anterior hubiera sido tan solo la introducción y se dirigió a ellos bajo una canasta de baloncesto y un 'Árbol de la Esperanza' elaborado en el Centro de Tratamiento de Adicciones, para decir que «el que está en Madrid ya es de Madrid», lo que hacía que él ya fuera «un madrileño más». Fue aquel un símbolo humilde, pero honesto. Porque, por una vez, no nacía del cerebro de un 'spin doctor', sino de las manos de los corazones rotos. Y yo pude verlos. Belén DíazTras la defensa de Cáritas, Madrid empezó a desplazar su centro hacia la Castellana. Recorrí el atasco como pude, siguiendo a los helicópteros, a las sirenas y reclamando para mí todos los cortes de tráfico; asistiendo a conversaciones inclasificables entre sudor, banderas y móviles como velas eléctricas. Y pasadas las ocho y media, con el sol empezando a hartarse de nosotros, León XIV entraba en la Plaza de Lima para anunciar a los presentes la esperanza y pedir a los jóvenes que sean humanos, algo tan difícil como eso: «Ante el vacío de la indiferencia y del conformismo, ante la violencia de la guerra y de la mentira, sed vosotros mismos chispa de una humanidad nueva». Y mientras sonaban todos los besos de Siloé, escribo esto, mirando a Madrid barroca y rota; Madrid misionera e inhóspita; Madrid de asfalto y cielo que, al menos durante unas horas, supo alzar la mirada. Y se sintió, por ello, un poco menos sola.

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