{
"$type": "site.standard.document",
"bskyPostRef": {
"cid": "bafyreiexw4ocxmb3yg7752p3dnwb64trt3g3n4hhvb73hgrxva6vtzsqky",
"uri": "at://did:plc:psiagxk5f6gl4dlxeatkbuve/app.bsky.feed.post/3mmutgkvi54q2"
},
"coverImage": {
"$type": "blob",
"ref": {
"$link": "bafkreig6tnvqif3jior5jnzx5bqwip5frrf4d7bsjnknyth4nq6fiqfy3i"
},
"mimeType": "image/jpeg",
"size": 186123
},
"path": "/sociedad/jose-antonio-marina-hoy-nunca-colegios-crecen-20260526014900-nt.html",
"publishedAt": "2026-05-28T00:46:21.000Z",
"site": "https://www.abc.es",
"textContent": "José Antonio Marina (Toledo, 1939) ha dedicado su último libro a quien realmente lo ha escrito: su cerebro. Él lo ha cuidado, alimentado con buena información y entrenado durante años para darle una orden, como si se tratase de un ChatGPT biológico: «Tienes que dictarme un ensayo sobre las adicciones y sobre una posible vacuna que nos proteja de ellas». El cerebro de Marina cumplió devolviéndole una guía amena y brillante, como todo lo que toca este pensador, para poder conocer el complicado laberinto que es nuestra mente, revelar el secreto por el que se dan las conductas adictivas y, sobre todo, aprender a evitarlas. Antes de que aparezca la pregunta él mismo da la respuesta: «No, no es un libro de autoayuda». Es, más bien, un libro sobre Filosofía y, por qué no, sobre educación. ¿Qué es lo que perseguía con la escritura de 'La vacuna de las adicciones'? Pretendía dos cosas. Primero, reivindicar el papel de la Filosofía como servicio público, porque su obligación es proporcionar las soluciones de máximo nivel a los problemas más profundos. Quería probarla con un problema que afecta a lo más íntimo de la personalidad: las adicciones. Me pareció, además, que era una cuestión urgente porque son un problema muy serio y no sabemos muy bien qué hacer con ellas.Antes de la solución, ¿cuál es el origen de la adicción? El origen más profundo es que nuestro sistema de control de la propia conducta no está bien diseñado. Tenemos, lo que yo llamo, chapuzas evolutivas, y una de esas chapuzas es nuestro sistema de recompensa y castigo que se estropea con demasiada facilidad. Es decir, no nos podemos fiar de que todo lo que deseamos y nos produce placer sea bueno. El drogadicto siente enorme placer cuando consume drogas, al principio. Luego, eso se descontrola y se convierte en un problema terrible. «En todos los adictos hay un déficit de 'factor h', que es la capacidad para reconocer los problemas y enfrentarse a ellos»¿Pero, por qué no todos somos adictos? La gente llega a la droga por muchos caminos, pero lo que me planteé fue:¿podríamos descubrir un patrón único en todos los adictos? El patrón es que todos ellos tienen un déficit de lo que he llamado 'factor h', que es la capacidad para reconocer los problemas y enfrentarse eficientemente a ellos. Me di cuenta de que había una cosa que estaba presente sobre todo en el paso del abuso a la adicción y es el sentimiento de indefensión de la persona, cuando se siente desbordada por los problemas. Lo he llamado personalidad claudicante, que es lo contrario a una personalidad resuelta. Distingue entre enganche y adicción. Claro, porque para que haya una verdadera adicción y no un enganche, que es una dependencia puramente química, se debe interpretar el consumo como la solución al problema. La sustancia o el comportamiento empieza a ser adictivo cuando aprendemos a utilizarlos como una salvación a nuestros problemas psicológicos. «La decisión de no tomar una droga no puede tomarse cuando ya se es adicto sino antes de serlo»¿Y en ese momento previo a pasar de estar enganchado a adicto es cuando aparece la libertad? Sí. La libertad bien entendida. Uno de los virus mentales más extendidos en nuestro tiempo es que todos somos libres desde que nacemos. Digo que es un virus porque es falso: la libertad hay que aprenderla. No se puede confundir libertad con espontaneidad que es lo que se le puede atribuir a mi burro cuando suelta un par de coces. El espontáneo es impulsivo. La decisión de no tomar una droga no puede tomarse cuando ya se es adicto sino antes de serlo. Ahí está la vacuna contra la adicción. ¿Pero esa libertad de rechazar algo no se puede confundir con la represión? Inhibir el deseo no es un acto enfermizo de represión, es abrir espacio para la deliberación, para que el pensamiento racional entre en acción. La motivación viene del deseo y de las emociones, pero la forma alternativa de orientarse es la razón. La voluntad se define como la obediencia a las normas propias. No a los impulsos ni a las órdenes de fuera. La persona claudicante no se guía por el pensamiento racional, sino por impulsos. ¿Y esa proliferación de las personalidades claudicantes se alimenta desde la escuela?Sin duda. Estamos educando a una serie de generaciones que piensan que la explicación de la conciencia no está en la voluntad, es decir, en la capacidad de decidir, sino en la motivación. Les inculcan que si una persona no tiene motivación, no puede actuar. Si empezamos a convencer a nuestros alumnos de que no se puede actuar sin estar motivados, y ya que la motivación es más bien externa y no depende de uno, entonces favorecemos la aparición de personalidades muy inertes, muy vulnerables, que no se van a poder enfrentar a ningún problema de una mediana complicación. Ese es el gran fallo de la educación actual, que favorece una dependencia generalizada. En nuestros días, más que nunca, en los colegios están creciendo alumnos que en el futuro serán adictos a las drogas, al alcohol o a cualquier cosa que enganche, como las redes sociales o como la medicina estética. Estamos educando potenciales personas con problemas de adicción. Personalidades claudicantes. «La posmodernidad elogia el pensamiento débil. La personalidad débil es menos proclive a fanatismos, pero más propensa a adicciones»Dice en su ensayo que al mundo posmoderno no le gustan las personalidades fuertes y voluntariosas, que son las que mejor podrían escapar a las adicciones. Los movimientos políticos de mediados del siglo pasado, como el nazismo o el fascismo, se basaban en el elogio de la voluntad. Lo que imperaba era una especie de obsesión por la voluntad que dio lugar a una ferocidad tremenda, porque los sentimientos no importaban, las razones no importaban, lo que importaba era la voluntad. Después de la Segunda Guerra Mundial, caemos en una especie de devaluación generalizada de todas las creencias potentes y se da un elogio del pensamiento débil. Es decir, se cree que es mucho mejor que la gente no tenga creencias fuertes, se admira el pensamiento débil, una personalidad débil, fragmentaria, embrionaria...Líquida, como decía Bauman. Esa personalidad es menos peligrosa, menos proclive a fanatismos, pero muy vulnerable y mucho más propensa a adicciones. «El paraíso tiene hoy la forma de un centro comercial»Esas personalidades débiles se enfrentan, además, a sociedades mucho más adictivas que las de antaño. Y ahí radica el problema. La conducta consumista, la tiranía de las modas, el éxito de 'influencers', las creencias conspiranoicas... La vida hoy es una excitación continuada, cuya meta es el hedonismo asumible. El paraíso tiene hoy la forma de un centro comercial, a él ya no se llega mediante la ascesis sino mediante la gozosa caída en el tentación. De hecho, el deseo se ha impuesto incluso en el mundo de la medicina, pues el médico hoy está al servicio del deseo del paciente, y aquí la medicina estética adquiere un papel fundamental. Volviendo al que es uno de sus campos de estudio más importantes, la pedagogía, ¿cómo podemos alejar a las generaciones futuras de las adicciones? En sus primeros tres años de vida, lo importante es que el niño adquiera un sentimiento de seguridad básica, que se la tienen que dar los padres. Su principal tarea es ayudar al niño para que pueda soportar tensiones cada vez más intensas y sepa regular sus propias emociones. Esa seguridad básica es una línea de resistencia, aunque las cosas le vayan muy mal. La segunda vacuna contra las adicciones es tener una postura activa y después, la hoja de ruta es clarísima: cuando un niño viene con un problema, déjale que plantee su malestar y no se te ocurra dar consejos. Así, irá aprendiendo a resolver problemas, a gestionar emociones y, a la larga, será menos propenso a la adicción.",
"title": "José Antonio Marina: «Hoy, más que nunca, en los colegios crecen futuros adictos a las drogas, al alcohol o a cualquier cosa»"
}