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"textContent": "Las fotografías del primer día de colegio, los vídeos de una rabieta, las ecografías compartidas en Instagram o los bailes familiares en TikTok forman ya parte del paisaje cotidiano de las redes sociales . Mostrar la crianza online se ha convertido en una práctica habitual para miles de familias que documentan momentos íntimos de la infancia casi en tiempo real. Sin embargo, cada vez más expertos alertan sobre los riesgos del llamado sharenting, el fenómeno por el que padres y madres publican de manera constante imágenes, vídeos y datos personales de sus hijos en internet antes incluso de que ellos puedan decidir sobre su propia identidad digital. Lo que para muchos adultos es una forma de compartir recuerdos o conectar con otras familias, para algunos especialistas supone una vulneración del derecho a la intimidad de los menores. La discusión ha dejado de centrarse únicamente en los peligros relacionados con la seguridad o la pederastia y se ha ampliado a cuestiones como la huella digital, la exposición emocional, el uso comercial de la infancia y las consecuencias psicológicas futuras.Berta Ú., madre de dos hijos, tuvo claro desde el embarazo que no mostraría el rostro de sus hijos en redes sociales. «Las redes sociales siempre me han provocado un poco de desconfianza », explica. Aunque reconoce que siempre ha tenido perfiles desde que comenzaron a popularizarse, asegura que los ha mantenido privados y con mucha cautela. En su caso, la decisión de proteger la identidad de sus hijos surgió de forma casi intuitiva y se reforzó además porque su pareja directamente no utiliza redes sociales. Con el paso de los años, aquella sensación inicial se convirtió en una convicción firme. Berta recuerda especialmente un reportaje televisivo en el que especialistas de la Policía Nacional advertían sobre la presencia de fotografías de menores en redes vinculadas a entornos de pederastia . «Fue un hecho que me impactó mucho», admite. Desde entonces, evita publicar imágenes identificables y pide también en colegios y actividades extraescolares que no se compartan fotografías donde aparezcan las caras de sus hijos.Para ella, los principales riesgos son diferentes según el plazo temporal. «A corto plazo, la privacidad y la exposición emocional. A largo plazo, la huella digital», afirma. Le preocupa especialmente no saber cómo puede afectar dentro de unos años que exista una enorme cantidad de información sobre sus hijos circulando en internet sin que ellos hayan podido decidirlo. La activista Natalia Díaz, creadora de contenido en Instagram bajo el nombre medianoche.tube y una de las voces más visibles del movimiento Stop Sharenting, lleva tiempo denunciando esta situación. «Cuando publicamos toda la vida de la infancia en directo en redes sociales estamos vulnerando sin duda su derecho a la intimidad», sostiene. Para ella, el problema no se limita únicamente al riesgo de que las imágenes acaben en manos de depredadores sexuales, sino también al impacto psicológico y emocional que puede provocar esa exposición permanente.Noticia relacionada general No No Polémica por un libro de la sección infantil de las bibliotecas catalanas: «Pega una foto de cuando te vino tu primera eyaculación» Esther Armora«El principal peligro que veo es la pérdida de intimidad y la huella digital que deja esta acción. No solo hablamos de cuestiones relacionadas con la pedofilia, sino de traumas o trastornos derivados de esa vergüenza , incluso humillación, de que todo el mundo sepa sobre ti», explica. Díaz insiste además en la facilidad con la que hoy es posible localizar a un menor a través de una simple fotografía publicada en redes sociales . «Con una sola foto, de un simple vistazo, puedes averiguar dónde está un niño», advierte. Uniformes escolares, parques cercanos, rutas diarias o nombres de centros educativos son detalles que muchas familias muestran de manera aparentemente inocente, pero que pueden convertirse en información sensible.La preocupación ha aumentado todavía más con el desarrollo de la inteligencia artificial. Natalia Díaz alerta de que actualmente existen herramientas capaces de manipular imágenes infantiles de formas extremadamente peligrosas. «Estamos en un momento en que la inteligencia artificial puede desnudar cualquier fotografía de menores. Es algo muy serio», denuncia. Por eso considera que «no existe ninguna necesidad de subir fotos de menores en redes». Otro de los aspectos que más inquieta a los expertos es el uso comercial de la infancia en internet. En los últimos años han proliferado perfiles familiares con millones de seguidores donde los menores protagonizan campañas publicitarias, colaboraciones con marcas y contenidos patrocinados. Para Díaz, esta situación implica una forma de explotación todavía escasamente regulada. «La realidad es que hay menores trabajando sin ningún tipo de regulación. Niños y niñas que están cansados de ganar dinero para sus padres», denuncia.La huella digital que los menores nunca quisieron dejarBerta también considera que existe una línea roja evidente cuando la exposición de los hijos se convierte en una fuente de ingresos. «Todos nos sentimos orgullosos de nuestros hijos y querer mostrarlo puede ser algo natural», explica. Sin embargo, añade que «monetizar la exposición de los hijos creo que es una línea roja a considerar». A pesar de ello, evita juzgar a las familias que sí comparten imágenes constantemente. «Todos ejercemos de padres lo mejor que sabemos», señala. En su opinión, muchas personas utilizan las redes sociales sin comprender del todo las consecuencias que puede tener la exposición continuada de menores en internet.«Las redes sociales siempre me han provocado un poco de desconfianza » Berta Ú.La propia Berta reconoce que en ocasiones ha sentido cierta incomprensión por mantener esta postura. Recuerda, por ejemplo, cuando una compañera de trabajo vio una fotografía de su hija y le preguntó sorprendida por qué le tapaba la cara en Instagram si la niña «era muy mona». La anécdota, cuenta, le hizo gracia, aunque también le confirmó hasta qué punto se ha normalizado enseñar la vida de los hijos públicamente. El debate sobre el sharenting se ha intensificado además porque muchos menores crecerán teniendo una identidad digital creada por sus propios padres antes incluso de aprender a hablar. Fotografías del embarazo , vídeos de sus primeros pasos, enfermedades, rabietas o momentos embarazosos pueden permanecer durante décadas en internet. «Una foto en redes sociales de un niño o niña se puede seguir encontrando diez años después», recuerda Natalia Díaz. «Y no pueden hacer nada por controlarlo porque, una vez está en ese espacio, no hay lugar para la protección ».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Clara Nuño: «Aún existe el 'para presumir hay que sufrir' y a las niñas se las prepara para satisfacer» noticia Si Judit Merayo, psicóloga: «La carga mental es uno de los mayores anticonceptivos del siglo XXI, aleja a las parejas » noticia Si Así concilia (con éxito) una pyme gestionada por 5 madres que suman 13 hijos noticia Si 'Supernanny', sobre las fiestas infantiles: «Nos estamos equivocando en la intensidad con la que celebramos todo»Para la activista, la cuestión fundamental es entender que los menores no son una extensión de sus padres, sino personas con derechos propios. «No son personitas en construcción, son ya personas y por lo tanto tienen derechos», afirma. Entre ellos, destaca especialmente el derecho a la intimidad. Aunque el debate continúa abierto y no existe consenso sobre dónde debe situarse exactamente el límite, cada vez más familias comienzan a cuestionarse cuánto merece la pena exponer la infancia en internet. En una época marcada por la hiperconexión y la necesidad constante de compartir, el sharenting plantea una pregunta incómoda: si los menores no comprenden todavía qué significa vivir en redes sociales, ¿quién debería proteger realmente su privacidad? Natalia Díaz reconoce que todo lo que ha visto investigando sobre explotación infantil en internet le ha pasado factura emocional. «En todos estos años he visto cosas horribles y no he vuelto a ser la misma», asegura. Explica que necesitado terapia para gestionar el impacto psicológico derivado de analizar imágenes de menores sexualizadas y comentarios de depredadores en plataformas digitales. Aun así, insiste en que el debate sobre el sharenting ya no puede aplazarse y que las familias necesitan información.",
"title": "Sharenting: cuando los hijos se convierten en contenido antes de poder decidir"
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