Judit Merayo, psicóloga: «La carga mental es uno de los mayores anticonceptivos del siglo XXI, aleja a las parejas»
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May 25, 2026
'Carga mental'. Se trata de un concepto que con más frecuencia de lo deseado está en boca de muchos por todo lo que implica para muchas personas a las que su día a día se les hace muy cuesta arriba. Pero según Judit Merayo, psicóloga sanitaria y educadora social, ya no sólo afecta a nivel individual, sino a la propia relación de pareja. En su opinión, la implicación más perjudicial es la pérdida de respeto y compañerismo. «Ambos dejan de ser un equipo de dos adultos iguales para transformarse en una jerarquía invisible: uno asume el rol de 'director de orquesta o gestor existencial del hogar, y el otro se acomoda en el papel de 'ayudante'. Esto genera un desequilibrio de poder que agota la admiración mutua. El miembro sobrecargado no solo está cansado físicamente, sino que siente el peso de ser el único responsable de que el sistema familiar no colapse. Al final, se deja de ser pareja para ser 'gestores de una empresa' que nunca cierra por vacaciones, lo que termina dinamitando la complicidad y el afecto».—¿Por qué es, en principio, invisible la carga mental? —Porque, a diferencia de las tareas domésticas físicas, la carga mental no deja rastro. Fregar un plato o pasar el aspirador son acciones con un inicio y un fin que cualquiera puede ver. Sin embargo, recordar que al niño le aprietan los zapatos y hay que buscar una tarde para comprar otros, anticipar que mañana es el último día para pagar una excursión o planificar un menú equilibrado para que la compra sea eficiente, ocurre todo ello en el cerebro. Como no se ve, el miembro que no la ostenta suele minimizar el esfuerzo que conlleva, mientras que el otro se siente profundamente solo y desamparado en una gestión que no tiene horario ni reconocimiento.Noticia relacionada general No No Xavi Cañellas: «El cuerpo no digiere la tensión emocional sostenida, de ahí tanta dolencia física» Laura Peraita—¿De qué manera puede alejarles en su comunicación y relación? —La comunicación deja de ser un espacio de intercambio emocional para convertirse en una lista de tareas logística y fría: «¿Has comprado leche?», «¿Quién recoge a los niños hoy?». El espacio mental está tan saturado por la 'pestaña' de la organización familiar que no queda ancho de banda para el ¿Cómo estás?´' o el 'te he echado de menos'. Desde la carga mental solo hay un paso al resentimiento crónico: uno percibe que su pareja 'vive de vacaciones' mentalmente, despreocupado del engranaje de la vida, mientras que el otro se siente constantemente supervisado, regañado o incapaz de cumplir con unas expectativas que ni siquiera comprende del todo.—¿Qué pasa, entonces con sus relaciones sexuales? ¿Quedan afectadas? Absolutamente. La carga mental se podría considerar como uno de los mayores anticonceptivos del siglo XXI. El deseo sexual requiere de un espacio de juego, de seguridad y, sobre todo de conexión. Es biológicamente imposible desear a alguien a quien sientes que tienes que «maternar» o dirigir como a un empleado. Cuando una mujer llega a la cama tras un día de mil micro-decisiones, su cerebro está en «modo gestión». Si tu cabeza está repasando mentalmente la agenda de mañana o la lista de la compra, tu cuerpo no puede estar presente en la intimidad. No es falta de ganas, es falta de disponibilidad mental.—¿Es culpa del gran número de tareas o es que no saben gestionar la comunicación para planificar? —El problema no es solo el volumen de trabajo, sino el modelo de gestión basado en la 'ayuda' en lugar de la 'corresponsabilidad'. Si uno de los miembros tiene que pedir ayuda, implícitamente está aceptando que la tarea es suya y que el otro solo le hace un favor al ejecutarla. Esa petición ya es carga mental. No necesitamos ayudantes que esperen instrucciones sentados en el sofá; necesitamos socios que asuman la propiedad completa de las parcelas de la vida común. El fallo de comunicación suele ser no haber definido que el bienestar del hogar es una responsabilidad compartida desde la raíz, no un favor que se concede.«Planificar agota más que ejecutar porque requiere una función ejecutiva constante: anticipar problemas, tomar decisiones y evaluar riesgos»—¿Por qué agota más planificar que ejecutar? —Porque planificar requiere una función ejecutiva constante: anticipar problemas, tomar decisiones y evaluar riesgos. Es la diferencia entre ser el músico que toca una partitura escrita por otro o ser el director que debe controlar que todos los instrumentos suenen a la vez y a tiempo. Yo suelo compararlo con el saldo de una cuenta bancaria mental: cada pequeña decisión (¿qué cenamos?, ¿qué ropa necesita el niño para gimnasia?...) es una retirada de fondos. Al final del día, el cerebro que planifica está en números rojos, exhausto por la 'fatiga por decisión', mientras que el que solo ejecuta ha conservado mucho más saldo energético.—¿Por dónde empezar en la búsqueda de soluciones? —El primer paso es hacer visible lo invisible a través de la validación. Recomiendo realizar el «Mapa de la Corresponsabilidad». Consiste en sentarse en pareja y listar no solo quién hace las cosas, sino quién las piensa y las organiza. El objetivo no es buscar culpables ni hacerlo desde el reproche, sino que el objetivo es que ambos tomen conciencia del desequilibrio. La solución real pasa por repartir áreas completas de responsabilidad, no tareas sueltas. Por ejemplo, si uno se encarga de la parcela de 'salud', debe ser responsable de saber cuándo tocan las vacunas, pedir la cita y llevar al niño, sin que el otro tenga que recordárselo. Solo cuando se transfiere la 'propiedad' de la preocupación, se libera realmente la mente del otro.—¿Qué errores comunes hay que evitar? —El error más frecuente es confundir delegar con abdicar o con fiscalizar. Muchas veces delegamos una tarea (ej. hacer la cama), pero no hemos acordado previamente qué significa para nosotros que la cama esté «hecha». Si para uno es estirar la sábana y para el otro es un orden riguroso que afecta a su bienestar visual, ahí nace el conflicto. El error es el micromanagement: quedarte mirando cómo lo hace y corregir sobre la marcha. La solución no es aguantarse, sino acordar un estándar común de antemano, debemos pactar un nivel de detalle que sea aceptable para ambos (ni el perfeccionismo extremo de uno, ni la dejadez del otro). Una vez acordado ese 'mínimo de calidad', hay que soltar el control y permitir que la otra persona gestione el proceso con autonomía. Si no hay autonomía real, no hay descarga mental.—¿Cómo no decaer en el intento? —Para no rendirse, lo primero es entender que no estamos ante un simple problema de organización, sino ante un proceso de reeducación profunda. Llevamos décadas operando bajo roles de género y automatismos muy arraigados; esperar que esto cambie en una semana es una receta para la frustración, el éxito no está en la perfección, sino en la constancia. Cuando tenemos que abordar esto en sesión, suelo recomendar tres pilares para mantener el rumbo:-La reunión de logística (el 'check-in' semanal): Reservar 15 minutos a la semana (solo 15, para que no sea una carga más) para revisar la agenda, los menús y los compromisos. Esto permite 'descargar' el disco duro mental y ponerlo por escrito. Lo que está en el calendario común deja de ser un recordatorio rumiante en la cabeza de uno solo.-Permitirse la imperfección: Uno de los mayores frenos para repartir la carga mental es el miedo a que el otro no lo haga 'tan bien' como nosotros, debemos entender que la pareja es un equipo, no una competición. Si no dejamos espacio para el error del otro, nunca habrá espacio para su responsabilidad, sin embargo, esto no significa resignarse al silencio malhumorado, sino practicar una comunicación asertiva y constructiva.Si algo no sale como esperábamos (el clásico ejemplo de la plancha: la ropa está limpia pero quedan arrugas), el camino no es el reproche, sino el reconocimiento del esfuerzo y el ánimo. Hay que validar la intención («gracias por encargarte de esto») y, desde ahí, proponer mejoras sin invalidar al otro: «Sé que esta prenda es complicada, la próxima vez si probamos con este truco seguro que sale mejor».-Dejar que operen las «consecuencias naturales»: Este es, sin duda, el paso más difícil de ejecutar para la persona sobrecargada, pero es el más transformador para el equilibrio de la pareja. Durante años, el miembro que ostenta la carga mental ha funcionado como una «red de seguridad» invisible: si algo se olvida, esa persona lo recuerda; si falta algo, esa persona lo compra antes de que se note; si hay un conflicto logístico, esa persona lo resuelve antes de que estalle. El problema es que, cuando la red de seguridad siempre está ahí, la otra parte deja de mirar al suelo; sencillamente, da por hecho que nunca habrá una caída.Si el acuerdo es que una de las partes se encarga de la planificación de las cenas y llega la hora y no hay nada previsto, la consecuencia natural es que esa noche no habrá cena organizada. En ese momento de incertidumbre es donde ocurre el verdadero anclaje de realidad. Es ahí donde la otra parte experimenta, quizás por primera vez, el peso de la 'no-gestión'.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Siete hábitos de autocuidado para sentirte una mujer empoderada noticia Si «Parar la centrifugadora en la que vivimos es la clave para recuperar la ilusión» noticia Si «Dormir bien, la herramienta de 'biohacking' más barata que existe» noticia Si Xavier Guix, psicólogo: «Hay siete claves que te ayudan a liberarte de tu pasado para vivir plenamente»Y esto no debe enfocarse como ganar una batalla, o que una de las partes tenga la razón, sino de construir un equipo donde ambos jugadores puedan descansar. No decaemos cuando entendemos que cada vez que soltamos una tarea y el otro la recoge (a su manera), estamos ganando salud mental y futuro para la pareja.
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