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  "textContent": "Pasadas las seis y media, el local cafetero comienza a colmarse de asistentes ávidos de silencio y desconexión, «necesitados de una pausa digital ». Muchos llegan con la urgencia de despegarse, aunque sea por unos minutos, de sus teléfonos móviles. Es por eso que aceptan sin rechistes abandonar sus dispositivos electrónicos en la misma entrada del establecimiento, condición indispensable para participar. Cerrado al público durante la velada, quienes habitan el espacio son los seguidores de The Offline Club, un movimiento surgido en Países Bajos, y cada vez más extendido por Europa, que aterrizó en Madrid a finales del pasado mes de octubre con una sencilla propuesta: crear pequeños refugios temporales frente a la hiperconectividad.Se trata de una iniciativa juvenil que busca reivindicar, a través de encuentros y eventos presenciales, donde el uso de los teléfonos móviles queda completamente prohibido, «el descanso digital y la desconexión del ajetreo diario». Un fenómeno que se encuentra ya presente en 17 ciudades de 12 países –Alemania, Reino Unido, Dinamarca, Turquía, Portugal, Italia, Francia, Austria, Suiza, Países Bajos, España e Indonesia–. Según Priscila Loredo, fundadora de The Offline Club Madrid, la cuenta de Instagram del club creció de cero a 470.000 seguidores en sólo diez meses, «lo que refleja un cierto interés en reconectar fuera de las pantallas y en compartir tiempo de calidad con otras personas, como respuesta a la creciente epidemia de la soledad y a la necesidad de un 'detox' digital».Pilar, de 31 años, es una de las asistentes a la tercera fiesta de la lectura de The Offline Club en Yoyogi Coffee, el local colaborador donde tiene lugar el encuentro. Descubrió la iniciativa por casualidad, mientras paseaba por El Rastro, y desde enero acude con regularidad a los eventos organizados por la entidad en la capital. «Vivimos demasiado conectados y eso genera una sobreestimulación que resulta agotadora. Me llamó la atención el concepto», explica la especialista en redes sociales. «Plantean retos interesantes: cómo pagar o movernos por la ciudad sin utilizar el teléfono, por ejemplo», añade. La joven reconoce que, si no fuera por este tipo de encuentros, le costaría desconectar por su cuenta: «No soy capaz de estar más de cuarenta minutos leyendo sin mirar el móvil». Para ella, aunque existen muchos eventos para leer o convivir con otras personas, el hecho de añadir la desconexión digital «lo cambia todo».Noticia relacionada No No Los reclusos de Soto acarician la libertad a través de los libros Enia GómezLa historia de The Offline Club arranca cuando sus fundadores, Ilya Kneppelhout y Jordy van Bennekom, decidieron retirarse a las afueras de Ámsterdam para «reconectar consigo mismos», dejando a un lado cualquier dispositivo electrónico. Aquella experiencia, cuenta Loredo, «les permitió bajar el ritmo, recuperar la creatividad y regresar con nuevas ideas y proyectos». A partir de ahí, decidieron trasladar esa vivencia a otras personas. Al principio lo realizaron de manera muy íntima, entre amigos, organizando fines de semana en plena naturaleza a las afueras de la capital neerlandesa. Grabaron aquella primera experiencia y el vídeo acabó viralizándose. Dos años después acumula más de 42 millones de visualizaciones. «Fue la prueba de que se trataba de una necesidad mucho más amplia», explica. Así, consolidaron el concepto de 'Offline Getaway': retiros de desintoxicación digital en plena naturaleza. Sin embargo, al resultar costoso y logísticamente complejo desplazarse cada fin de semana fuera de la ciudad, el proyecto evolucionó hacia otro formato: encuentros periódicos de unas horas en los que espacios cotidianos –estudios de yoga, cafeterías, hostales o azoteas– se transforman en lugares libres de móviles. «Si existen espacios libres de humo, ¿por qué no pueden existir espacios libres de dispositivos electrónicos?», resume la joven fundadora.Encuentro literario en la cafetería Yoyogi, organizado por The Offline Club José Ramón LadraEn Madrid, la propuesta todavía se abre camino de forma discreta, aunque con una comunidad en crecimiento: cerca de mil personas siguen ya la newsletter de The Offline Club y, por ahora, el evento más concurrido reunió a unas 50 personas en la azotea del Bastardo Hostel el pasado mes de abril. Una cifra modesta que contrasta con las registradas en otros países europeos. En Ámsterdam, el Museo Van Gogh llegó a cerrar sus puertas una noche para acoger a 1.488 personas, que guardaron sus teléfonos y contemplaron el arte sin distracciones, en marzo de 2025. En junio de ese mismo año, la entidad organizó otra edición en una iglesia, donde 250 participantes entregaron sus dispositivos en la entrada «para compartir una jornada sin pantallas, con piano en directo, creación artística colectiva y lectura en comunidad». También en Francia, la Ópera de París acogió en septiembre del año pasado una sesión de lectura con 250 asistentes. Y en Londres, más de 4.000 personas se inscribieron para participar en un intento de récord: contemplar el atardecer en un parque sin dispositivos electrónicos.Una edición inspirada en el apagón de 2025Madrid intenta replicar este formato con iniciativas, de momento, más pequeñas. En febrero, 30 personas recorrieron La Latina en una caminata silenciosa con los teléfonos apagados. Y el pasado 2 de mayo, 370 se inscribieron «para reconectar con sus pasatiempos analógicos y con otras personas en el Retiro, en una edición especial inspirada en el apagón de 2025». Pero finalmente sólo se presentaron 30. «Llovió muchísimo. Y aún así jugamos, leímos, cantamos y hasta bailamos bajo la lluvia. Estaba previsto que el evento durase una hora, pero estuvimos desde las 11.45 hasta las 17.00 horas juntos», relata Loredo. La idea surgió de forma conjunta entre Barcelona, Valencia y Lisboa, siendo Madrid la ciudad en la que se registró la mayor participación.Silvia, que se ha desplazado desde Guadalajara para participar en el encuentro literario, fue una de las asistentes a la cita en El Retiro. Conoció The Offline Club a través de una amiga valenciana. Para ella, este tipo de iniciativas ofrecen una manera distinta de relacionarse en un contexto en el que, según considera, muchas personas tienden a sentirse solas. «Mirar constantemente las pantallas nos hace sentir menos solos, pero yo lo que quiero son conexiones reales», explica. También reconoce que tendemos a refugiarnos en el teléfono para llenar el tiempo: «Recurrimos a los dispositivos móviles para no aburrirnos o no estar solos con nosotros mismos». Con Silvia coincide Ana, presente también en la cafetería. Para ella, el valor de estas iniciativas está en que proponen otra forma de socializar fuera de lo digital, y añade que este tipo de encuentros responden a una realidad social marcada por la falta de vínculos estables.Encuentro entre seguidores de The Offline Club el pasado 2 de mayo en El Retiro, inspirado en el apagón de 2025 Sofía Weissenborn RodríguezLoredo indica que durante los encuentros, cada uno ocupa el tiempo como quiere: leyendo, pintando, dibujando o simplemente descansando. «Hay gente que incluso viene los domingos a dormir», cuenta entre risas. «Y está todo bien. Quizás sean actividades que cada uno podría hacer en su casa, pero que pueden resultar más solitarias». Según explica, la ausencia de presión social es parte esencial de la experiencia. «Yo siempre digo que esto no es un 'networking'. Si hoy no te apetece hablar con nadie, puedes seguir con tu pasatiempo, leyendo o haciendo un puzle. Muchas personas más tímidas se quedan jugando mientras escuchan a los demás, sin sentir la presión de tener que conectar. Otras muchas ni siquiera hacen nada y sólo observan».Federica, otra de las asistentes, asegura que «Madrid puede sentirse una ciudad muy solitaria». Llegada desde Italia hace trece años, explica que carece de un círculo social amplio. «Por diversas circunstancias, no tengo muchos amigos. Se me hace muy complicado conocer gente, especialmente a mi edad (40 años). Me interesan los planes culturales y asistir a espacios donde se pueda charlar tranquilamente. He pasado bastante tiempo intentando encontrar eventos en Madrid a través de distintas plataformas. Y el concepto de The Offline Club es el que más interesante me parece. He asistido ya a unos siete u ocho eventos y siempre he salido muy contenta. Aunque no me haya llevado contactos a casa, las dos horas que paso aquí son muy gratificantes», apunta. El Museo Van Gogh cerró sus puertas una noche para acoger a 1.488 personas para contemplar el arte sin distraccionesLoredo señala que, poco a poco, van pensando en formatos más ambiciosos: «Soñamos con llevar una noche 'offline' a espacios como el Museo Reina Sofía, el Prado o el Thyssen, además de organizar eventos en el Círculo de Bellas Artes o en la Sala Equis». Y añade que se encuentran organizando una nueva cita en El Retiro a finales de mayo, «una sesión de lectura colectiva de una hora en la que cada persona llevará su propio libro».",
  "title": "Paseos en silencio con desconocidos o quedar a dormir: así es el club de las citas sin móvil"
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