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Daniel Waldenström: «No existe un derecho a vivir en el centro de una capital»

ABC - Últimas noticias de España y el mundo hoy [Unofficial] May 24, 2026
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Daniel Waldenström (Estocolmo, 1974) habla con la serenidad de quien sabe que está entrando en campo minado. Su tesis es incómoda para una época habituada a interpretar el capitalismo occidental como una máquina de producir desigualdad. En su libro -'Más ricos y más iguales' (Deusto, 2026)- sostiene exactamente lo contrario: somos más ricos y también más iguales que en la mayor parte de nuestra historia reciente. El economista sueco no niega la existencia de grandes fortunas ni el malestar de los jóvenes ante la vivienda, la precariedad o las pensiones. Pero cree que el debate público se ha quedado atrapado en una imagen parcial: la del multimillonario tecnológico, el banquero o el heredero. Frente a eso, propone mirar el balance completo de las sociedades occidentales: casas en propiedad, fondos de pensiones, salarios más altos, educación masiva, sanidad, longevidad y capacidad de consumo. Para Waldenström, el gran relato económico del siglo XX es el ascenso de las clases medias.¿No teme que su libro quede como una provocación en una época dominada por el discurso de la desigualdad?No me da miedo, aunque soy consciente de que puede sonar provocador. Creo que la discusión sobre la desigualdad ha sido demasiado simplista.Noticia relacionada general No No ENTREVISTA Fernando Puell: «La guerra nunca es racional: empieza por ambición y termina por desbordarlo todo» John MüllerPero tremendamente popular.Sí, sobre todo entre quienes quieren crear tensión social y presentar la desigualdad como un gran motor ideológico. El problema es que los hechos no respaldan del todo esa visión. Si miramos históricamente, nuestras sociedades son hoy mucho más igualitarias que en la mayor parte de las épocas anteriores. Ser pobre a comienzos del siglo XX era algo durísimo. Hoy, una persona con ingresos bajos en España o en Suecia vive en una casa con calefacción, tiene agua corriente, sus hijos van a la escuela, puede coger el autobús, acudir al médico o recibir una prótesis de cadera. No digo que todo sea perfecto. Digo que esa igualación material es fundamental. La riqueza de nuestras sociedades se ha extendido mucho más entre la población.Usted discrepa de Thomas Piketty. ¿Dónde cree que acierta y dónde se equivoca?Thomas Piketty es amigo mío desde hace muchos años. Ha hecho contribuciones muy importantes, ha reunido datos excelentes y nos ha ayudado a entender mejor la desigualdad y su evolución. Debemos estar agradecidos por eso. Pero creo que su interpretación no ha sido completa. Ha enfatizado que somos más desiguales, cuando los datos de riqueza no cuentan exactamente esa historia. Hay personas que se han hecho muy ricas, pero eso no significa que la sociedad en conjunto sea más desigual que hace cien años. El error está en pensar que la igualdad se consigue expropiando la riqueza vía impuestos. Yo no lo veo así. La igualdad se creó incorporando a la gente corriente a la propiedad, a mayores ingresos, a la educación y a los beneficios de la revolución industrial y del crecimiento.Entonces, ¿el gran avance del siglo XX no ha sido poner impuestos a la riqueza, sino el ascenso de la clase media?Exactamente. Si tengo que elegir, diría sin duda que la gran historia ha sido el ascenso de la clase media. La mayoría de la gente en nuestros países vive una vida de clase media.Si la vivienda y las pensiones explican buena parte de esa igualación, ¿qué ocurre con los jóvenes que hoy no pueden comprar una casa?Es una buena pregunta y tiene muchas respuestas. Primero, creo que muchos jóvenes todavía pueden comprar una vivienda. Lo que quizá no pueden comprar es un piso en el centro donde los precios han subido mucho. Las ciudades se han vuelto muy atractivas. Ahí están las profesiones más interesantes, las redes, las oportunidades. Pero no podemos construir mucho más en los centros urbanos, así que los precios suben. No existe un derecho a vivir en el centro de la capital.En España, según el Banco de España, la propiedad ha caído entre los jóvenes respecto a generaciones anteriores.Puede estar cambiando, sí. Pero el jurado aún está deliberando. Parte de ese retraso puede deberse a la urbanización y al encarecimiento de las mejores zonas. Otra parte es que muchos jóvenes viven muy bien en casa de sus padres. La clave es que los jóvenes tengan ingresos. Con empleo, buena educación y un mercado bancario funcional, muchos podrán acceder a una vivienda, aunque quizá no inmediatamente en el centro de Madrid o Barcelona.¿Cuál sería el mejor ejemplo occidental de democratización de la riqueza?Muchos países europeos son candidatos. Alemania, España, Suecia, Reino Unido o Francia han pasado de sociedades donde la riqueza estaba en manos de una pequeña élite a una donde la mayor parte de la riqueza está en vivienda, pensiones y fondos.Capitalismo occidental «Los hechos no respaldan del todo la idea de que el capitalismo solo produzca concentración de riqueza»¿Y el contraejemplo?El contraejemplo quizá sea Alemania en vivienda. Muchos alemanes alquilan y no son propietarios. Eso les ha hecho perder parte de la creación de riqueza vinculada a la vivienda. Alemania y Austria han seguido un modelo peor en ese sentido. En pensiones, España y Alemania también tienen problemas. Con una población envejecida y menos jóvenes, los sistemas de reparto sufren. Necesitan más ahorro financiero, más fondos y más capital acumulado para equilibrar el reto demográfico.¿España sigue siendo un modelo igualador o se está agotando?España tiene una elevada tasa de propiedad de vivienda, y eso ha sido igualador. Pero no puede repetir eternamente el mismo salto histórico. Ya estamos en niveles relativamente bajos de desigualdad patrimonial comparados con el pasado. El reto ahora es crear empleo, aumentar productividad y lograr que los jóvenes tengan ingresos suficientes. En pensiones, España debería avanzar hacia un sistema que permita a los ciudadanos participar más de la creación de riqueza en los mercados financieros.Ascenso social «La igualdad no se creó derribando a los ricos, sino incorporando a la gente corriente a la propiedad y la educación»Usted defiende gravar las ganancias de capital, no la riqueza. ¿Qué responde a quienes dicen que sin impuesto sobre el patrimonio los multimillonarios siempre irán por delante?Que no hay que dejarse engañar por el nombre. Un impuesto sobre el patrimonio suena como si fuera un impuesto eficaz sobre la riqueza, pero normalmente no funciona. No funciona por razones técnicas y políticas. Técnicamente es muy difícil valorar ciertos activos. ¿Cuánto vale una empresa familiar rural que fabrica componentes, tiene 300 empleados, vende mucho, pero gana poco? ¿Cuánto vale una 'start-up' que aún no tiene beneficios pero tiene mucho potencial? Incluso una vivienda es difícil de valorar con precisión. Además está el problema de la liquidez. Puedes tener un activo valioso, pero no dinero líquido para pagar el impuesto. Por eso estos impuestos terminan llenos de excepciones, deducciones y agujeros. Se convierten en un queso suizo.¿Y el impuesto de sucesiones? ¿Sirve para garantizar igualdad de oportunidades?Es una herramienta sobrevalorada. La edad mediana de quienes heredan está en torno a los 55 años. A esa edad ya has tomado casi todas tus grandes decisiones vitales: educación, carrera, familia, trabajo. La igualdad de oportunidades debe construirse antes. En la escuela, en la educación, en la posibilidad de desarrollar una vida propia. Ahí es donde debemos concentrar los esfuerzos.El economista sueco, en el Centro de Estudios, Formación y Análisis Social del CEU-Cefas, en Madrid. Isabel Permuy¿Cuál sería su diseño fiscal ideal para compatibilizar inversión, crecimiento y redistribución?Suecia ha avanzado bastante en esa dirección, aunque no es perfecta. Creo en tipos impositivos relativamente planos, con cierta progresividad, pero sin tipos marginales punitivos. Queremos que la gente trabaje, emprenda, progrese en su carrera, dirija mejor sus organizaciones. Si las tasas marginales son demasiado altas, muchas personas dejan de esforzarse más porque no les compensa. La progresividad puede venir por el lado del gasto: transferencias a hogares de bajos ingresos, ayudas en caso de desempleo o enfermedad, educación de calidad y sanidad accesible. Me gusta la progresividad, pero en Europa, donde los impuestos ya son altos , no conviene que el sistema sea demasiado punitivo.Fiscalidad y crecimiento «El impuesto sobre el patrimonio no funciona: termina lleno de agujeros y no recauda de verdad de quienes pretende gravar»¿La inteligencia artificial es capital o trabajo? Hay economistas que dicen que es capital.No estoy de acuerdo. La inteligencia artificial también es trabajo. Usted y yo usamos IA en nuestro trabajo. Puede ayudarle a traducir, resumir, escribir más artículos o ser más productivo. Eso eleva el trabajo. Por supuesto, también hay capital: máquinas, servidores, robots. Pero cuanto más abundantes son las máquinas, más baratas se vuelven. Y siempre habrá tareas en las que los humanos sigan siendo necesarios. No debemos mirar empresas como Google, OpenAI o Nvidia solo con sospecha. Han creado productos que la gente quiere usar. OpenAI prácticamente no existía hace diez años y de pronto ha creado valor porque ofrece algo que las personas demandan voluntariamente.Hay miedo a que la IA destruya empleos, degrade la educación o permita hacer trampas.El miedo al cambio tecnológico es muy antiguo. Los luditas ya temían que las máquinas destruyeran el trabajo. En los siglos XVIII, XIX y XX encontramos las mismas frases sobre cómo las máquinas iban a dejar a los trabajadores sin utilidad. ¿Desaparecerán algunos empleos? Sí, como siempre. Pero aparecerán otros. No creo que estemos ante el fin del trabajo. La automatización y los robots existen desde hace décadas y el desempleo no ha explotado. En educación habrá que adaptarse. Quizá volvamos a exámenes escritos a mano u orales. Tal vez haya menos estudiantes universitarios, pero con más calidad. No tenemos todas las respuestas, pero no soy pesimista.Si la riqueza está más distribuida que hace un siglo, ¿por qué tanta gente siente que vive en una sociedad más desigual?Es una pregunta difícil. La desigualdad tiene muchas capas. La gente no suele comparar su salud, su esperanza de vida, su educación o su bienestar material con los de generaciones pasadas. Se compara con Cristiano Ronaldo, Kim Kardashian o los grandes financieros que ve en los medios y en redes sociales. Con Cristiano Ronaldo lo aceptamos porque marca goles. Pero con la gente de las finanzas no entendemos qué hacen y nos molesta que sean ricos. Ahí aparece la envidia. Cuando miramos los datos, la mayoría de la población está relativamente bien. Las élites extremadamente ricas son muy pocas. Pero al ocupar tanto espacio simbólico, distorsionan la percepción.Inteligencia artificial «La inteligencia artificial también es trabajo: puede hacer más productivos a periodistas, médicos, profesores y trabajadores de todo tipo»Suecia fue durante décadas la patria de la socialdemocracia. Ahora algunos la presentan como el nuevo capitalismo. ¿Qué ha pasado?Creo que se exagera. Suecia sigue teniendo algunos de los impuestos más altos del mundo, mucha regulación y monopolios públicos. No ha habido una conversión total. Lo que sí ha habido es pragmatismo. Aprendimos que las finanzas públicas deben estar ordenadas. Desde mediados de los 90 tenemos reglas fiscales estrictas. Ningún gobierno debería poder acumular déficits sin control. España, Francia o Alemania deberían prestar atención a eso. También aprendimos que algunos impuestos no funcionan. El impuesto de sucesiones y el de patrimonio no recaudaban bien ni alcanzaban a quienes supuestamente debían alcanzar. Los eliminamos o reformamos. Además hicimos reformas inteligentes en la fiscalidad del capital. Si inviertes desde tu empresa en una 'start-up' y obtienes beneficios, puedes mantener el dinero dentro de la empresa sin tributar inmediatamente. Eso impulsó la inversión, los 'business angels' y el capital riesgo en Suecia. No es que Suecia haya dejado de ser Suecia. Sigue siendo un país muy regulado y con alta presión fiscal. Pero ha aprendido a tributar mejor.

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