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"textContent": "El día en el que se cayó un trozo de la vasija del reactor de la central nuclear de Zorita no fue agradable para Manuel Ondaro. Era director técnico del desmantelamiento cuando, en el delicado proceso de retirada del recubrimiento de 125 toneladas que protege el núcleo, una pinza no agarró bien una de las piezas cortadas. «Y bluuuff… abrió un boquete en el fondo del foso de combustible gastado», cuenta Ondaro. No se le olvida que era víspera del puente de Todos los Santos, ni que hubo que movilizar a un equipo para arreglarlo cuanto antes. No hubo riesgo radiológico, dice. Era una contingencia improbable, pero prevista: todo ocurrió bajo el agua, que frena la radiactividad, y existía un sistema para recoger el líquido filtrado por la grieta y hacerlo recircular. «Al final se metió un buzo, puso una resina y se acabó el asunto. Pero claro, esa tensión del 29 de octubre…». Ondaro ha estado en todos los desmantelamientos de centrales nucleares hechos en España. Primero estuvo en Vandellós I (Tarragona), luego en Zorita (oficialmente José Cabrera, en Guadalajara), y hoy dirige la disolución de Santa María de Garoña (Burgos). Ondaro forma parte de Enresa, la empresa pública que gestiona el fin de las centrales y los residuos radiactivos. Funcionan como un servicio externo: llegan a la planta nuclear involucrada y hacen una 'limpieza' tan completa que desaparecen hasta los cimientos. Solo después, cuando no queda nada de la instalación, devuelven el terreno a sus propietarios para que den a la parcela el uso que consideren. Noticia relacionada visual No No El péndulo energético se desplaza Texto: Raúl Masa Fotos: Álvaro Ybarra ZavalaNo es un trabajo para todo el mundo. «Tienes que estar preparado para saber reaccionar. Tener un plan A, B y C. Si no te sale el plan A, pues el B y el C. Anticiparte, ver más allá de lo que es mañana, la próxima semana, siguiente mes. Ver el año que viene más o menos. Como no te anticipes, te pilla el toro», dice Ondaro. Es la premisa bajo la que funciona todo el equipo de 'desmanteladores' de Enresa, formado actualmente por 29 personas especializadas en eliminar centrales. Aquí prima la actitud: es gente resolutiva, creativa y dispuesta a trasladarse de un punto a otro del país. Hay quien lleva ya once mudanzas, pero el trabajo lo vale. «Nos enganchamos», resume Ondaro.Óscar González Corral, director técnico del desmantelamiento de Garoña Isabel PermuySuperada la barrera de los 60 años, Ondaro mantiene el nervio. Activo y campechano, el ingeniero de minas madrileño todavía recuerda el día que entró en Vandellós I, en el edificio del reactor, sabiendo que eso tenía que desaparecer. Entre aquella maraña de tuberías, de equipos, con todo copado, pensó: «Madre mía y esto lo tenemos que desmantelar». Pero el reto le atrajo. Si no hay tensión, le falta algo.Estar alertaLe acompaña Óscar González Corral, 64 años, número dos del desmantelamiento de Garoña. Ha compartido con Ondaro el paso por las tres centrales. Empezó con 18 años «fregando y limpiando» en Garoña. Biólogo de carrera y aparentando 20 años menos, forma parte de toda una saga familiar nuclear. Su padre trabajó toda la vida en Garoña, uno de sus hermanos es 'rondista' en planta y el otro informático en la central burgalesa. Hoy su día a día le lleva a lidiar con mucho papeleo, mucha reunión. «Lo más chulo es desmantelar», añora el director técnico.Hay pocos físicos de carrera involucrados en el proceso y los que sí lo son, como Esther García Tapia, responsable de Ingeniería, llegaron al mundo nuclear por casualidad. «Un desmantelamiento nuclear es una cosa divertida», asegura ahora. Los días nunca son iguales. «No puedes despistarte, tienes que estar siempre alerta», dice. ¿Se han quedado sin dormir alguna vez por trabajo? Depende del caracter. Ondaro asegura que no. González Corral más de una vez. García Tapia, también.Esther García Tapia, jefa de Ingeniería en el desmantelamiento de Garoña José Ramón Ladra«A desmantelar no te enseña nadie», reconoce García Tapia. «La manera que tienes de aprender es hablando con las personas que ya lo han hecho y aprendiendo de las experiencias que se han tenido». Por eso le gusta compartir sus vivencias. Quiere que el grupo de Almaraz tenga superados los retos a los que ella se ha enfrentado. «Ten tus propios dolores de cabeza», les desea. La jefa de Ingeniería trabaja desde Madrid y visita una vez a la semana Garoña. Su labor es tener alternativas «para casi todo».Diseños poco amigablesNingún desmantelamiento es igual. Cada central tiene su tecnología, su estructura, sus problemas. Se empezó a desmantelar Vandellós I, de grafito gas, cuando en Francia no habían desmantelado ninguna de sus centrales de esta tipología, pese a ser pioneros. Para eliminar Zorita, con reactor de agua ligera a presión al igual que Almaraz, el equipo importó tecnología de Suecia para hacer un corte mecánico bajo agua de la vasija. Ahora Garoña es la primera con un reactor de agua en ebullición, categoría a la que también pertenece Cofrentes. España se ha convertido en uno de los países con más experiencia en desmantelamiento, pero las centrales de primera generación, las más antiguas, no se construyeron pensando en el desmantelamiento. La idea era salvaguardar la seguridad mientras estaban en operación y por eso «no son muy amigables», dice González Corral. No debería quedar nada de Garoña para 2033. Aunque «los retrasos pueden ocurrir», reconoce Ondaro. Este año estaba previsto el fin de los trabajos de la primera fase, que incluye el desmontaje del edificio de turbina y el vaciado del combustible gastado que se encuentra en la piscina de la central nuclear. Sin embargo, la operación del edificio turbina no empezará hasta finales de este año o incluso principios del que viene. No es un proceso fácil: incluye la retirada de un rotor de 140 toneladas y un estator de 270. Para terminar de complicar la operación, los generadores tienen amianto. La solución será montar una grúa especial dentro del edificio para sacar el generador de una pieza. «Es un reto, no se ha hecho en España antes», explica García Tapia. El combustible gastado, sin embargo, se está sacando a buen ritmo de la piscina. «Vamos a saco, un contenedor detrás de otro», dice González Corral. Quedan más de mil barras en la piscina de contención de las 2.500 que había inicialmente. Se están enviado en contenedores blindados al Almacén Temporal Individualizado (ATI) aledaño a la central. Hoy se cuentan 17 tanques en el exterior. Cuando acabe el desmantelamiento habrá 49. Aquí permanecerán, constantemente vigilados y precintados, hasta que España tenga un cementerio nuclear definitivo bajo tierra al que mandarlos. Será, previsiblemente, 2070. Lectura del sensor de radiación en el acceso a la central. Sala de control, con muchos de los paneles ya tapiados. Contenedores con combustible gastado en el ATI Isabel PermuyLa segunda fase del desmantelamiento de Garoña será la que haga desaparecer las estructuras de carácter radiológico. El edificio del reactor ha añadido un quebradero de cabeza especial para el equipo: tiene cuatro alturas hacia arriba, dos hacia abajo, mucha escalera y una movilidad complicada para plantear el desalojo de los componentes. También es el momento clave para Marta Gómez de Gracia, la jefa de Protección Radiológica, ya que incluye el desmantelamiento del reactor y su estructura soporte. Es la infraestructura que tiene más radiación impactada y puede contener dispersos en el circuito pequeños desprendimientos de fragmentos de combustible, por lo que aumenta el riesgo de radiación. Pero «pesadilla ninguna, para eso están dispuestos todos los sistemas de vigilancia, para identificar todo el abanico de radiaciones que propicia el contenido del reactor», responde la ingeniera química, que lleva a sus espaldas experiencia sobrada con el trabajo en las tres centrales previas. A pesar de todos los años de trabajo, no se le pierde el respeto a la radiactividad. «Sabemos bien lo que es el riesgo radiológico», dice Ondaro. «Nos sentimos seguros», insiste González Corral. Sin embargo, ha habido trabajadores que no han querido entrar en la zona controlada o que, de hacerlo, lo pasan mal. «El miedo es libre», concluye el director del desmantelamiento. «Tienes que estar preparado para saber reaccionar. Tener un plan A, B y C» Manuel Ondaro A día de hoy persisten muchos mitos y más de una vez, al reunirse con contratistas, González Corral recurre a un ejemplo. Pregunta quién se ha hecho un TAC. «Pues en 35 segundos has recibido más dosis que yo en 40 años. Y no estoy preocupado», les cuenta. Ondaro ni siquiera sabe exactamente la dosis que acumula a lo largo de su trayectoria. Solo sabe que está dentro de los umbrales seguros. Piensa más en el riesgo de que haya un accidente laboral; un desmantelamiento no deja de ser una obra con trabajos muy duros, muy comprometidos y a veces con técnicas muy brutas. «¿Lo que de verdad te asusta? Pues te asusta que unos tíos estén trabajando con todas las protecciones, estén cortando con plasma unos bastidores de combustible, ran-ran, ran-ran, no tengan cuidado con uno y a uno de los que están trabajando se le caigan dos chapones en la pierna y se la rebanen. Se la rompieron. Lo que te preocupa es que se te mate un tío», zanja el director técnico. En busca de relevoEl grupo de 'desmanteladores' ha ido creciendo de los 6 técnicos de Vandellós I; los 15 de José Cabrera a los 29 actuales que trabajan en Garoña. Tienen de media 52-53 años. Llevan la jefatura de cada uno de los servicios, pero a su cargo queda un número importante de trabajadores de la central y las subcontratas para la demolición y demás procesos. Hoy en Garoña trabajan más de 300 personas. El personal destinado a esta tarea tendrá que seguir creciendo: hay centrales, como Almaraz (Cáceres), que constan de dos reactores y que obligarán a destinar el doble de recursos humanos. A eso se añade que el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), tal y como está aprobado, plantea un calendario muy ajustado de desmantelamientos que, incluso sin retrasos, obligará a ampliar la plantilla de Enresa. Almaraz I empezará en 2027, Almaraz II en 2028, Ascó I y Cofrentes en 2030, Ascó II en 2032 y Vandellós II y Trillo en 2035. «Hay un tomate bastante importante», reconoce Ondaro. MÁS INFORMACIÓN noticia Si La Eurocámara pide al Gobierno que reconsidere el cierre de Almaraz y alargue su vida útil noticia Si El colapso energético que cambió el paso verde del Gobierno noticia Si La UE insiste en fomentar la combinación de nucleares y renovables para superar la crisis de OrmuzEnresa asegura que ya trabaja con la idea de formar a nuevos desmanteladores en Garoña que luego se envíen a trabajar a Almaraz y al resto de centrales. Ondaro, González Corral, García Tapia y Gómez de Gracia prevén jubilarse en la instalación burgalesa. Será la despedida del equipo que hoy ostenta la mayor parte de la experiencia de desmantelamientos nucleares en España. Una nueva generación deberá tomar el relevo. «Hay cantera», asegura la jefa de Ingeniería.",
"title": "El equipo de élite detrás del apagón nuclear: «Vamos a saco, con un contenedor de uranio detrás de otro»"
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