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Scariolo contra Pedro Martínez 36 años después: «Fueron dos partidos muy duros»

ABC - Últimas noticias de España y el mundo hoy [Unofficial] May 22, 2026
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Da la sensación de que Sergio Scariolo (Brescia, 1961) nació viejo deportivamente hablando. No tenía ni siquiera treinta años cuando, en su primera andadura con el Scavolini de Pesaro (28 primaveras), dio un mordisco tan grande a la historia que prácticamente colapsó el tiempo. Luego vendrían sistemáticamente más gestas, aunque ninguna con la envergadura -por formas y contexto- de esos dos cursos bravos asomado al Adriático. Llegó en 1989 para sustituir a Valerio Bianchini, y cuando el gallo cantaba ya había logrado un campeonato de liga y perdido una final de Korac frente al Joventut de Pedro Martínez (Barcelona, 1961), quienes vuelven a verse las caras en Europa 36 años después en un atractivo Real Madrid-Valencia, esta vez en las semifinales de la Euroliga . El mundo ha cambiado para seguir siendo igual. Lo curioso es que ese fue solo el primer peldaño de la proeza que estaba por conseguir el hoy técnico madridista. Todo condensado en poco tiempo, apenas dos temporadas sobresalientes en un club que coqueteaba con las mieles supremas del baloncesto. Un par de capítulos de oro guardados en un cofre minuto, catalizador de su nada prosaica carrera. A veces engalanada con derrotas legendarias que terminaron por convalidarse como victorias eternas. Noticia relacionada general No No BALONCESTO El Madrid, con 433 centímetros de desventaja en Atenas Pablo Lodeiro«Imposible olvidar todo. Con Sergio logramos cosas insólitas. La 'final four' de la vieja Copa de Europa, primera en la historia del Scavolini. En París, donde perdimos en semifinales contra la Jugoplastika (93-87). Fue el punto más alto de esta entidad. La cima inexplorada. Ellos tenían a Kukoc, Savic, Perasovic, Tabak... Partido muy equilibrado hasta el final. Nos ganaron, y al Barça en la final. Fue la tercera consecutiva para un bloque demoledor», recuerda Walter Magnifico , emblema, alma, símbolo y capitán de esa Scavolini, hoy su embajador mundial. Un héroe de culto, sin duda. Bajo la pintura, o en la posición de ala-pívot, se erigió como uno de los mejores jugadores italianos del siglo XX: «Contra New York Knicks, en Barcelona, perdimos en la prórroga. De hecho, íbamos a ganar el partido si no la hubiera forzado al final una canasta de Gerald, hermano de Dominique Wilkins . 115-119… La prensa no les había perdonado. También estaba Patrick Ewing», subraya. «Habría sido la primera victoria de un club europeo ante una franquicia americana. No habríamos entrado en el Guiness, pero sí habría sido significativo», destaca. La camiseta de la PenyaHasta que llegó Sergio Scariolo, el Scavolini solo había logrado un campeonato: 1988. «Ya en los ochenta nos fuimos compactando con fichajes clínicos. Luego, con la calidad de los americanos alcanzamos cotas mayores. Grandes tiradores, excelente manejo de balón… Sergio -además de ser responsable de la cantera- ya era segundo. El presidente, como capitán que era yo, me pidió opinión de Scariolo. Si había que confirmarlo como primer técnico cuando Valerio se marchó a la capital. No lo dudamos», asevera. Cuando habla de Scariolo, destaca su liderazgo técnico, capacidad comunicativa y unas infinitas dotes para controlar todo. «En 1990, logramos el segundo 'scudetto'. Ojo, porque él ya era entrenador incluso cuando ejercía de ayudante, de asistente. Tenía mi misma edad, pero… Qué decir, era un predestinado. Estuvo dos años aquí, después se marchó a Bolonia. Para nosotros, que fuera joven no era un problema. No nos dábamos cuenta. Determinación, personalidad, un guía total y absoluto. Un 'coach' único, sin duda, un motivador, un tipo muy maduro, alguien que adelantó los tiempos». Lo cree así Walter Magnifico, quien admite una cierta predilección blanca este viernes por su colega. No olvida tampoco ese histórico enfrentamiento Scariolo-Martínez, genios acervos que dirimieron sus armas y sus pizarras en la Korac del 90. Fue la matriz de todo. «Tengo la camiseta del Joventut en casa. Estaban los hermanos Jofresa, Villacampa… Fueron dos partidos duros. Ida y vuelta. Teníamos poca experiencia a nivel europeo. Un par de finales de Recopa perdidas. La primera contra el Barça, con Epi y media selección… Después, contra la Cibona de los hermanos Petrovic … En 1983, logramos una en Palma de Mallorca contra el Villeurbanne. Sí, pero ellos tenían más solera», rememora. Lo tiene todo grabado a fuego. «El primer partido lo perdimos en casa por uno. Luego, en Badalona, nos ganaron por diez. Tuvimos opciones, pero no pudo ser. En general, Sergio pilotó una escuadra bien amalgamada, y su inteligencia fue no alterar las jerarquías, los mecanismos. Estábamos muy rodados. Él dio su identidad, que no es poco», aclara Walter Magnifico, a quien Scariolo mejoró aún más. Y añade: «Tenía 29 años. Momento clave de mi carrera. Quería aprender más y más. Era un cuatro, y se comenzaba a jugar mucho fuera, a abrir el campo. En mi caso, circundaba por la pintura, pero también salía a la línea de tres, al perímetro. Aumentamos así la peligrosidad, las armas… Creando, sí, espacio para los pequeños que penetraban a canasta desde atrás. A mi bagaje, le añadí otras armas, otras posibilidades. Mejoré más aún ofensivamente», aclara. Se retiró a los cuarenta años, regalando -incluso hoy- un reconocimiento a quienes le formaron desde el banquillo. Las manos que moldearon la cerámica más preciada. «Alberto Bucci, Bianchini, Giancarlo Sacco, Sergio Scariolo… He tenido a los mejores. Grandísimos motivadores. Me han hecho muy completo técnica y psicológicamente. Imposible sin ellos».

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