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Abstemios para la foto

ABC - Últimas noticias de España y el mundo hoy [Unofficial] May 17, 2026
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Un estudio de estadística va avalando por ahí que las mocedades beben poco alcohol. José Peláez, mi socio de domingo, sostiene que las chavalerías le dan poco al frasco crudo porque quieren salir siempre pulcros y sobrios en las fotos, dejando así una hemeroteca de austeridad bien peinada. Suscribo lo de Peláez. Instagram quizá le acabe ganando el sitio al botellón. Lo que sí se ve ya clarísimo es que vamos teniendo dos vidas, la virtual y la verdadera, y por este orden. El mundo tiene que parecerse al mundo digital, con nosotros incluidos, abstemios perdidos. Antes se salía a vivir, con sus traspiés de excesos, y uno regresaba con recuerdos equívocos, y quizás una resaca que es también moraleja. Ahora se sale para hacerse el retrato, y dejar museo de uno mismo. De modo que la noche ya no es una aventura sino un escaparatismo. Los chavales se abstienen del cubata no por prudencia, virtud o sensatez, sino para no salir desviados en las fotos, que es la nueva escuela de penitencia social. Un mundo de criterio cabal dictaría que la fotografía recoja la vida según sucede, con sus despeinados, sus ojeras y sus entusiasmos tambaleantes. Pero no. La vida tiene que plegarse a la fotografía, porque la existencia sólo gana validez si cabe en un encuadre. No voy a defender la borrachera como patrimonio cultural, ni el whiskola como liturgia de iniciación. Bastantes tontunas ha provocado siempre el alcohol como para convertirlo ahora en causa romántica de domingo. Pero sí impresiona que el rechazo de ciertos hábitos no venga ya del pensamiento propio, ni de la educación, ni siquiera del instinto de salud, sino de la tiranía estética de una vida exhibida. Los jóvenes no conocerán el whisky, porque le conviene hidratarse la reputación con una botella de agua mineral. Opositan a estatua, estas chavalerías. La discoteca es un gimnasio y el alterne un 'flash'. Se descarta una noche por una espinilla súbita, se suspende una cita por un mal peinado, y hasta la espontaneidad comparece con cita previa. No manda ya la moral, sino el filtro. Más criterio y menos escaparate debiera ser afán de vida. Pero no. El selfi irá antes que la bodega.

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