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La escritora que ha causado un terremoto editorial en Francia: «La libertad de expresión está siendo atacada»

ABC - Últimas noticias de España y el mundo hoy [Unofficial] May 17, 2026
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Cuando la editorial Grasset despidió a su director, Olivier Nora, después de 26 años, los autores del sello miraron más arriba. Sabían que Vicent Bolloré, el magnate dueño Hachette Livre, el grupo al que pertenece Grasset, estaba detrás de la decisión. Lo que sucedió después fue insólito: más de un centenar de escritores, entre los que figuran Virginie Despentes, Frédéric Beigbeder, Bernard-Henri Levy o Vanessa Springora, anunciaron que dejaban la casa, en una crisis editorial sin precedentes. En un comunicado, los autores denunciaron la actitud de Bolloré, que ya había convertido Fayard (otro sello de Hachette Livre) en una editorial muy afín a la derecha y a la extrema derecha francesa, publicando a figuras como Jordan Bardella, Éric Zemmour, Nicolas Sarkozy o Robert Sarah. «Una vez más, Vincent Bolloré dice (...): 'Estoy en mi casa y hago lo que quiero', despreciando a quienes publican, a quienes acompañan, editan, corrigen, fabrican, difunden y distribuyen nuestros libros. Y despreciando también a quienes nos leen (...) No queremos que nuestras ideas, nuestro trabajo, sean de su propiedad. Hoy tenemos algo en común: nos negamos a ser rehenes de una guerra ideológica que pretende imponer el autoritarismo en toda la cultura y los medios. Somos plenamente solidarios con los equipos, las autoras y los autores que aún no pueden pronunciarse», decía el texto.Colombe Schneck (París, 1966) fue una de las impulsoras del movimiento anti-Bolloré, que ahora busca convertirse en una plataforma para proteger los derechos de los autores frente a las editoriales. Son casi trescientos escritores unidos. —¿Cómo empezó todo?—Cuando me enteré del despido de Olivier Nora, pensé: tenemos que decir no. Fue todo muy rápido. En un solo día, con algunos amigos, creamos un grupo de WhatsApp de autores de Grasset. Empezamos siendo cinco, luego diez, luego cien. Y al final del día ya éramos doscientos. Nos reunimos y escribimos el comunicado. Éramos personas muy distintas, escritores que no estábamos de acuerdo entre nosotros en muchas cosas. Pero todos coincidimos en que no nos íbamos a ir y en que queríamos publicar nuestro próximo libro con Grasset. —¿Por qué?—En una editorial como Grasset hay escritores de todo el espectro político: no queremos que eso se acabe, que solo publique libros de un lado del espectro. Eso es lo que ocurrió con Fayard, otra editorial controlada por Bolloré. ¿Sabes? Los escritores solemos ser muy egocéntricos, egoístas, individualistas. Todos trabajamos por nuestra cuenta, somos personas muy solitarias. A veces nos reunimos, pero nunca actuamos juntos. Por primera vez hemos decidido actuar todos juntos. —Su movimiento ha ido más allá de la protesta por el control de Grasset.—Sí. Ahora estamos trabajando con abogados para ver cómo se pueden romper los contratos con la editorial. Como escritores, las editoriales nos tratan un poco como niños. Queremos mucho a nuestros editores, son nuestros compañeros. Normalmente tenemos con ellos una amistad larga, pero es una relación desigual, en la que el editor es el padre y el escritor queda un poco subordinado al papel de niño. Hacemos lo que nos dicen. Estamos trabajando con políticos porque queremos cambiar la ley para tener más control sobre nuestros contratos y sobre el dinero que recibimos de las editoriales. Todo empezó diciendo no a una especie de depredador político. Y ahora, por primera vez, nos estamos convirtiendo en adultos.—¿Lo que ha pasado en Grasset está sucediendo en otros medios?—Sí, por supuesto. De hecho, lo primero que compró Bolloré fue Canal+, que financiaba gran parte del cine francés… Bolloré ha convertido Europe, que era una radio generalista bastante liberal, en una emisora populista. Y el canal de noticias I-Télé lo ha transformado en CNews, una especie de Fox News pero en Francia. Con el semanario 'Le Journal du Dimanche' ha pasado algo similar. De hecho, nos han atacado desde esa publicación desde que empezamos el movimiento. Y de una manera muy violenta. —¿Esto un síntoma de algo más grande?—Sí, sin duda. La libertad de expresión está siendo atacada en todas partes. En Estados Unidos tenemos el movimiento MAGA, los ataques a las televisiones, a los políticos. Ahora esto sucede en Francia, pero es que lleva diez años pasando en Hungría, donde solo ha parado después de las últimas elecciones. Y ahí veo una luz: podemos decir no a esto, podemos pararlo. Pero en Francia tendremos elecciones el año que viene y hay una candidata de extrema derecha muy fuerte en las encuestas [Marine Le Pen, de Agrupación Nacional]. Y entendemos por qué. Bolloré, obviamente, apoya su candidatura. —Por cierto: ¿le preocupa que posicionarse tanto lastre su carrera?—Es una posibilidad, pero no pienso en eso. Tenemos este grupo de más de doscientos escritores. Estamos todos en el mismo barco, en la misma situación. Y tenemos esta especie de mandato de decir no a Bolloré, de decir no a este tipo de ideas populistas. Sí, quizá tenga consecuencias. Tengo un libro que acaba de salir en Francia, así que probablemente no sea una gran idea para mi carrera. Pero a veces no puedes pensar en eso.«La concentración de medios, editoriales y televisiones en unas pocas manos no es buena. Necesitamos más libertad, más competencia» Colombe Schneck—Imagino que los escritores jóvenes no tienen tanta facilidad para sumarse al movimiento: les hace falta más el dinero de los adelantos.—Para ellos es aún más difícil. Los escritores jóvenes en Francia son bastante pobres. No se gana mucho dinero escribiendo libros. Y Bolloré nos ataca diciendo que somos una pequeña casta de Saint-Germain-des-Prés, pero lo cierto es que el 90% de los escritores vive en la pobreza o en condiciones muy precarias. No pueden devolver el dinero que han recibido como adelanto cuando firman un contrato. Para la mayoría ya es difícil conseguir un contrato editorial. Y con todo están con nosotros, nos apoyan, lo cual es muy valiente. Porque muchos de ellos quizá no puedan encontrar otra editorial. O al menos no una editorial como Grasset.—En España y en otros países vemos una concentración similar del mercado editorial. ¿Cree que hace falta una ley para evitar la concentración mediática?—Creo que deberíamos trabajar en ello. La concentración de medios, editoriales y televisiones en unas pocas manos no es buena. Necesitamos más libertad, más competencia. —¿Y cuáles son los próximos pasos del movimiento?—El siguiente paso es seguir trabajando en nuestro proyecto para redefinir qué significa ser escritor, queremos cambiar una ley que tiene setenta años. Queremos conseguir una mejor remuneración para los autores, y tener relación más igualitaria con las editoriales. Hay mucho por hacer. Y además, claro, está la cuestión del pluralismo de ideas. Creo que esa es la cuestión principal. No queremos que exista un solo tipo de pensamiento en Francia. Vivimos en un país donde hay mucho debate y mucha discusión, donde la gente nunca está de acuerdo entre sí. Y queremos seguir pudiendo discrepar unos de otros.

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