Ana de Rojas, hija del V conde de Montarco: «Fui muy amiga del jefe del KGB en España»
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May 16, 2026
Conocida como el verso suelto de su familia, Ana de Rojas es la única superviviente de los cinco hijos que Eduardo de Rojas Ordóñez, V conde de Montarco, tuvo con su primera esposa, María Pardo-Manuel de Villena (tres años después de que esta falleciera, el político falangista, ganadero y empresario agrícola se casó con la socialité Charo Palacios, madre de sus dos retoños menores). Ana pasó su infancia en el Palacio de Montarco, edificio de estilo renacentista ubicado en el término municipal de Ciudad Rodrigo y declarado Bien de Interés Cultural (BIC), que a los once años abandonaría para marcharse a estudiar primero de bachillerato a Madrid. En la capital española dirigió el periódico de política agraria fundado por su padre y se dedicó a crear celebraciones y eventos para empresas como El Corte Inglés. Siendo jefa de prensa de Visa España, a principios de los ochenta, conoció a Fernando San Agustín, un espía español del que llegó a ser ayudante . «Su empresa se ocupaba de la distribución de documentación sensible y de otros asuntos de seguridad. Tuve la ocasión de colaborar en unos cursos especialmente dedicados a personas y familias susceptibles de sufrir secuestros por su posición económica o política. Era un notable experto en ello y habrá por ahí algunos que se han salvado gracias a las técnicas de San Agustín», comenta la madrileña de 82 años, con la que ABC ha charlado en exclusiva.- Pocos saben que también fue amiga del jefe de la KGB en España.-De Igor Serguéievich Ivanov, sí. Lo conocí en la Delegación Comercial de la Unión Soviética en un chalet en el Viso en 1975, y nos hicimos amigos. Entonces, Franco estaba muriéndose y todavía no había caído el 'telón de acero'. A mí me fascinaba ese mundo y quise conocer Moscú, así que allí viajé en coche. Por supuesto no sabíamos la verdadera función de Igor, que era el responsable o jefe del KGB en España. Creo que su función prioritaria era hacer contactos, conocer personas importantes o influyentes de las que obtenía información, más de interés político que de otro tipo. Un día, en una cena con su mujer Katia, nos dijo que ella estaba haciendo un trabajo sobre agricultura en España. Me tragué el cebo y le dije entusiasmada que mi padre era una persona que podía aportarle mucha información. Cuando le dije a mi padre, combatiente de la División Azul en Smolensko, que quería presentarle a mi amigo soviético, no resistió la tentación y organizamos la cena.Noticia relacionada general No No Las joyas de María Ana de Austria se subastan Marina Ortiz Cortés- ¿También ellos se hicieron buenos amigos?-Sí. Tanto es así que vinieron con nosotros a Ciudad Rodrigo un fin de semana. Les encantó la ciudad, especialmente la finca y la ganadería. A partir de ese momento en las celebraciones de Navidad, cumpleaños u otras, allí estaban los Ivanov. Me dijo mi padre que un viejo amigo de Estado Mayor le preguntó un día «Eduardo, ¿qué hace tu hija cosida a pespunte con el jefe de la KGB?». Pensamos que para un militar todo ruso era de la KGB y nos reímos. Durante el viaje nos sentíamos protegidos, pensábamos que Igor estaba siguiendo nuestra aventura y nos sacaría si teníamos algún problema. A nuestro regreso seguimos viendo con cierta frecuencia a Igor y Katia hasta que salió un titular destacado en El País diciendo que se había «invitado a Igor Ivanov a irse de España» y se decía que era el jefe de la KGB. Luego perdimos el contacto personal, pero aún tengo un número de teléfono al que siempre contesta. Hablamos de la familia y nunca me da datos sobre su actividad actual, pero sé que me quiere mucho. Estoy convencida de que no ha abandonado la acción, y menos gobernando Putin, que siempre ha querido tener a su lado a aquellos que fueron camaradas suyos en la KGB. Igor Ivanov, su mujer Katia Ivanov y el padre de Ana de Rojas ABC-Siendo hija de condes, algunos pensarán que no ha tenido usted necesidad de dar palo al agua.-No tenía necesidad, pero sí tenía el ejemplo de mi padre, que fue una persona muy activa y trabajadora. -Sus padres llegaron a poseer una fortuna de valor incalculable. -Fueron dueños de medio barrio de Argüelles, también del Monte Igueldo en San Sebastián, la calle Santa Engracia lleva ese nombre por el palacete que se hicieron allí, eran accionistas de las cervezas San Miguel,... En realidad, la fortuna le vino a mi padre y a sus antepasados por un señor llamado Juan José Vicente, un chico de clase media de un pueblo de Burgos que consiguió reunir 99 fincas repartidas por la provincia de Salamanca y Zamora. -¿Y qué pasó con todo ese patrimonio familiar? -En seis generaciones, aquella fortuna desapareció. Quien heredó toda la fortuna de Juan José Vicente, que se casó dos veces y tuvo trece hijos (de los que solo sobrevivieron dos) fue una de sus hijas, mi bisabuela. Ella se casó con el conde de Montarco, a quien toda aquella fortuna le llegó por vía del matrimonio. Tuvieron juntos nueve hijos y a ninguno había por dónde cogerlo. Quitando a mi abuelo, que era un señor serio y buena persona, los demás estaban todos como putas cabras. Las mujeres, todas esquizofrénicas, se casaron con chulos que las saquearon.«Aún tengo un número de teléfono al que siempre contesta Igor. Estoy convencida de que no ha abandonado la acción, y menos gobernando Putin» -Siempre ha tenido fama de ir por libre y no se ha cortado un pelo a la hora de hablar sobre la segunda mujer de su padre o la hija de ambos, Alejandra de Rojas. -Mis hermanos y yo fuimos muy educados con Charo y la recibimos sin poner una sola pega. Aunque podíamos haberle dicho a mi padre 'Ok, Charo es encantadora, pero vamos a hacer cuentas. Lo de mi madre debe ser para nosotros y luego ya tú con ella haces lo que quieras'. Con Alejandra pasó lo mismo: sabíamos que no era hermana nuestra, pero por respeto a mi padre, que decidió darle sus apellidos y reconocerla, tampoco dijimos nada. Tuvimos una actitud muy educada pero muy estúpida. Y las consecuencias se pagan cuando uno no le echa narices a las situaciones en las que sí debería hacerlo.Ana de Rojas, el día de su boda con Luis Lazcano Conrado. ABC-Todo lo relativo al reparto de la herencia de su padre, fallecido en 2005, levantó ampollas.-Levantó ampollas porque no fue justo. Nosotros teníamos que haber percibido la herencia de mi madre, puesto que estaban casados en gananciales, pero mi padre sugirió la idea de meter en una sociedad esa fortuna de ella, que entonces era muy considerable. En ese momento pensamos que aquello era una buena idea, porque parecía que él era mejor administrador que nosotros. Lo que no se nos dijo es que aquella era una sociedad que no daba dividendos. Por eso nunca llegamos a percibir la herencia de mi madre. Sin embargo, lo de esa sociedad sí fue luego repartido a partes iguales entre todos, entre ocho en vez de cinco, cuando lo del testamento. Eso es lo que me indignó. Aunque la culpa fue nuestra, claro.«El reparto de la herencia de mi padre levantó ampollas porque no fue justo»-¿Le dolió que se vendiera el Palacio de Montarco?-A mí no. Las cosas materiales no me duelen nunca. ¡Por eso no tengo nada! El Palacio ya era inviable, algo que habíamos hablado mi padre y yo. A mis hermanos, sin embargo, sí les dolió muchísimo. Tanto es así, que cuando venían a verme a Guadapero, el pueblecito donde me hice mi casa, no bajaban nunca a Ciudad Rodrigo.-Ciudad Rodrigo se encuentra a veinte kilómetros del municipio salmantino donde se construyó un casoplón para vivir tranquila y rodeada de naturaleza. -Un amigo arquitecto me construyó un casoplón en un pueblo mínimo, Guadapero. En 2007 me hicieron alcaldesa, cargo del que dimití dos años después. Me fui de este pueblo porque un primo mío quiso comprarla y yo le dije 'te la vendo encantada, porque me sobra casa por todos lados'. Ahí me vine a Morasverdes, que es un pueblo algo más grande y que está a solo siete kilómetros. La casa parroquial se había quedado vacía y el Obispado me permitió alquilarla. Ahora tengo un terreno grandísimo con frutales, mis dos burritos, mis tres perros y mis seis gatos. Estoy absolutamente feliz rodeada de naturaleza.-¿Diría que ha sido afortunada en el amor? -En primer lugar, soy una persona asocial, no hay nada que me espante más que las sociedades y los festejos. En su día me casé enamorada de mi marido, Luis Lazcano, con quien tuve cuatro hijos. Después de veinte años juntos, nos divorciamos (ahora somos buenos y sinceros amigos y nuestros hijos son un nexo común muy importante) y la verdad es que ya no he necesitado pareja. No me he sentido nunca sola. De hecho, estoy encantada de estar sola.Alejandra Rojas y Charo Palacios Gtres«Con Charo Palacios y Alejandra de Rojas, mis hermanos y yo tuvimos una actitud muy educada pero muy estúpida»-En una ocasión comentó que le da pena que Montarco vaya a desaparecer de la tierra el día que se muera. -Soy la última De Rojas que hay viva. Lo que me parece ridículo, una memez más del feminismo fanático, es que no se haya entendido que lo bonito de un título nobiliario es esa línea de continuación por el apellido, De Rojas en nuestro caso. La cosa se jorobó cuando se estableció que si la mujer era mayor, sería ella quien heredaría el título. Cuando el título de Rojas Montarco pasó a mi hermana en vez de pasar a mi hermano mayor, aquello pasó a un Zuazo, que no tenía nada que ver con los Rojas. De hecho, el actual conde de Montarco es un sobrino mío que se llama Joaquín Zuazo. Él solo tiene una hija, así que cuando el título pase a esta, ahí se perderá completamente el linaje de Rojas-Montarco. A esto me refiero cuando digo que soy la última Montarco.
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