El puzle de las nuevas familias reconstituidas: una realidad cada vez más frecuente
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May 15, 2026
«El concepto legal de familia todavía no está plenamente alineado con la diversidad real de los hogares actuales». Así lo afirma, al menos, Ane Arieta, mediadora familiar y fundadora del método Step, especializada en la reorganización de familias tras el divorcio desde un enfoque sistémico y multidisciplinar. Desde su experiencia escuchando y mediando entre partes, esta profesional considera que es necesario reconocer que el Derecho reconoce adecuadamente los vínculos biológicos o adoptivos, pero también que sigue teniendo dificultades para integrar los nuevos vínculos convivenciales y afectivos que surgen en las familias reconstituidas . Esto provoca, advierte, «que existan familias que funcionan como una unidad en el día a día, pero que no tienen reconocimiento jurídico como tal».Según Arieta, esta falta de adaptación genera situaciones contradictorias que, en algunos casos, pueden derivar incluso en desprotección para los menores . De esta forma, recuerda que hay adultos que participan activamente en la crianza —preparando comidas, acompañando a los niños en su día a día, supervisando deberes o en los distintos cuidados— y que, sin embargo, no tienen acceso legal a información relevante para ejercer esas responsabilidades, como tratamientos médicos, cuidados postoperatorios o seguimientos académicos y nutricionales.Además, destaca esta experta que a nivel fiscal, «las familias reconstituidas no son reconocidas como una unidad familiar completa, lo que impide aplicar determinadas deducciones o tributar conjuntamente, aunque en la práctica funcionen como un único núcleo familiar». Sin embargo, cuando se trata de acceder a ayudas públicas, administraciones como la Seguridad Social o el Gobierno sí computan el conjunto de ingresos de todas las personas convivientes. «Se paga como si no se fuera una familia completa, pero a la hora de acceder a ayudas sí se considera que lo son», señala.Noticia relacionada No No El estigma de la madrastra: «Tienes que dar todo sin esperar nada porque no eres madre» Ana I. MartínezArieta también subraya que muchos trámites administrativos siguen diseñados bajo modelos familiares tradicionales. «Incluso en familias divorciadas, todavía se exige cierta coordinación o presencia conjunta en determinadas citas que no reflejan la realidad de la separación, obligando a gestionar reuniones con ambos progenitores e incluso con los hijos presentes. Esto puede generar tensiones innecesarias y afectar emocionalmente a los menores», advierte.En su opinión, aunque el derecho suele avanzar más lentamente que la realidad social, en este caso no se trata de un fenómeno nuevo . «Las familias divorciadas y reconstituidas llevan décadas formando parte de la sociedad», señala, por lo que considera que el problema «no es que estas hayan cambiado demasiado rápido, sino que el sistema lleva demasiado tiempo sin adaptarse».Los problemas se trasladan al colegio Los protocolos escolares, denuncia Arieta, siguen también diseñados para un modelo que ya no representa la realidad de muchas familias. «Los centros educativos operan con criterios poco homogéneos en cuestiones como la comunicación con progenitores, el acceso a información, las autorizaciones o la gestión de incidencias del colegio en el día a día». Según esta experta, incluso en situaciones ordinarias, se producen fricciones: «el plataformas escolares compartidas entre progenitores divorciados, determinadas comunicaciones que no llegan de forma simultánea o dinámicas que presuponen una colaboración entre los que un día fueron pareja que no siempre existe». Sin embargo, considera que «las mayores carencias aparecen en situaciones urgentes, como accidentes o emergencias médicas, donde no existe un protocolo estatal claro sobre a quién contactar primero cuando hay estructuras familiares complejas». Para esta mediadora, esta falta de claridad obliga a cada centro o docente a actuar según su propio criterio: «algunos priorizan al progenitor con el que el menor convive esa semana; otros llaman al primer contacto que tienen y, en ocasiones, persisten inercias culturales, como avisar antes a la madre», reconoce. A nivel emocional, Arieta advierte de que en estas circunstancias también se producen situaciones delicadas para los menores: «Tras accidentes leves, algunos niños son preguntados directamente sobre a quién avisar, sin que el adulto sea consciente de que esa pregunta puede situarlos en un conflicto de lealtades», señala. En los casos más graves, añade, «la ausencia de criterios claros puede provocar retrasos en la localización de ambos progenitores, dificultades en la toma de decisiones médicas o incluso que alguno de ellos no llegue a tiempo a momentos críticos». En el caso específico de las familias reconstituidas, Arieta considera que la complejidad aumenta porque las figuras convivenciales relevantes —como padrastros o madrastras— carecen de reconocimiento formal. «Esto les impide actuar como interlocutores válidos, firmar autorizaciones o gestionar aspectos cotidianos, aunque sean quienes están disponibles de manera inmediata y sostengan el cuidado diario del menor».Por último, considera que todavía sigue siendo necesario explicar qué es una familia reconstituida porque, aunque cada vez son más frecuentes, «aún no están plenamente integradas a nivel institucional, cultural y legal». En algunos casos, señala, siguen percibiendo como una amenaza al modelo de familia tradicional, cuando en realidad no se trata de sustituir un modelo por otro, sino de reconocer realidades que ya conviven.MÁS INFORMACIÓN noticia No Una abogada de Familia propone la herramienta (común en países anglosajones) que evita serios problemas en caso de divorcio noticia No «En un divorcio, muchos niños piensan erróneamente que si hubieran 'sido mejores' papá y mamá no pelearían» noticia Si Una nueva demencia escolar noticia Si MadrastraLas familias reconstituidas, concluye esta experta, «no son el problema, sino el lugar donde muchas dinámicas no resueltas se hacen más visibles. El reto ya no es explicarlas, sino dejar de tratarlas como algo que necesita justificación o que nace del fracaso o de la culpa. Cuando una realidad forma parte de la vida de tantas personas, no necesita ser defendida: necesita ser normalizada ».
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