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"textContent": "Se llamaba Cartero el encastado novillo de Montealto. Y frente a él se encontró a un bravo novillero, Álvaro Serrano, que escribió con pulso firme la carta de la proyección y la ilusión, la de quien quiere ser torero y posee condiciones extraordinarias para ello. Apunten su nombre, que este va a ser gente. Con lances rodilla en tierra había recibido al pariente de Correos, que humilló ya en la salida. Torerísimas las verónicas del quite y su manera de llevarlo al caballo -tremendo el derribo al picador-. No perdió su turno Bastos, por ceñidas gaoneras, replicadas por Serrano con delantales, soltando el capote a una mano en un remate que puso las gargantas en pie. Qué intensidad, con la emoción a flor de piel, en una misiva brindada a su abuelo, a los que todos querríamos eternos. Rectos los renglones del joven de Navas del Rey, pese a que la muleta parecía una servilleta, arrugada por el vendaval. Quien no se achicó nunca fue el madrileño, con compromiso y decisión, con muletazos soberbios aprovechando la nobleza del animal, que tenía su temperamento. Por uno y otro pitón apostó mientras arrastraba las telas, mientras redactaba una carta con sobrados argumentos para el triunfo. A una fueron el corazón y la tizona en la hora final, con un estoconazo que ya valía el premio. Cortó una oreja con fuerte petición de otra mientras arreciaba la lluvia: señor presidente, ¿qué más se necesita para arrancar las dos? Hubo capote, muleta y espada; hubo sentido de la lidia, sentimiento y sinceridad. taurina_0639No se le escapó la gloria en el sexto, en otra faena que iba camino de dos rotundas orejas. Solo la tardanza en doblar de Molinero y la puntilla dejaron la petición en una mientras se rondaba el tercer aviso. De par en par abriría la Puerta Grande después de su maciza obra, en la que demostró su capacidad para improvisar y resolver desde el recibo. Qué mente más despierta, que inteligencia para leer los códigos del novillo y de la capital. Se apellida Serrano, pero su tarde fue de pata negra. Ahí quedaron los ayudados por alto, los muletazos rodilla en tierra, la trinchera y el desdén de su variada apertura. Atrapó su desmayo en los derechazos, sentidos y aquilatados, aprovechando la clase del montealto, que también metió la cara en esa izquierda ligada, con naturales profundos. ¿Y cómo fue la trincherilla? ¡Torero, torero! De locura, como esa salida a hombros envuelta de juventud, con el gesto de sacar al anillo al ganadero Agustín Montes, que lidió una novillada de triunfo. Feria de San Isidro Monumental de las Ventas Martes, 12 de mayo de 2026. Cuarta de feria. 20.371 espectadores. Novillos de Montealto, bien presentados, encastados y de buen juego en general. Tomás Bastos, de gris perla y oro: estocada (silencio); tres pinchazos y estocada (silencio). Martín Morilla, de verde y oro: pinchazo y bajonazo (silencio); estocada atravesada (silencio). Álvaro Serrano, de marino y oro: gran estocada (oreja); estocada tendida y descabello (oreja tras dos avisos).A pie se marcharon Tomás Bastos y el debutante Martín Morilla mientras aupaban en volandas a Serrano. Sólo él y los suyos saben de su lucha física y moral hasta acariciar el cielo. Era hora de sonreír: sonreía el novillero, sonreía el abuelo... Sonreíamos todos. Qué bonito es creer en el toreo.",
"title": "Serrano rinde Madrid en una tarde de pata negra: ¡Puerta Grande!"
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