Sánchez manda «un fuerte abrazo» a la Guardia Civil tras ausentarse del funeral en Huelva
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May 10, 2026
Al son del 'Yo te quiero verde' de la versión de Lola Índigo hacían acto de presencia pasadas las once de la mañana en el pequeño Palacio de Congresos de La Línea el candidato socialista por Cádiz Juan Cornejo y la presidenciable para la Junta, la exministra de Hacienda María Jesús Montero, arropados ambos por el presidente del Gobierno Pedro Sánchez, que cerró el acto.Tras dar la bienvenida «a todos y a todas», Cornejo abrió el mitin con un minuto de silencio por la muerte de los dos guardia civiles en Huelva, motivo por el que se aplazó el acto aunque no para que su secretario general pudiera acudir al funeral de los mismos este pasado sábado. Sí estuvo Montero, que tomó la palabra tras el candidato gaditano que se le subió las barbas hace poco más de un mes a la hora de encaramarse al número uno de la lista por Cádiz por delante del propuesto por la exministra, López Gil, que acabó de 'tres'.No fue un inicio sencillo para la candidata socialista, que tuvo que pedir hasta en tres ocasiones a un obrero del metal que le dejara expresarse y dejara de interactuar con ella a gritos reivindicando la lucha obrera. Se enconó el asunto tanto que tuvo que salir al paso la clá del partido ahogando la protesta «del compañero del metal» con aplausos al son del consabido canto de «sanidad pública», el lema al que se agarra Montero para no sufrir un mayor descalabro del que le auguran las encuestas. «No son unas elecciones autonómicas más, son un referéndum por la sanidad pública», comenzó repitiendo la sevillana.Aprovechó el escenario, La Línea, para enarbolar la bandera del sanchismo con el derribo próximo de La Verja con Gibraltar, «una reivindicación histórica de España, de Andalucía, del Campo de Gibraltar y de La Línea para que más 15.500 trabajadores transfronterizos que no van a tener que seguir esperando cola, que entre ésta y la de las listas de espera se llevan todo el día esperando», engarzó la política andaluza con su acento, tan inconfundible y debatible.Porque, una tras otra, Montero no perdía el hilo con lo que ella no cesa de recordar, «esas necesidades de la gente por tener garantizado aquello que le da seguridad y permite que seamos clase media y, por tanto, no tengamos que ahorrar para ir al médico si ocurre la enfermedad o para llevar a nuestros hijos a un centro privado si resulta que el chaval o la chavala tienen talento», simplificó atacando «el negocio de la derecha», que ella considera «derechos».Atacó a Moreno Bonilla por «hacer caja» electoral con la tragedia de Adamuz en un enésimo ejemplo de la siempre impostura socialista, esa que no deja pasar una sin facturarla, como el narcotráfico, con el que también sacudió a los populares con su presidente a la cabeza, Alberto Núñez Feijóo «el que le echa cremita a un narcotraficante», recordó previsible.Levantó, bajo guion, a sus asistentes con una arenga final en la que recordó que «este partido, cuando se activa, es imbatible y arrastra a la sociedad progresista; a los hombres, a las mujeres, a todos aquellos que tienen que votar el próximo domingo. Así que arriba, con alegría y con ganas para recibir a Pedro Sánchez», se despidió la telonera elegida por un presidente del Gobierno que comenzó su discurso dando los buenos días a sus «amigos y amigas, y vecinos y vecinas del Campo de Gibraltar».Tragedia de HuelvaComo no podía ser de otro modo, se acordó de los dos guardias muertos en Huelva, por los que mandó «un fuerte abrazo» a sus familias antes de valorar «a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, que se juegan hasta la vida por garantizar la seguridad y el bienestar de los ciudadanos».Una vez cumplido su pesar, lanzó una pregunta al aire: «¿para qué sirve la política?» . Él, o su manual de supervivencia, lo tiene claro. «Desde luego no sirve para insultar, ni para desinformar, tampoco para alarmar. Sirve, como bien ha dicho la que será presidenta de los andaluces y andaluzas, para solucionar problemas a la gente de a pie, no de las elites».Esa obviedad le dio paso para elogiar lo que ha sido su último clavo al que agarrarse para desviar la atención de tantos tribunales que lo cercan, la emergencia sanitaria en Tenerife a cuenta de un barco infectado de un nuevo virus. En este sentido, elogió «el operativo» organizado por su gobierno «para hacer frente a esta emergencia sanitaria que ha pedido la Organización Mundial de la Salud y que España ha asumido en primera persona coordinado con 22 países».Puesto a vanagloriar su administración, el secretario general socialista se felicitó porque «España está siendo vista de nuevo desde fuera. El mundo nos observa de nuevo y, de nuevo, España, como en otras muchas crisis, va a responder a la altura de lo que es este gran país, con ejemplaridad y eficacia».«Somos el gobierno de las soluciones», clamó ante su audiencia linense, a la que le obsequió con otro hito histórico con él al mando. «Entendemos la política como el arte de solucionar los problemas, y aquí en el Campo de Gibraltar lo sabéis bien», manifestó para introducir el pronto derribo de la Verja. «Hemos logrado después de cientos de años derribar el último muro que queda dentro de la UE», valoró trasladando mucha responsabilidad de este logro a María Jesús Montero, «que junto al ministro Albares, ha sido la gran hacedora del acuerdo» y para la que pidió el respaldo electoral el próximo domingo.Tras rescatar «el genocidio de Gaza o la guerra ilegal en Irak», el presidente de «este gobierno de la paz» opinó que «estos ocho años de gobierno progresista le ha sentado muy bien a España». Y en esa misma línea, no tardó en acudir a la política nacional de trazo grueso para reírse de su gran némesis. «¿Habéis visto el espectáculo de Ayuso en México?», preguntó en alto con esa sonrisa suya tan singular y faltona cuando la fuerza en el Congreso ante la oposición. «Va a México a dar lecciones de historia y acaba dando vergüenza ajena», dijo abrazando «a ese pueblo mexicano que nos ayudó durante la guerra civil». Chupito.Fue acabando ajustándose a la campaña de su candidata, la sanidad pública. Y dentro de ese margen recordó que hace ocho años España «tenía el copago farmacéutico que puso Mariano Rajoy y del que, por cierto también formaba parte Moreno Bonilla. Lo digo porque va sin las siglas del PP...», ironizó olvidando lo que muchos de sus candidatos hicieron también con él.Sánchez cree que «hay partido» y para ganarlo dio tres claves: «la movilización, la coherencia y la concentración del voto». Y lo argumentó diciendo que nadie puede quedarse en casa», o en el sofá, que diría su diputada Montse Mínguez. También pidió «a la gente de izquierda, coherencia» en su voto, ese que espera «concentrarlo particularmente en Cádiz». Sus últimas palabras las recogió en la siguiente petición: «Necesitamos que todos los votos progresistas y de izquierdas vayan a este partido y a la candidata que pueda representarlo y que no es otra que María Jesús Montero », clamó como traca final de un mitin que acabó con Manu Carrasco sonando a tope por los altavoces al ritmo de 'llegó la hora'.
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