Los detectives del hantavirus en Sudáfrica que dieron la voz de alarma: «Fue como buscar una aguja en un pajar»
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May 10, 2026
La historia del descubrimiento del primer hantavirus en un barco comienza el 24 de abril de 2026. Un viajero británico a bordo del MV Hondius , un crucero para amantes de la fauna ártica, acude al médico del buque porque tiene fiebre, dificultad para respirar y síntomas que parecen una neumonía. Son muy similares a los que presentó semanas antes otro pasajero que, tristemente, había fallecido en alta mar. De hecho, ese mismo día, su cuerpo es trasladado para ser repatriado a su casa, en Países Bajos, acompañado por su mujer, que también se encontraba indispuesta. Dos días después, la situación del británico empeora tanto que el médico decide evacuarlo en Isla Ascensión y, de ahí, a un hospital en Johannesburgo, en Sudáfrica. Su cuadro clínico, que deriva rápidamente en una insuficiencia cardiorrespiratoria por la que es ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos, alarma a los médicos. Las pruebas para un montón de enfermedades probables dan negativo. ¿Qué le está ocurriendo a aquel paciente? Y, lo más importante: lo que le está llevando a un estado crítico, ¿podía haber matado a tres pasajeros y estar amenazando al resto del pasaje, un total de 147 personas, que están dentro del crucero fondeado en Cabo Verde?Los doctores del hospital activan los protocolos y se ponen en contacto con el Instituto Nacional de Enfermedades Transmisibles (NICD), el organismo que engloba a laboratorios y virólogos de Sudáfrica. «Sabíamos el historial de viaje a Argentina, lo cual fue un dato muy importante», cuenta a ABC Jacqueline Weyer, subdirectora interina del NICD y jefa del Centro para Enfermedades Zoonóticas y Parasitarias Emergentes. Fue así cómo se amplió la búsqueda a otros patógenos menos comunes que causan problemas respiratorios, entre ellos el hantavirus. Noticia relacionada general No No El Gómez Ulla detectó fallos en la unidad de aislamiento que podrían suponer un riesgo Pilar De la CuestaEn principio, no cuadraba demasiado: la enfermedad se transmite normalmente por contacto con orina, saliva o excrementos de roedores, y en el barco se había descartado la presencia de ratas. Pero existía una cepa, llamada Andes, presente en el sur de América, que sí había demostrado que se podía contagiar de persona a persona, aunque de forma muy reducida. ¿Y si...? La confirmación llegó al día siguiente: era hantavirus. «Se lo comunicamos a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y a las autoridades pertinentes –explica Weyer–. Dos días después se le realizó la prueba a la esposa de la primera víctima, que murió en Johannesburgo mientras acompañaba el cadáver. Ambas muestras coincidían. En menos de una semana, el NICD había dado con el enemigo invisible que todo parece indicar se coló de 'polizón' en Argentina, de mano del matrimonio que murió en primer lugar. Los pacientes cero que ahora son investigados para conocer el origen del brote de hantavirus que tiene en vilo al mundo. Encontrar una aguja en un pajarTodo un trabajo contrarreloj por el que el Comité Parlamentario de Salud de Sudáfrica felicitó públicamente al NICD. «Detectar un germen tan raro en un período de tiempo tan corto es comparable a encontrar una aguja en un pajar», señalaron en un comunicado emitido el miércoles en el que se daba cuenta de la situación del momento del barco, atracado frente a las costas de Cabo Verde. «No fue simplemente cuestión de suerte», matiza Weyer. «Identificar un patógeno poco frecuente como el hantavirus requiere una combinación de experiencia científica, investigación sistemática y capacidad avanzada de laboratorio. Los hantavirus son conocidos por la comunidad científica desde hace muchos años», dice repartiendo el mérito. «Los médicos que atendieron a los pacientes fueron fundamentales para reconocer que se trataba de un cuadro clínico inusual; los epidemiólogos ayudaron a identificar los vínculos entre los casos; mientras que los equipos especializados de laboratorio realizaron las pruebas diagnósticas y los análisis de confirmación. La colaboración internacional y el intercambio de información también fueron importantes», insiste. El hantavirus visto al microscopio ABCPero lo cierto es que no es la primera vez que el 'ojo clínico' del NICD alerta sobre potenciales amenazas de virus.Los descubridores de ÓmicronCorría el año 2021. El mundo estaba saliendo de una pandemia global llamada covid-19, que provocó millones de muertes en todo el mundo. Las vacunas comenzaban a surtir efecto, y los casos de infectados y fallecimientos caían en picado desde finales del año anterior. Se empezaba a ver la luz tras un episodio inaudito, que no solo había afectado a la salud de la población, sino también había paralizado la economía y la vida en general de todo el globo terráqueo (salvo contadas excepciones). El Instituto Nacional de Enfermedades Transmisibles de Sudáfrica descubrió la variante Ómicron del covid y un arenavirus similar al ébolaEn este clima optimista, virólogos del NICD sueltan la bomba: han detectado una nueva variante del Sars-Cov-2 circulando por su país. Al principio, pocos les hacen caso. Pero cuando esta nueva cepa, mucho más contagiosa que la anterior –aunque también menos letal, también por la acción de las vacunas–, empieza a elevar el número de infectados de nuevo, la comunidad científica internacional no puede darles la espalda. La OMS, que bautiza la variante como Ómicron , la clasifica como «preocupante», y los laboratorios se ponen a trabajar en una nueva vacuna. «El NICD efectivamente formó parte del gran equipo que identificó la variante Ómicron», vuelve a señalar humilde Weyer. «El Instituto tiene una trayectoria consolidada en vigilancia de laboratorio extensa en Sudáfrica para muchas enfermedades infecciosas, así como capacidades diagnósticas especializadas para apoyar investigaciones tanto de enfermedades comunes como de afecciones infecciosas más raras». Han demostrado sus capacidades en más ocasiones. En 2009 lideraron el grupo que descubrió el virus Lujo, un arenavirus desconocido hasta ese momento que provoca fiebre hemorrágica parecida al ébola, con una tasa de mortalidad del 80%. «Además, el NICD brinda un importante apoyo regional y responde a solicitudes de muchos otros países cuando es necesario», apostilla Weyer.Entre las 'entrañas' del virusEl trabajo de este equipo se centra ahora en una labor 'detectivesca', rastreando el itinerario de los afectados «para aportar información sobre el posible origen de los eventos de exposición». Y, sobre todo, descifrar el genoma completo de este virus, del que ya ha publicado la primera versión completa preliminar un equipo del Centro Nacional de Referencia Suizo para Infecciones Virales Emergentes (GCEVD). Entre las primeras conclusiones, el grupo señala que se trata, efectivamente, de un hantavirus tipo Andes que saltó de un animal a una persona, concretamente de algún ratón de cola larga ( Oligoryzomys longicaudatus ) en Argentina o Chile que portaba la enfermedad. Se baraja que un 'supercontagiador' podría estar detrás del brote en el barco, «aunque son fenómenos poco frecuentes»El siguiente paso será comparar este genoma con otros virus tipo Andes previamente identificados, como el que provocó en la Patagonia argentina 13 muertos en un cumpleaños, producto de un ' supercontagiador ', algo que «es una opción, pero son fenómenos poco frecuentes», señala la experta. No obstante, advierte: «Detectar diferencias genéticas no significa automáticamente que el virus se comporte de manera diferente desde el punto de vista clínico o epidemiológico. Esas conclusiones requieren una evaluación científica cuidadosa».Noticia relacionada general No No ¿Ha podido mutar el hantavirus?: «Sin la secuencia genómica, solo podemos especular» Nuria Ramírez de CastroMensaje de cautela y tranquilidadLa subdirectora interina del NICD y jefa del Centro para Enfermedades Zoonóticas y Parasitarias Emergentes quiere lanzar un mensaje tranquilizador a la población: «La situación está siendo estudiada de manera cuidadosa y científica, y actualmente no existe evidencia de un riesgo comunitario generalizado. Las respuestas de contención se activaron rápidamente, lo que representa el mejor escenario posible. Las investigaciones de brotes llevan tiempo, y las recomendaciones pueden evolucionar a medida que se disponga de más evidencia». Y así, semanas después de que aquel pasajero británico acudiera con fiebre a la enfermería del MV Hondius, la historia empieza a cerrarse en laboratorios repartidos entre Sudáfrica, Europa y Sudamérica. Los científicos ya saben que detrás de las muertes estaba un improbable enemigo, el hantavirus Andes; ahora intentan reconstruir cómo logró colarse en un crucero perdido entre glaciares y océanos. La travesía del barco termina este domingo en Canarias. La investigación para entender lo ocurrido, en cambio, acaba de empezar.
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