¿Por qué apenas hay mujeres bombero en España?
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May 6, 2026
Magdalena Rigo fue la primera mujer bombera en España. Se presentó en 1981 junto a 300 hombres y 4 mujeres a una plaza que había disponible para el cuerpo de bomberos de Palma de Mallorca. Se impuso a todos, haciendo historia. Han pasado 45 años desde aquel hito.Le siguieron Isabel Espinosa, bombera de Bilbao que ingresó en el cuerpo en 1984, año en el que también Gloria Prieto García se hizo con su plaza en Granada. María Luisa Cabañero fue otra de las pioneras: en 1987 entró en el cuerpo de bomberos de Ciudad Real y desarrolló gran parte de su carrera en Puertollano. Hoy, otras mujeres como Silvia García, que se ha convertido este 2026 en la primera mujer bombera de la provincia de Guadalajara; Mari Muñoz, del cuerpo de la Generalitat de Cataluña desde hace cinco años y que hoy es subinspectora; Reyes de Miguel, la primera mujer bombera de Canarias (2022) o Virginia Morales, otra pionera en el Ayuntamiento de Madrid (2023), han seguido la estela de aquellas que abrieron el camino.La lista puede parecer amplia. Pero no es así. De un total de 42.089 efectivos en nuestro país en el año 2023, apenas 1.791 son mujeres, según los datos más actualizados por Eurostat a los que ha tenido acceso ABC, mientras que en 2022 la cifra se reducía a 1.253 de un total de 42.172.El tradicional papel de la mujer«Es una cifra bajísima», reconoce Mari Muñoz, subinspectora del cuerpo de Bomberos de la Generalitat de Cataluña. Apunta a que esta escasa representación se debe principalmente a «la creencia que tenemos como sociedad sobre qué trabajos pueden hacer las mujeres y cuáles no, así como la falta de referentes, entre otros. Afortunadamente, este tipo de convicciones han ido cambiando pero quedan algunos oficios muy masculinizados».«La baja representación de mujeres en el cuerpo de bomberos en España no responde a una única causa, sino a la interacción de varios factores históricos, fisiológicos, culturales y vocacionales», explica Daniel Mon López, Doctor en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM). «La incorporación de la mujer a profesiones operativas y físicamente exigentes ha sido tardía, y en el caso de los bomberos especialmente -prosigue-. A ello se suma una cierta controversia social que, aunque cada vez menor, ha cuestionado tradicionalmente su papel en contextos de alta exigencia física y riesgo. Además, aunque los baremos físicos actuales buscan una igualdad funcional ajustando las diferencias fisiológicas entre sexos, no siempre es sencillo lograr un equilibrio perfecto».Santiago García Campá, doctor en Derecho de la Universidad Jaume I (UJI) especializado en Derecho antidiscriminatorio, añade que «también influyen los estereotipos y, de manera destacada, la evidente masculinización de la profesión, el diseño de las pruebas de acceso y, en especial, de las marcas mínimas eliminatorias en las físicas». La subinspectora del cuerpo de Bomberos de la Generalitat de Catalunya, Mari Muñoz Generalitat de CataluñaA ello, hay que sumarle el hecho de que los conceptos de 'entrenamiento de fuerza' y 'mujer' nunca han ido de la mano hasta hace poco y las pruebas físicas para esa profesión «siguen teniendo un peso importante de la fuerza absoluta», recuerda Mon.En este sentido, Muñoz añade cómo la concepción social de lo que es ser bombero «está equivocada» porque tiende a centralizarse en la «fuerza física». «Es una de esas creencias falsas que evidencian el desconocimiento del oficio -prosigue- e influye en ese lento progreso cuando la mujer está totalmente capacitada, obviamente con el entrenamiento y la formación específica, para realizar estos trabajos». Cabe destacar que no hay una homogeneidad en los exámenes físicos: cada ayuntamiento, diputación o comunidad establece sus propios requisitos. Además, una vez que los aspirantes consiguen la plaza, no se les exige requerimiento físico alguno.Pruebas físicas a bomberoLa carrera de resistencia (1000–3000 m), de velocidad (50–100 m) y pruebas de fuerza del tren superior como dominadas, press banca o cuerda, se encuentran entre las pruebas más comunes, tal y como detalla Mon. «Además, dependiendo de la convocatoria, solemos encontrar pruebas funcionales, salto (horizontal o vertical) y/o natación. Por otro lado, aunque menos comunes, también están la de trepa de cuerda sin piernas, circuitos específicos, pruebas de claustrofobia o de coordinación compleja».Tanto hombres como mujeres hacen las mismas pruebas. «La diferencia está en los tiempos exigidos, el número de repeticiones o el peso a mover. Es decir, tienen distinto baremo y, por tanto, la exigencia en valores absolutos es diferente», explica el experto.El ajuste de los baremos, que se hace en la gran mayoría de las convocatorias pero no en todas, se basa en las diferencias fisiológicas y antropométricas entre sexos. «La fuerza/potencia (especialmente en el tren superior), como consecuencia de la mayor masa muscular; en la resistencia aeróbica (VO₂max) y la resistencia anaeróbica, como consecuencia de algunos valores hemáticos o del tamaño del corazón, entre otros factores; y también en los valores antropométricos y de composición corporal, donde los hombres suelen tener mayor estatura y menores porcentajes de grasa que las mujeres», analiza el docente de la UPM. Con esta medida, se busca «la igualdad funcional; es decir, que el nivel de exigencia relativa sea equivalente». En la Comunidad de Madrid (CAM), sin embargo, las pruebas físicas son las mismas para ellos y ellas, «aunque se da una bonificación a las mujeres», indican a ABC fuentes de la CAM. Así, en 2025, de un total de 1.680 efectivos, 50 son mujeres, una cifra que se reducía a 31 en 2020, cuando el cuerpo lo conformaban 1.228 personas.«La baremación de las pruebas parte de los informes de los técnicos de educación física y del servicio médico del Cuerpo de Bomberos en cuanto a la necesidad de tener unos mínimos entre hombres y mujeres para poder garantizar la prestación del servicio al ciudadano y la seguridad de los intervinientes», explican fuentes de la comunidad, al mismo tiempo que recuerdan que en la historia del cuerpo dos mujeres han sido jefas.Opinión totalmente contraria tiene Muñoz. La profesional recuerda que los bomberos trabajan en binomio y «ejercer con un compañero que cree que tú no eres capaz de hacer este trabajo sólo por el hecho de ser mujer o de haber entrado de una forma que él no considera, pone en peligro la confianza de todo el equipo además de generar una peligrosa inseguridad en la sociedad que no está basada en nada real».¿Qué dice la jurisprudencia?«Todas las partes estamos de acuerdo en que deben garantizarse los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad», apunta García Campá. «La discusión es cómo garantizarlos en las pruebas físicas de acceso al cuerpo de bomberos -prosigue-. ¿Se respeta la igualdad de oportunidades cuando se requieren marcas mínimas idénticas a opositoras y opositores en las pruebas físicas? Mi respuesta es que, evidentemente, no. Los datos así lo demuestran». Según el experto, aunque existe el principio constitucional de igualdad, mérito y capacidad así como la ley del Estatuto Básico del Empleado Público, que recoge la igualdad de trato entre hombres y mujeres, aplicar una trato idéntico a ellos y ellas «es precisamente lo que produce discriminación, no lo que la evita».Así lo acreditan sentencias como la del Tribunal Superior de Justicia de la Unión Europea, de 18 de octubre de 2017 (asunto Kalliri), que declaró como discriminación indirecta el requisito de tener una estatura mínima de 1,70 metros, exigido tanto a mujeres como a hombres, para acceder a la Escuela de Policía Griega; o la del Tribunal Supremo 1040/2019, de 10 de julio, que estimó que la exigencia de una talla mínima de 160 centímetros, común para mujeres y hombres, en el acceso a las plazas de especialidad de control aéreo y sistemas de información y telecomunicaciones de la escala de suboficiales del Cuerpo General del Ejército del Aire resultaba contraria al principio de igualdad (art. 14 CE).Y «la jurisprudencia europea y constitucional tiene una doctrina consolidada cuando el criterio para acceder a un puesto de trabajo se basa exclusivamente en los valores medios masculinos, especialmente cuando se trata del esfuerzo físico», recuerda García Campá. En este caso, se encuentra la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, de 1 de julio de 1986 (asunto Rummler), que recoge que «el hecho de basarse en valores correspondientes a los resultados medios de los trabajadores de un único sexo, para determinar en qué medida un trabajo exige un esfuerzo u ocasiona una carga o es físicamente pesado, constituye una forma de discriminación por razón de sexo, prohibida por la Directiva». Igualmente, la sentencia del Tribunal Constitucional 58/1994, de 28 de febrero, recoge que «la prohibición de discriminación excluye el recurso a criterios de evaluación sexualmente caracterizados, imponiéndose el uso de criterios neutros, basados en atributos igualmente predicables de ambos géneros».El caso de CataluñaPara incrementar los porcentajes anteriores, además de ajustar los baremos, se han llevado a cabo otras iniciativas. La más famosa -y polémica- fue la de la Generalitat de Cataluña, que introdujo la ley 2/2021, de 29 de diciembre por la que se reservan plazas para mujeres en un porcentaje mínimo del 25% y máximo del 40%. Afectó por primera vez a la convocatoria del 2023. Así, de un total de 2.991 profesionales en 2024, último dato actualizado, 178 son mujeres. La presencia femenina se reducía a apenas 50 féminas en 2020 cuando el cuerpo estaba conformado por 2.563 personas.«La reserva de cuotas constituyen acciones positivas que conectan directamente con el derecho a la igualdad de oportunidades», apunta el experto de la UJI, puesto que se parte de «una situación patente de desigualdad». «La medida adoptada no puede ser cualquiera -puntualiza-, sino razonable y proporcionada al fin perseguido, que, en este caso, es reducir la infrarrepresentación de las mujeres en el cuerpo de extinción de incendios. Como cualquier medida legal, puede ser impugnada y enjuiciada por los tribunales, que examinarán con mucho cuidado que la medida adoptada sea objetiva, razonable y proporcionada, de tal modo que, si no cumple con una de estas tres características, será declarada ilegal».De hecho, la medida impulsada por la Generalitat fue demandada por tres aspirantes que solicitaban la anulación de la ley o de la convocatoria a la que afectó, en base al artículo 14 de la Constitución (los españoles son iguales ante la ley) y el 23 (los ciudadanos tienen derecho a acceder en condiciones de igualdad a las funciones y cargos públicos). El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña lo desestimó el pasado mes de enero porque la infrarrepresentación de las mujeres en el cuerpo de bomberos de la Generalitat es una realidad «manifiesta y sistemática» y «justifica per se la adopción de esa concreta medida de acción positiva por razón de sexo». La Sala también considera que la ley 2/2021 respeta el principio de proporcionalidad. «Que quede muy claro que todas las personas que superan una fase de oposición y la estricta formación en la escuela así como las prácticas, pasos previos a ejercer en los que se nos sigue evaluando y se puede suspender por no llegar a la capacitación, están preparadas, formadas y son competentes para realizar la tarea de bombero y bombera. Esto hace que podamos garantizar nuestra seguridad y la del ciudadano», subraya la subinspectora del cuerpo de la Generalitat. Además, «una cosa son las capacidades físicas y otra aprender el oficio». Sobre cómo se adjudican las plazas, la responsable explica que «primero hay que pasar la prueba, obviamente, y segundo, el diferencial entre el último hombre y la última mujer como mucho tiene que ser un 10%. Es decir, si el último hombre de la oposición entra con un 8, la última mujer va a poder entrar con un 7,2».Y en País VascoPara también corregir la actual infrarrepresentación femenina en las plantillas, el Gobierno vasco aprobó en 2023 la ley 12/2023, de 23 de noviembre, de los servicios de prevención y extinción de incendios y salvamento, que contempla la reserva de entre un 25% y 40% de plazas a mujeres, lo que afecta a seis instituciones diferentes: las tres capitales (Bilbao, San Sebastián y Vitoria) y las tres diputaciones forales (Vizcaya, Álava y Guipúzcoa).Este diario se ha puesto en contacto con las tres diputaciones. Ni Álava ni Guipúzcoa han facilitado los datos disgregados por sexo de sus cuerpos de bomberos pero Vizcaya sí: aquí las mujeres son en total 11 de un total de 463 efectivos, una cifra que apenas ha variado en los últimos cinco años.La medida no se ha notado aún puesto que la penúltima oposición se convocó en 2020. En marzo han comenzado los exámenes de la última OPE y la diputación espera que la ley tenga efectos. De momento, se han presentado más mujeres: 105 de un total de 858 aspirantes, mientras que a los exámenes de 2020 se presentaron sólo 50, de las que dos fueron seleccionadas.Desde la Diputación Foral de Vizcaya aseguran a este periódico que defienden «firmemente la igualdad entre mujeres y hombres, también en los servicios de emergencias, un ámbito históricamente masculinizado. Promovemos que cada vez más mujeres elijan esta profesión porque su incorporación nos enriquece y fortalece la igualdad de oportunidades. Las bomberas que ya forman parte del Servicio de Prevención, Extinción de Incendios y Salvamento (SPEIS) realizan sus funciones con la misma eficacia y compromiso que sus compañeros».¿Cómo corregir esta baja representatividad?«Cada día hay más mujeres pero siempre digo que la balanza no está equilibrada», dice a ABC Maria Luisa Cabañero, que se jubiló como bombera en 2025 tras 38 años en activo. Para ella, las pruebas físicas «son lo que más echan para atrás porque las mujeres no se ven capaces de superarlas. Te costará más o menos pero hay que esforzarse».En su momento, se presentó a las oposiciones por probar. Entre los más de mil aspirantes y con sólo 135 plazas, una fue para ella. «Mi problema eran los 10 km corriendo. No me gustaba correr pero podía entrenar así que me preparé. Tenía 20 años, y dije 'si no lo consigo, sigo con COU y hago INEF'», recuerda.Maria Luisa Cabañero, días antes de su jubilación Óscar ChamorroPara ella, que se ajusten los baremos es fundamental. «Es algo que se hace en las olimpiadas con los deportistas de élite. Soy partidaria de ello porque físicamente hombres y mujeres no somos iguales». Sin embargo, le parecen «injustas» medidas como la de la Generalitat de Cataluña y País Vasco. «No puedes poner en bandeja cierto número de plazas. Me parece una discriminación para los hombres y para nosotras mismas».En posición contraria se sitúa Mari Muñoz: «Los bomberos no vamos levantando camiones con nuestros brazos. Trabajamos con una serie de técnicas, en equipo, con unos materiales… Y lo que más necesitamos es ser diversos. Cuanta más diversidad haya en un cuerpo de bomberos, el equipo será más capaz de afrontar servicios diferentes con el máximo éxito».De ahí, la apuesta de la Generalitat. «Creemos que es vital que se incorpore una parte de talento -continua la subinspectora-, que es la mitad de la población, y que simplemente no está invitada a ser bombera porque no se ve reflejada en esta organización debido a todas esas barreras que hemos comentado. La diversidad nos hace ser mejores. Y las mujeres que vengan, vienen a ser buenas bomberas. No aportan nada más ni nada menos ¿eh? Eso ya es mucho».Para Muñoz, «si hablamos de que este tipo de medidas favorecen a las mujeres, tendríamos que hablar de hasta qué punto se favorece a los hombres por el tipo de pruebas: en cómo están pensadas, por quién y para quién. Cuando hablamos de igualdad tenemos que hablar de igualdad de oportunidades y no se ha dado la oportunidad a que las mujeres sean bomberas».García Campá concluye que «las medidas para animar a más mujeres a ser bomberas pueden ser muy variadas. Pero la primera de todas es garantizar el derecho a la igualdad de oportunidades a aquellas que ya están animadas y se presentan a las pruebas físicas de acceso al cuerpo de bomberos. Porque, si no se cumple con la igualdad de oportunidades, ¿para qué van a presentarse?».
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