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"textContent": "La cremallera de los pantalones nos puede parecer un detalle insignificante, casi invisible en nuestro trajín diario, sin embargo, encierra una historia palpitante de genios frustrados, amores truncados y atroces batallas que transformaron para siempre la forma en que nos vestimos y nos movemos por el mundo. Para conocer sus orígenes tenemos que retroceder al bullicioso año 1893, cuando la Feria Mundial de Chicago estallaba en un torbellino de innovaciones. Fue allí donde Whitcomb Judson desveló su gran apuesta: un cierre de dientes metálicos destinado a enterrar de una vez por todas a los engorrosos cordones de las botas.Lo bautizó 'clasp locker', pero la realidad le propinó un inesperado zarpazo: los asistentes lo despacharon entre risas y susurros, al tratarse de un artilugio caprichoso que se abría solo, que pesaba como el plomo y que se atascaba a cada paso. Un fracaso en mayúsculas. Judson exhaló su último aliento en 1909, arruinado y sepultado en el olvido, legando a su viuda un sueño a medio hilvanar.Fue justo entonces cuando emergió de las sombras Gideon Sundback -su yerno sueco- un ingeniero taciturno al que la tragedia lo había marcado al perder a su esposa en un parto devastador. Desde ese instante se sumergió en su taller como si fuera un refugio, trabajando de forma imparable días y noches en el artilugio inventando por su suegro. Sundback probó con dientes más finos y precisos, con cintas flexibles que se adaptaban al cuerpo y con un cursor deslizante que los unía. Así nació en 1913 el 'Hookless Fastener', en una obsesión que rozaba la locura. El ingeniero sueco emigró a Canadá, en donde abrió su propia fábrica y contempló, en silencio, cómo su creación comenzaba a extender sus alas.De las trincheras al rugido de los motoresLa Primera Guerra Mundial llegó como un vendaval providencial, dando al invento el impulso que necesitaba. Y es que los soldados estadounidenses, hundidos en el barro de las trincheras, necesitaban cerrar sus botas y sus bolsillos en cuestión de segundos. La cremallera se convertía, de esta forma, en un gran aliado. Poco tiempo después, los aviadores incorporaron el invento a sus chaquetas de vuelo para no morir congelados en las alturas. En 1923 la empresa B.F. Goodrich le puso un nombre propio -zipper-, inspirado en un sonido seco y magnético que evocaba velocidad y precisión.Mientras tanto, la alta moda se resistía con uñas y dientes a incorporar la cremallera a sus creaciones, los sastres y las damas de sociedad seguían aferrados a sus elegantes botones, veían en ella una intrusa vulgar.La cremallera se incorpora a los vaquerosEl impulso final llegó en la década de los treinta cuando la cremallera lanzó su asalto definitivo a los pantalones. La empresa francesa Éclair equipó los monos de los pilotos de aviones con versiones ocultas y elegantes y Talon -la firma heredera de Sundback- respondió incorporando un cierre frontal en los pantalones masculinos. Los hombres, cansados de los botones que saltaban en los peores momentos, cayeron rendidos ante un pragmatismo seductor.La Segunda Guerra Mundial se encargó de hacer el resto. Con Europa en llamas el metal para fabricar botones se convirtió en un verdadero lujo y Estados Unidos, el proveedor clave, apostó por las cremalleras de nailon. Fueron incorporadas inmediatamente a las chaquetas, a los pantalones y a las botas para que pudiesen ser cerrados en cuestión de segundos, una rapidez impensable con cordones o botones.MÁS INFORMACIÓN noticia Si La NASA quiere que Plutón vuelva a ser un planeta noticia Si Slinky, el 'muelle caminante' que supuso un antes y un después en la ingenieríaDe esta forma, la cremallera no solo unió telas, sino que liberó cuerpos y diseños enteros de generaciones. Gracias a ella los niños aprendieron a vestirse solos y con apenas dos dedos se revolucionó la moda femenina, permitiendo el nacimiento de faldas cortas que se cerraban en un instante. Hoy se producen unos 10.000 millones de cremalleras al año, un imperio tejido en el más estricto de los silencios.",
"title": "La cremallera, el invento del que todos se rieron y que salvó vidas en la Segunda Guerra Mundial"
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