García Ortiz se victimiza e intenta ganar ante la opinión pública «el relato» que perdió en el Supremo
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May 3, 2026
Preparando el terreno para el indulto y presentándose como un auténtico mártir, el ex fiscal general del Estado Álvaro García Ortiz ha reaparecido este domingo ante la opinión pública después de cinco meses de ausencia, los transcurridos desde su condena. Lo hizo en franja de máxima audiencia, en el programa de Évole, en la Sexta, la misma cadena que el 13 de marzo de 2024, pocos minutos después de que la Ser se hiciera eco de la filtración por la que fue condenado, difundió también el famoso correo de Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso. La entrevista, de cerca de hora y media, realizada en un hotel de Barcelona («hay una polarización evidente en Madrid») intentó ser un auténtico lavado de imagen gracias a la inestimable ayuda de Jordi Évole, que amparándose en su falta de conocimientos jurídicos confundió a la opinión pública al no profundidar (cuando no manipular) en las consideraciones que fundamentaron la condena del fiscal general. No iba a ser García Ortiz quien le desmintiera. Noticia relacionada general No No García Ortiz acusa al Supremo de vulnerar sus derechos al considerarle culpable por borrar mensajes Nati VillanuevaHablaron así de lo injusto que era inhabilitarle por una nota de prensa con la que la Fiscalía «solo» quería defender a la institución frente a las «calumnias» vertidas desde el entorno de la presidenta Ayuso, en concreto por Miguel Ángel Rodríguez , su exjefe de Gabinete. Nada se dijo sobre el delito de revelación de datos reservados que supuso la difusión de esa nota y cómo afectó al derecho de defensa de un justiciable que no por ser la pareja de la presidenta autonómica tenía menos derechos que cualquier otro ciudadano. «A mí me ha dado la sensación de que alguien me estaba haciendo el trilero, que era un juego de dónde estaba la bolita. Aquí hay un presunto delito que comete el novio de la presidenta y a partir de ahí se monta todo un entramado para olvidarse del delito y acabar con el fiscal general condenado e inhabilitado», dijo Évole. «Eso es lo que ha ocurrido -sentenció, cómplice, el ex fiscal general-. Acabó condenado el perseguidor de los delitos por hacer una nota de prensa contando la verdad, lo único de lo que yo me siento responsable». Ni arrepentimiento ni autocrítica No hubo en las palabras del ex fiscal general un mínimo de arrepentimiento, ni siquiera de autocrítica pese a la gravedad de las afirmaciones que los magistrados de la Sala Segunda vertieron en la primera sentencia de la democracia que ha condenado a un fiscal general. En ella le reprocharon precisamente que se saltara la legalidad quien estaba llamada a defenderla. García Ortiz insistió una y otra vez en que actuó en defensa de la institución ante la «calumnia» que suponía decir que el fiscal Julián Salto había ofrecido un pacto al abogado de González Amador pero se había parado «desde arriba». Y de ahí no se movió. Se proclamó víctima de una injusticia y le dio la vuelta a la tortilla hasta el punto de hablar de su «muerte civil», el mismo término que utilizó en el juicio González Amador para hablar de su persona y de cómo García Ortiz había pisoteado su derecho de defensa sin posibilidad alguna de revertir esta situación en el procedimiento fiscal por el que todavía no ha sido juzgado. Dice el ex fiscal general que la declaración como testigo de Miguel Ángel Rodríguez y especialmente la del propio denunciante le «humillaron» profundamente por dirigirse directamente a él en varias ocasiones sin que el tribunal les reprendiera. «Me sentí maltratado», señaló. No dudaron entrevistador y entrevistado en extender la sombra del 'lawfare' sobre los magistrados de la Sala Segunda, mimetizándose así con un Gobierno que desde el primer momento ha arropado y proclamado la inocencia del ex fiscal general nada menos que en boca de su presidente, Pedro Sánchez, el mismo que en su momento dejó claro cómo concebía la relación del Ejecutivo con el Ministerio Público. «¿De quién depende la Fiscalía?». Dice García Ortiz que estas palabras le perseguirán toda la vida, como si cada una de sus actuaciones al frente de la Fiscalía no hubieran estado politizadas, desde su seguidismo de la ley del «solo sí es sí» que posibilitó la salida a la calle de decenas de violadores a su desautorización a los cuatro fiscales que negaron la aplicación de la amnistía al delito de la malversación.Currículos a la cartaÉvole decidió repasar el currículo de los magistrados de la Sala Segunda, pero sólo de aquéllos que más convenía a sus intereses. Así, del instructor de la causa, Ángel Hurtado, dijo que en su momento se opuso a que Rajoy testificara en Gürtel y que suscribió un voto particular a la sentencia que condenó al PP; de Marchena apeló a una supuesta enemistad con García Ortiz que el propio entrevistado negó; de Antonio del Moral dijo que dirigió la tesis doctoral de dos de los abogados de la acusación, y de Carmen Lamela que era una mala juez porque acordó la prisión preventiva para Sandro Rosell (luego absuelto) y las primeras del 'procés'. «Sabiendo el currículo que tiene no sólo no la echan sino que la promocionan», espetó Évole sobre esta magistrada. Aunque dijo tener el máximo respeto institucional a los miembros de la Sala Segunda, el propio García Ortiz se encargó de despellejar a Hurtado, del que criticó su decisión de registrar su despacho y posteriormente de dirigirse a Meta para poner su intimidad patas arriba. Sobre la primera de estas decisiones habló de «incredulidad». «No me podía creer lo que estaba pasando»; la segunda la calificó de «intimidante». Tampoco entiende García Ortiz cómo dentro de la misma Sala cinco magistrados mantuvieron una postura en la sentencia y otros dos la diametralmente opuesta. Aseguró que en julio (2024) ya le dijeron que el Supremo iba a proceder contra él. Como en el juicio, siguió sin dar una explicación convincente al borrado de mensajes pocas horas después de que el Supremo le abriera causa penal en octubre. «Tengo todo el derecho del mundo a borrar el contenido de mi teléfono cómo y cuando quiera», apuntó amparándose otra vez en la cantidad de materia sensible que manejaba. «En el teléfono de un fiscal general del Estado hay mucha más información de la que nadie se puede imaginar». Ahí queda.
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