Cuando mamá tiene una discapacidad intelectual: «Hay que enseñarles que ellas pueden»
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May 3, 2026
Amanece gris y lluvioso en el barrio de casitas bajas de Alcobendas donde está ubicada la vivienda de Madres Capaces de la Fundación A LA PAR . El día contrasta con el buen ambiente, la alegría y las prisas con las que tres mujeres dan de desayunar a sus hijos en el interior. La escena es seguramente similar a la que tiene lugar en cualquier otro hogar de la zona, salvo por el hecho de que sus moradoras, Andrea, Marygely y Cristina, tienen una discapacidad intelectual superior al 60 por ciento en los tres casos. Entre juguetes repartidos por el suelo, carteles con pictogramas e indicaciones claras y mucho amor, ellas nos recuerdan que la capacidad de cuidar y de sacar adelante un hijo o hija no debería medirse por prejuicios, sino por oportunidades. Como las que ellas han tenido gracias al proyecto puesto en marcha en 2021 por esta entidad y que está dirigido a un colectivo que, en muchas ocasiones, es víctima de violencia de género, intrafamiliar o, incluso, trata de personas. Unas cartas que hacen que se enfrenten a una maternidad atravesada por múltiples barreras sociales, económicas y estructurales. «La maternidad y paternidad de las personas con discapacidad intelectual es un tabú, pero también es una realidad. Tienen derecho a tener una familia, y son capaces de desempeñar este rol satisfactoriamente con los apoyos necesarios. Aquí cambiamos vidas, y trabajar con estas mujeres y sus hijos nos llena de esperanza. La maternidad va más allá de lo cognitivo: el cariño y el afecto son la clave. En el resto de aspectos, estamos ahí para tenderles una mano. Y, con Madres Capaces, podemos llegar a un colectivo que carece de red cotidiana», afirma Almudena Martorell, presidenta de la Fundación A LA PAR».Noticia relacionada No Pisos de 'entrenamiento' para madres con discapacidad intelectual Carlota FominayaGracias a este innovador proyecto, estas madres tienen la posibilidad de vivir donde, como y con quien ellas eligen. El objetivo es que puedan ejercer una maternidad responsable y tener una vida plena y elegida . Para llevar a cabo sus funciones, estas tres mujeres cuentan con la inestimable ayuda de Vivi, responsable de que todo marche como un reloj en esta residencia madrileña. Desde su ordenado 'despacho', en la primera planta de esta casa, salen todas las citas médicas, se reparten las cartas de la Seguridad Social, y también los muchos consejos para que estas mujeres en situación de extrema vulnerabilidad lidien pero también disfruten de su sueño de ser madres. Educadora infantil e integradora, esta profesional acude cuatro horas al día a este lugar para enseñarles con paciencia y alegría infinita todo lo que tenga que ver con la función maternal : límites, cuidados, higiene, alimentación… «Sobre todo les ofrezco calma, tranquilidad… Podemos fallar, pero en el error, se aprende. En realidad mi labor es guiar y acompañar, y por qué no decirlo, también aprender de ellas», asegura. «Ser madre es muy difícil. Incido mucho en el orden, en la higiene personal…», señala. «Si tú como madre te cuidas, tu hijo lo ve y te imita. Marta es ejemplo de Jesús, Jesús es ejemplo de Emmanuel, Emmanuel de Yeray… Al final, todos somos ejemplo de lo que vemos», insiste, mientras le pide a la pequeña Marta con dulzura que llame a la puerta si quiere entrar. La niña está a punto de ir al colegio. «Para mí es importante que no pierdan clase y que ellas vean que hay obligaciones», señala Vivi.«Aquí me ayudan a entender las reacciones que tiene mi hijo. Estoy en el proceso de aprender a cuidarlo» Marygely«Siempre les intento hacer ver -prosigue esta profesional-, que ellas pueden . Lógicamente, estoy para ayudarles en todo lo que tiene que ver con la burocracia, la escolarización, el aprendizaje de la gestión de una vivienda, cómo se tiene que limpiar… Pero sin apabullar, intento enseñarles a poner lavadoras, a usar el lavavajillas… ». Aquí, prosigue, «no puede haber ni desorden ni caos, ni estrés, ni chillidos…. sino escucha y amor, esto es lo más importante. Mi tarea es enseñar que si un pequeño tiene una rabieta, lo ideal es cogerlo en brazos y preguntarle: '¿Estás bien?'».En esta vivienda de la Fundación A LA PAR en Alcobendas reina el buen ambiente entre las madres con discapacidad y los niños que la habitan. Isabel PermuyEste aprendizaje está ayudando a Marygeli, 34 años, con una discapacidad del 69 por ciento y «española de República Dominicana», a entender mejor a Emmanuel (4 años), al que acaban de diagnosticar una enfermedad rara que le afecta al habla, al desarrollo… «Me ayuda a entenderle, a saber por qué reacciona como reacciona». Mientras tanto, señala esta mujer, el pequeño «está en Atención Temprana, acude a un colegio ordinario donde cuenta con apoyos, y Vivi me ayuda con las citas. Si son normales voy sola pero si son con el especialista me acompaña, por si me quedo en blanco. Estoy contenta, en el proceso de aprender todavía a cuidarlo mejor».Infancias difíciles«Las veo muy valientes. Entre ellas se apoyan mucho. Tienen una gestión muy buena, están aprendiendo. Piensas que por tener discapacidad no van a disfrutar pero enseguida puedes ver la felicidad en sus ojos cuando ven a sus peques. Es alucinante», advierte esta educadora. Esa sonrisa a la que se refiere Vivi es perfectamente visible en Andrea. Pero ella nunca lo tuvo fácil. Su infancia estuvo marcada por la falta de apoyos y, cuando nació Marta, en 2023, el camino tampoco fue sencillo. Antes pasó por dos residencias maternales donde no siempre encontró los apoyos específicos que necesitaba para desarrollar plenamente su rol como madre.«Me preocupaba que mi hija también tuviera discapacidad, pero es muy lista» Andrea, mamá de MartaHasta que, en mayo de 2025, su historia dio un giro, con su llegada a la vivienda de Madres Capaces de la Fundación A la PAR. Por primera vez, encontró un espacio donde no se cuestionaba si sería capaz, sino donde se le ofrecían los apoyos necesarios para serlo. A pesar de las dudas que habían existido en su entorno, hoy el cambio es evidente. Andrea ha mejorado sus habilidades como madre, el vínculo con la niña se ha fortalecido y, sobre todo, su autoestima ha crecido. « Me preocupaba que tuviera discapacidad como yo -reconoce-, pero le hicieron pruebas y está todo bien . De hecho, es muy lista y cariñosa». Su mensaje para otras mujeres con discapacidad intelectual es claro: «Que lo piensen bien, que ser madre no es fácil, pero podemos aprender a ser mamás, con responsabilidad y apoyos».«Mi pareja viene a ver a los niños cuando puede. Tenemos el proyecto de ser familia» CristinaA veces, comenta Vivi, la responsable, «las parejas de estas mujeres están y se les espera. De hecho, se intenta que haya una unión. Es importante que esto se visualice y se conozca. No les dejamos entrar en la casa, esperan fuera o en un punto de encuentro, pero se ven y siguen con la relación. No me desvinculo de ellos porque quiero que tengan a sus hijos presentes». De hecho, Jesús (3 años) y Yeray (1) son hijos reconocidos por Jesús, la pareja de Cristina (33 años) y con una discapacidad del 65 por ciento. «Él es feriante, vive en Toledo, pero viene a ver a los niños cuando puede, me llama todos los días…Tenemos el proyecto de ser familia», asegura.MÁS INFORMACIÓN noticia No Los dos consejos de la atleta paralímpica Susana Rodríguez para que cualquier niño alcance su meta noticia No Tres hipótesis del aumento del 26% de diagnósticos de dislexia, TDAH y discalculia noticia Si Los perros mejoran la autoestima, concentración y sociabilidad de niños con discapacidad noticia Si «Es insostenible la carga emocional de las familias de niños con trastornos del neurodesarrollo» noticia No «Muchas familias creen que no hay que decirle al niño qué pasa, pero se da cuenta»Estas vivencias conjuntas, señala la responsable de este hogar, «son el punto inicial para que ellas sepan luego cómo salir adelante con un desarrollo personal y con un trabajo y, si tienen un problema, sepan solucionarlo y no las engañen». Precisamente recientemente fue el cumpleaños de Andrea y el padre de Marta (3 años) vino a verlas para celebrarlo y tomar algo juntos. Después, Andrea regresó al hogar de la fundación, porque todavía le queda aprendizaje, pero firme en su objetivo: en cuanto le den luz verde, formará un hogar junto a su pareja .
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