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"textContent": "Al asomarse por primera vez al borde del cañón del Duero, el suelo desaparece. Cientos de metros de roca granítica caen en vertical hacia el hilo plateado del río, allá abajo, discurriendo indiferente y poderoso. Los zamoranos lo llaman 'Los Arribes'; los salmantinos, 'Las Arribes'. La discusión sobre el artículo es lo único pequeño en este paisaje descomunal.Durante casi 100 kilómetros, el Duero y sus afluentes de la zona (Huebra, Tormes, Águeda, Camaces y Uces) se abren paso a la fuerza entre antiguas rocas graníticas, tallando el cañón más profundo de toda la geografía ibérica. En algunos tramos, la pared supera los 250 metros, mostrándose como una auténtica herida en la tierra.Pueblos que cuentan historiasEl contraste paisajístico desarma. Después de asomarse a ese abismo de roca y agua desde los espectaculares miradores del cañón como el de las Barrancas, junto a la ermita de la Virgen del Castillo, los pueblos surgen como pegados al borde del mundo. Tranquilos, silenciosos, aparentemente ajenos al espectáculo geológico que se abre a pocos pasos. Mientras, en los barrancos, por donde descienden los afluentes del Duero, el agua se toma la revancha. Así de golpe, se despeña el Pozo de los Humos , el más conocido por ser la cascada donde el río Uces se despeña más de 50 metros, levantando una nube de vapor de agua por la que merece su denominación.El granito se escapa del paisaje para darle señas de identidad a los vinos de la tierra que, con sus sabores minerales, poseen la denominación de origen Arribes. La roca también es protagonista en sus pueblos. Tramando viviendas y señalando las huellas de civilizaciones ancestrales como los vetones (primeros pobladores ibéricos de estas tierras) cuyos castros conviven con viejos molinos, almazaras, bodegas horadadas en la roca y tumbas antropomorfas medievales labradas en el granito. Los lagares rupestres , donde se pisaba la uva directamente sobre la piedra, siguen ahí, a la intemperie, cubiertos de musgo como si el tiempo hubiera decidido convertirlos en una escultura natural del paisaje.Pueblo Cozcurrita y ermita de Nuestra Señora del Castillo, al borde del cañón. Juan Carlos MuñozAlrededor de los pequeños pueblos , en la humildad del paisaje agrario se prolonga la misma historia con otro lenguaje. Bancales escalonados en las laderas donde crecen cultivos mediterráneos al abrigo del cañón, huertas que aprovechan cada palmo de tierra fértil, encinares que crecen entre afloramientos graníticos y, separando los campos, los muros de piedra seca que son en sí mismos una artesanía. Hasta los viñedos tienen alma : la de sus propietarios ancestrales, como de las que nace el vino de bodega Frontio. Un territorio donde cuidar la tierra no fue nunca una elección, sino una forma de vida transmitida durante generaciones con la misma paciencia con la que el río ha ido labrando su cañón.Secretos a la vistaEn los Arribes, incluso el pueblo más pequeño guarda una razón para detenerse. Un mirador inesperado, una ermita románica semioculta entre encinas, una fuente con historia. Pero hay dos localidades que merecen una parada larga. En la orilla zamorana, Fermoselle ostenta la declaración de conjunto histórico-artístico; en la salmantina, San Felices de Gallegos comparte ese mismo reconocimiento.Fermoselle, sin embargo, reserva su mayor secreto bajo los pies. La arquitectura popular del pueblo ya justifica el paseo por calles empedradas en pendiente, casas de granito, rincones que huelen a tiempo detenido, pero lo verdaderamente extraordinario está en el subsuelo. Más de un millar de bodegas excavadas en la roca crean una ciudad paralela y silenciosa bajo viviendas y callejuelas. Una de ellas, la bodega Bruneo , se puede visitar, y el recorrido vale por sí solo. Sus bóvedas de piedra exponen como un libro abierto la geología del territorio (granito, esquisto, gneis) y conservan un antiguo sistema de aljibes y canalizaciones que comunican todas las bodegas del pueblo; y que algunos historiadores vinculan con el baño ritual judío, el 'mikvé' , que podría haberse celebrado en estas cámaras en fechas señaladas del calendario hebreo.Interior de la bodega Bruneo, una lección de geología, historia y buen hacer vitivinícola. Juan Carlos MuñozEn la parte salmantina, San Felices de Gallegos sorprende por el buen estado de conservación de su arquitectura recogida dentro de la antigua muralla o Cerca Vieja. El castillo medieval que vigila la raya portuguesa no es decorado, aunque podría parecerlo. Fue frontera real, bastión en una tierra que durante siglos supo lo que era vivir entre dos reinos. De hecho fue erigido por el rey portugués Dionis a finales del siglo XIII. En el interior de la Torre del Homenaje alberga un aula histórica que bien merece la pena recorrer pues es una invitación a adentrarse en la larga historia de esta fortaleza y, de paso, conectar con otras tantas fortificaciones que señalan la vieja frontera hispano-portuguesa. La visita culmina en lo alto de la torre con unas vistas sobresalientes del pueblo y el territorio fronterizo con Portugal.La puerta de la antigua muralla y la torre exenta de las Campanas señalan la iglesia de Nuestra Señora entre Dos Álamos y su portada románica, una de las pocas huellas originarias que conserva desde el siglo XII en que se erigió rotunda en piedra granítica. Siguiendo el entramado urbano de calles estrechas, patios, plazuelas y casas solariegas se descubre el museo del aceite del Lagar del Mudo . Una antigua almazara del siglo XVIII donde conocer la historia de su propietario ligada al olivo y al viaje de su fruto hasta convertirse en preciado aceite. También sin salir del pueblo se puede seguir el camino del granito desde su formación natural hasta formar parte de este pintoresco pueblo.Castillo y Torre del Homenaje en San Felices de Gallego. Juan Carlos MuñozPaseos de aguaEn las inmediaciones de San Felices, el río Águeda propone una de las rutas senderistas más singulares de los Arribes. El llamado Camino de los Franceses se adentra en el cañón del Águeda durante 11 kilómetros hasta llegar a un puente de piedra de tres arcos que condensa historia en cada sillar. Su nombre oficial es puente de Barba del Puerco , pero la guerra de la Independencia le dejó el apodo con el que todo el mundo lo conoce. Cuando las tropas napoleónicas cruzaron este paso en retirada hacia Portugal, el puente quedó bautizado para siempre. Geología, historia y frontera en una sola caminata.Pero si hay una manera de entender los Arribes en toda su dimensión, es desde el agua. Los cruceros fluviales que parten de Miranda do Douro , en la orilla portuguesa, ofrecen una perspectiva que ningún mirador terrestre puede igualar. La embarcación avanza despacio, con motor eléctrico, sin ruido que espante a sus habitantes: nutrias que se solazan en las pozas, buitres leonados planeando sobre las paredes del cañón, alimoches, águilas reales y perdiceras bordando el cielo con sus círculos lentos. Bajo la superficie, un ecosistema acuático en notable estado de conservación, fruto de más de tres décadas de investigación transfronteriza entre España y Portugal. Aquí el río no separa, lleva años siendo el motivo por el que dos países trabajan juntos.Embarcadero de los cruceros fluviales ecológicos en Miranda de Douro. Juan Carlos MuñozParque Natural Arribes del Duero Cómo llegar: Por la autovía A-6 hasta Tordesillas, donde se toma la A-11 en dirección a Zamora para recorrer los 254 km que las separan. Para llegar a Salamanca desde la A-6 hay que seguir por la A-50 y recorrer 215 km desde Madrid. Qué ver: Crucero Ambiental por los Arribes. Tel. 980 557 557. Web: europarques.com Museo del aceite el Lagar del Mudo, en San Felices de Gallegos. Tel. 619 557 184. Visita guiada a las 13 h. Conviene reservar plaza. Centro de Interpretación de la Cantería, en San Felices de Gallegos. Tel. 619 557 184. Concertar visita. Bodega Bruneo, en Fermoselle. Tel. 618 437 870. Web: bruneo.es. Dónde comer: España, en Fermoselle. Tel. 655 721 268. Web: restauranteespana.es Tal Vez, en Hinojosa del Duero. Tel. 923 997 340. Web: restaurantetalvez.com Mesa del Conde, en San Felices de Gallegos. Tel. 667 277 529. Web: mesadelconde.com Dónde dormir: La Alquería de Mámoles, en Mámoles. Tel. 980 618 454. Web: alqueriamamoles.com La Casa de los Arribes, en Fornillos de Fermoselle. Web: lacasadelosarribes.es Más información: Ruta del vino Arribes. Tel. 608 327 107. Web: rutadelvinoarribes.comTerritorio con almaEn ruta, el silencio solo lo rompe el sonido de los cencerros. Desde las cercas de piedra, el ganado observa con esa calma que solo da pertenecer al lugar. El asno zamorano-leonés, grande, de buen pelaje, señorial a su manera, recuerda que hubo un tiempo en que estas tierras se labraban a su paso. La vaca sayaguesa, descendiente directa del ancestral uro, es otro de esos animales que parecen haber crecido de la misma roca del territorio; raza bovina protegida desde 1979, cuenta hoy con una asociación de ganaderos que vela con rigor por la pureza de su patrimonio genético.El arraigo de estas tierras no es solo animal ni geológico. Es también humano, y tiene la textura de lo que se construye despacio . Los Arribes conocieron el éxodo de mediados del siglo XX y sus pueblos llevan décadas recuperando pulso, primero con los retornos del verano, después con algo más sólido, las personas que eligieron quedarse (o volver) cuando permanecer no era la opción obvia.Alquería de Mámoles, vivienda tradicional convertida en alojamiento rural en Mámoles. Juan Carlos MuñozTeresa Cotorruelo elabora en su obrador de Fornillos de Fermoselle las mermeladas Oh Saúco , pequeños frascos con sabores que saben exactamente a donde fueron hechos. Sara y Francisco llegaron atraídos por la biodiversidad de un territorio que mezcla lo atlántico y lo mediterráneo en pocos kilómetros, y convirtieron esa rareza en quesos y vinos de la quesería y bodega La Setera . En Ahigal de los Aceiteros, Loli Sánchez dirige la única almazara ecológica de Castilla y León, continuando una tradición olivarera familiar con la convicción de quien sabe que el olivo y este suelo llevan entendiéndose desde hace siglos. Y en Formariz, las viñas de El Hato y El Garabato demuestran que las variedades locales que cultivaron los oriundos (olvidadas durante décadas) tienen hoy mucho que decir al mundo.Los Arribes del Duero no son un destino que se agote en un fin de semana. Son un territorio que se va desvelando despacio, como el propio río, con paciencia y en profundidad.",
"title": "Arribes del Duero: experiencias fluviales, gastronomía y vinos al borde del cañón"
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