{
  "$type": "site.standard.document",
  "bskyPostRef": {
    "cid": "bafyreicloramqr6ixhccbkmg4wbyfbqo476e3qzufqkrnrhjmqjlh7juxu",
    "uri": "at://did:plc:psiagxk5f6gl4dlxeatkbuve/app.bsky.feed.post/3mkm3725igve2"
  },
  "coverImage": {
    "$type": "blob",
    "ref": {
      "$link": "bafkreiguf6z3fi6fuxaohhmxiwjfythie3wgn3uuguiutvv6cvakben3mi"
    },
    "mimeType": "image/jpeg",
    "size": 156382
  },
  "path": "/cultura/arte/monumental-anselm-kiefer-transforma-centro-arte-hortensia-20260429040948-nt.html",
  "publishedAt": "2026-04-29T02:37:12.000Z",
  "site": "https://www.abc.es",
  "textContent": "El lenguaje de Anselm Kiefer (Alemania, 1945) se construye desde la materia, desde capas que contienen huellas de tiempo, historia y pensamientos nacidos de la literatura y la filosofía. Es uno de los artistas vivos mejor considerados por la crítica internacional y llevaba más de dos décadas sin exponer en España. Ahora, inaugura en Valencia un proyecto que lleva por título su nombre y apellido.La exposición individual que presenta el Centro de Arte Hortensia Herrero de Valencia, comisariada por Javier Molins, se adentra en ese territorio donde los relatos no se ordenan de forma lineal. Enfrenta al visitante a un conjunto de once obras que funcionan cual entramado de referencias cruzadas entre mitología e historia. No se propone un recorrido cronológico, sino una sucesión de encuentros que invitan a establecer conexiones entre piezas tras observarlas con detalle. El edificio que alberga la muestra, un palacio del siglo XVII rehabilitado determina en gran medida la experiencia. Sus estancias, amplias y de carácter noble, conservan una escala que, aun siendo generosa, se percibe más cercana que la de un museo convencional. El formato expositivo se aleja de la lógica museográfica y se adapta a la arquitectura original, permitiendo que las obras se inserten en un contexto que favorece la proximidad.Noticia relacionada general No No El Centro de Arte Hortensia Herrero celebra el Día de los Museos con Kiefer como protagonista ABC Para hacer posible esta intervención, la fundación ha retirado alrededor de sesenta piezas de otros artistas que forman parte de su colección. Esta decisión responde a una condición expresa del propio Kiefer: sus obras debían presentarse sin interferencias externas, estableciendo un diálogo exclusivo entre ellas. El resultado es un ambiente singular, en el que la presencia del artista se despliega con intensidad, generando una atmósfera envolvente que concentra la atención en un único universo.Molins, gran conocedor del trabajo del artista y de acuerdo con la propia coleccionista Hortensia Herrero, ha optado por construir una narrativa visual en la que los colores actúan enlazando piezas de distintas procedencias y momentos. De tal modo, la exposición adquiere una coherencia que únicamente depende de una continuidad perceptiva. En este contexto, la materialidad de las obras se convierte en un elemento central. Kiefer trabaja con ceniza, arcilla, tierra, alquitrán, minerales y materia orgánica en descomposición, integrando también objetos encontrados. En algunas piezas, hojas reales quedan incorporadas a la superficie, como restos de un tiempo que permanece inscrito. La presencia de sal y los efectos de la electrólisis introducen una dimensión cambiante, ya que las obras continúan transformándose con el paso del tiempo.Detalles de la muestra del alemán Anselm Kiefer presentada en el Centro de Arte Hortensia Herrero (CAHH). EFEExiste, además, una particularidad que revela la concepción del artista respecto a su trabajo: las piezas viajan casi sin embalaje, expuestas al aire. Para él, la materia que compone sus obras se comporta como un organismo vivo, en constante evolución. Si durante el transporte o la exhibición se desprenden fragmentos de sal o de arcilla, ese proceso forma parte de su naturaleza. La idea de una obra cerrada queda así sustituida por una noción más abierta , en la que el paso del tiempo se integra en el significado.Pasado y presenteLas referencias que atraviesan la exposición amplían esta percepción de continuidad entre pasado y presente. Aparecen ecos del amor cortés medieval junto a la presencia de Las flores del mal de Baudelaire, un libro que fue censurado y que aquí se presenta bajo la amenaza de una escopeta, evocando la fragilidad de la cultura frente a la violencia histórica. En el universo de Kiefer, los libros simbolizan el conocimiento, pero también su vulnerabilidad, especialmente en relación con las guerras mundiales.A estas alusiones se suman imágenes como La muerte y la doncella o el mito de Dánae, que introducen nuevas capas de interpretación. Cada obra abre la posibilidad de múltiples lecturas, de manera que el espectador se ve implicado en un proceso activo de construcción de sentido.Entre las piezas recientes destaca 'Elektra' (2024), de casi seis metros por tres de altura. En ella, un rostro femenino parece exhalar hojas caídas, como si la naturaleza emergiera desde el interior del cuerpo. Los tonos verdes que recorren esta obra se repiten en otras, funcionando como un elemento de cohesión dentro del conjunto. En determinadas zonas, el pan de oro introduce destellos que aportan una dimensión simbólica ambigua.Kiefer trabaja con ceniza, arcilla, tierra, alquitrán, minerales y materia orgánica en descomposición, integrando también objetos encontrados. Por su parte, 'Dánae' emerge como una de las obras de mayor impacto dentro de la exposición. Con más de trece metros de ancho, esta pieza combina la referencia mitológica con la imagen del aeropuerto de Tempelhof en Berlín, cargado de connotaciones históricas vinculadas al pasado nazi. La lluvia dorada que atraviesa la composición establece un contraste que invita a reconsiderar la relación entre belleza, poder y memoria.El catálogo que acompaña la muestra, el más extenso dedicado hasta ahora a la obra de Kiefer, amplía este entramado de referencias y permite profundizar en las conexiones que atraviesan las piezas. Funciona como una prolongación del recorrido, ofreciendo herramientas para interpretar un conjunto que, por su complejidad, desborda cualquier lectura inmediata. Además incluye fotografías de las piezas en sala, un listado de las exposiciones a lo largo de toda la carrera del artista y una entrevista que le hace Molins muy reveladora. Kiefer habla de cómo llegó a leer a Quevedo, a través de Octavio Paz, su gusto por cierta melodía de Schubert y su espíritu crítico, que bien resume afirmando que para él los paisajes no son nunca inocentes pues «constituyen un telón de fondo de lo que los humanos son capaces de hacer». Al final, la exposición deja una impresión persistente de las tensiones entre el amor y la guerra. Las obras, sometidas a procesos de transformación, van evolucionando más allá del espacio expositivo. La materia sigue su curso, y con ella, las historias que Kiefer ha depositado en cada superficie , avivadas por la mirada del espectador.",
  "title": "Un monumental Anselm Kiefer transforma el Centro de Arte Hortensia Herrero de Valencia"
}