{
  "$type": "site.standard.document",
  "bskyPostRef": {
    "cid": "bafyreic3lugz5hs67ov4ofhjfl7h6vadl4tpzjyvijdj47r4qs742qgsse",
    "uri": "at://did:plc:psiagxk5f6gl4dlxeatkbuve/app.bsky.feed.post/3mkeczpgvxqp2"
  },
  "coverImage": {
    "$type": "blob",
    "ref": {
      "$link": "bafkreig5p25xq5pezwnmgpun3rbd2seto3nqfhbvcbw6l23urrcdlnrxry"
    },
    "mimeType": "image/jpeg",
    "size": 147391
  },
  "path": "/espana/galicia/muertos-apagon-20260423020058-nt.html",
  "publishedAt": "2026-04-26T00:01:43.000Z",
  "site": "https://www.abc.es",
  "textContent": "La mañana del 29 de abril de 2025, cuando prácticamente toda España había recuperado al fin la electricidad, Francisco, de 81 años, no pudo bajar al bar del pueblo a tomar el café, como hacía cada día. Fue uno de los fallecidos, junto a su mujer Antonia (77) y su hijo Francisco José (57), en su caso aquejado de una discapacidad intelectual, el día del apagón. Los tres vecinos de Taboadela (Orense) se intoxicaron con el monóxido de carbono emitido por un generador cedido por el Ayuntamiento e instalado en su vivienda para suministrarle energía al respirador del padre mientras no volvía la luz. La voz de alarma la dio la trabajadora del servicio de ayuda en el hogar que se acercaba habitualmente hasta el domicilio de esta familia para echarles una mano. Es uno de los episodios más dramáticos de una jornada insólita de la que se va a cumplir el próximo martes un año. Para muchos se quedó en una anécdota que contar a sus nietos, pero para otros derivó en el peor escenario imaginable.Un año después, no es fácil dar con quien quiera hablar públicamente del tema en este pequeño pueblo gallego de menos de 1.500 habitantes. El hecho de que el generador fuese facilitado por el Consistorio, dirigido por el socialista Álvaro Vila, ha terminado convirtiendo el suceso en un asunto político. Noticia relacionada general No No Hogares y empresas pagarían 8.800 millones más por su energía con el cierre de Almaraz Raúl MasaDesde que ocurrió, la oposición ha pedido explicaciones al gobierno local sin recibir una respuesta exhaustiva. A pesar de tratarse del fallecimiento de tres personas, el alcalde niega que el suceso esté en manos de los tribunales, a diferencia de lo que sostienen otras fuentes que apuntan, además, a que pudo ser el propio regidor y su teniente de alcalde quienes manipularon -«con toda la buena voluntad»- el aparato. El problema habría estado en instalarlo -o moverlo después- a un lugar sin la ventilación necesaria.Al fallecer la familia al completo, no queda quién busque esclarecer lo ocurrido. Sus sobrinos, que no viven en Taboadela, no quieren meterse en problemas. Ahora están centrados en la venta de la casa que ha quedado abandonada en una curva justo a la salida de la carretera principal del pueblo, detrás del cartel que indica el final del término municipal. Con las persianas bajadas y la hierba del jardín y la que rodea el inmueble creciendo a su libre albedrío, en el portón del garaje situado en la planta baja de la construcción aún puede intuirse la cinta que la Guardia Civil colocó el día de autos. La verja que cierra las escaleras que conducen a la puerta principal de la casa permanece cerrada con llave.En el portón del garaje aún puede intuirse la cinta de la Guardia Civil. Miguel MuñizA la trabajadora que aquella mañana fue a llamar al timbre le extrañó que nadie abriese. Francisco solía madrugar para salir a la calle. El respirador solo lo necesitaba en algunas ocasiones -por ejemplo, para dormir-, así que durante el día no tenía problemas para recorrer los 300 metros que separaban su casa del único bar del pueblo. Ante la falta de respuesta, dio aviso al ayuntamiento. Fue el teniente de alcalde quien, ya pasado el mediodía, decidió llamar a la Guardia Civil y a los Bomberos que, cuando llegaron a la vivienda y consiguieron acceder, se encontraron con los cuerpos sin vida de los tres miembros de la familia.«Muerte dulce»Todo apunta a que experimentaron lo que se viene en llamar 'muerte dulce': el fallecimiento por inhalación de monóxido de carbono, que va produciendo en las víctimas una sensación de somnolencia hasta que el cerebro deja de recibir el suficiente oxígeno y termina parándose el corazón. En el pueblo hay incluso a quien se le escapa que fue lo mejor que les pudo pasar. La enfermedad empezaba a pasar factura a un matrimonio que, sin más descendientes ni familia próxima, tarde o temprano dejaría solo a un hijo que era muy dependiente. El cartel que indica el final del término municipal, con la casa de la familia fallecida al fondo. Miguel MuñizEn estas circunstancias, ni siquiera quienes viven en las casas más próximas pudieron enterarse de que algo estaba pasando para auxiliarles, comenta preguntado por este diario un vecino que viene de sembrar patatas, azada en mano. Fue una vez empezaron a llegar los servicios de emergencia cuando en el único bar del pueblo empezaron a darse cuenta de que «algo grave había sucedido», relata Avelina, que regenta el establecimiento junto a su marido. Aún hoy sigue vivo el runrún sobre lo qué pasó y sus posibles responsables. Algunos inciden en la falta de datos para apuntar contra el gobierno local, y en la buena fe de sus miembros al ceder el generador, y otros recuerdan que «no fue la muerte de un gato ni la muerte de una sola persona, sino de tres».El padre, que fue durante años juez de paz, era electricista de profesión, y ayudaba a quien se lo pidieseEn lo que coincide todo el mundo a quien se le pregunta es en dibujar a Francisco como un vecino ejemplar. Electricista de profesión, no dudaba en echar un cable a quien se lo pidiese. Se da la circunstancia de que actuó durante muchos años como juez de paz. Mientras él ejerció esa función «nunca se celebró un juicio», comenta uno de los vecinos más próximos a él, porque siempre conseguía que se llegase a un acuerdo. A pesar de que su salud era cada vez peor, seguía siendo habitual vérsele paseando con su hijo por el pueblo, donde aún se vive con conmoción lo que ocurrió a esta familia de «buena gente». «Todavía se nota su pérdida», reconocen.Avelina atiende a un cliente en el único bar de la localidad orensana. Miguel MuñizEn el bar Taboadela quedan ya pocos de los vecinos que compartían charlas, café y partida con él. La edad no perdona. Y desde los años 70, la localidad no ha hecho más que perder habitantes. De los pocos jóvenes que pueden verse por la calle principal de la localidad, la mayoría trabaja en las dependencias con las que cuenta allí Adif para desarrollar la alta velocidad ferroviaria. Con Orense a 15 minutos en coche, pocos han resistido la tentación de mudarse a la capital. Cuando Avelina y su marido se jubilen, el bar desaparecerá. Su hija, que estudió ingeniería, está a otras cosas.Las otras muertes de ese día negroEl caso fatal de Francisco, Antonia y Francisco José no fue el único que se registró durante las horas en las que toda España estuvo a oscuras. En Alzira (Valencia) bastaron unos minutos desde que se fue la luz para que Biliana, de 46 años, perdiese la vida. Padecía una enfermedad rara que le hacía depender de una máquina de oxígeno y de su madre, que había salido un momento a comprar y cuando regresó no pudo hacer nada. En el barrio madrileño de Carabanchel, el incendio causado por una vela le costó la vida a otra mujer de 52 años y provocó la intoxicación de trece personas. Según un estudio preliminar publicado en una revista médica, el apagón pudo precipitar 147 muertesPero el total de víctimas podría ser mucho más elevado. Una investigación preliminar de la revista médica 'Eurosurveillance' advirtió de un aumento de la mortalidad en las fechas posteriores al 28 de abril en España. Según este estudio, con un margen de error amplio, se produjeron 147 muertes más de lo habitual. Sobre todo, en personas de entre 65 y 84 años. Obtener una cifra definitiva de quienes murieron de manera directa o indirecta por el apagón es misión imposible, mientras el Gobierno se esfuerza por atribuirlo a causas multifactoriales y técnicas para echar balones fuera y evitar asumir responsabilidades políticas.Un año después, el Gobierno sigue sin asumir responsabilidades políticas por el apagónComo contrapunto, no todo el mundo corrió aquel día la misma mala suerte. La nota positiva en Galicia la ponen historias como la de Isabel , que consiguió prolongar durante un par de meses la vida de su padre, enfermo de ELA. Su madre la llamó angustiada al ver que la luz no volvía y que las baterías del respirador de su marido empezaban a agotarse. Isa -como la llaman- cogió el coche para completar lo más rápido posible los 35 kilómetros que separan La Coruña de Carballo, donde residían sus padres. Allí recorrió el tramo desde un centro de salud hasta un supermercado en busca de electricidad, con la máquina de su padre al hombro. Finalmente dio con la sede de Protección Civil, donde el joven que la atendió la ayudó a cargar el aparato y a llamar a una ambulancia para trasladar al enfermo a un hospital, porque tampoco tenía cobertura en su teléfono móvil. «Fue uUn ángel caído del cielo», comenta en conversación con ABC. La cara y la cruz de un episodio inaudito con incógnitas por resolver que ya forma parte de la historia reciente de España.",
  "title": "¿Qué pasó con los muertos del apagón?"
}