{
  "$type": "site.standard.document",
  "bskyPostRef": {
    "cid": "bafyreicjrk3ifogszxay37lups4ksq7cd3i74ddsc63jfqjwoxhic7kqvu",
    "uri": "at://did:plc:psiagxk5f6gl4dlxeatkbuve/app.bsky.feed.post/3mjvgrzpbqrw2"
  },
  "coverImage": {
    "$type": "blob",
    "ref": {
      "$link": "bafkreiflso3vvirtpzzev2tazqedybqkrjgyv7imkpzis35qwo4pnst7hq"
    },
    "mimeType": "image/jpeg",
    "size": 72268
  },
  "path": "/familia/educacion/horas-deberes-revolucion-silenciosa-ensena-ninos-aprender-20260420041820-nt.html",
  "publishedAt": "2026-04-20T02:18:20.000Z",
  "site": "https://www.abc.es",
  "textContent": "Durante años, el debate educativo ha girado en torno a los contenidos, las reformas curriculares o el papel de la tecnología en las aulas. Sin embargo, hay una cuestión mucho más profunda —y sorprendentemente menos atendida— que empieza a ganar protagonismo entre expertos, docentes y familias: no tanto qué aprenden los alumnos, sino cómo lo hacen.En ese contexto se publica ' Aprender con estrategia' (Libros Cúpula), una obra que sitúa el foco en una de las carencias más persistentes del sistema educativo: la ausencia de un método claro y generalizado para aprender de forma eficaz. Sus autores, Alejandra Scherk y Ferran Ballard, parten de una premisa tan sencilla como reveladora y es que la mayoría de los estudiantes nunca ha recibido formación explícita sobre cómo estudiar.«Decidimos escribir esta obra para ofrecer a todo el mundo un sistema de aprendizaje que funciona, práctico y basado en evidencia científica », explican. Porque la realidad, añaden, es que «hoy tenemos más información y más herramientas que nunca, pero mucha gente sigue sin tener un método claro para aprender de forma efectiva».Noticia relacionada No No La madre que pide educación financiera en los coles: «Si la renta es una obligación, que formen a los niños» Ana I. MartínezLa escena es conocida en muchos hogares: largas tardes de estudio, apuntes subrayados, sensación de esfuerzo… y, sin embargo, resultados que no siempre reflejan ese trabajo. En ese desfase entre dedicación y rendimiento es donde se sitúa el núcleo del problema. A diferencia de lo que suele pensarse, aprender no es un proceso intuitivo . Requiere comprender cómo funciona la memoria, cómo se organiza la información y qué tipo de esfuerzo favorece la consolidación del conocimiento. «El sistema educativo nos enseña qué estudiar, pero rara vez nos enseña cómo hacerlo», señalan los autores. «Y eso es un problema, porque aprender no es una habilidad intuitiva: tiene principios bastante universales que la psicología cognitiva lleva décadas estudiando».En ausencia de ese aprendizaje explícito, cada alumno acaba desarrollando su propio método de estudio de forma intuitiva. Algunos encuentran estrategias eficaces; otros consolidan hábitos poco productivos que, con el tiempo, resultan difíciles de corregir. Entre ellos, destacan técnicas tan extendidas como engañosas. «El error más habitual es utilizar técnicas pasivas », advierten. «Muchos estudiantes creen que estudiar consiste en releer el texto, copiar apuntes o subrayar páginas enteras. Esas técnicas dan sensación de estudio, pero en realidad generan lo que los psicólogos llaman 'ilusión de conocimiento'».El tiempo no bastaUno de los supuestos más arraigados en la cultura educativa es la relación directa entre horas de estudio y resultados académicos. Sin embargo, la evidencia científica introduce un matiz decisivo. «Estudiar muchas horas solo significa dedicar más tiempo al estudio. Estudiar de forma estratégica implica aprovechar mejor ese tiempo y obtener un mayor rendimiento con el mismo esfuerzo», explican.La diferencia radica en la calidad del trabajo . Mientras el estudio pasivo genera familiaridad, el estudio activo —que exige recuperar información, establecer relaciones o reformular contenidos— es el que consolida el aprendizaje. «Un estudiante que aplica un buen método no necesariamente estudia más que los demás, pero cada sesión de estudio tiene más impacto. Comprende mejor lo que estudia, lo recuerda durante más tiempo y puede aplicarlo cuando lo necesita», apuntan.El planteamiento de 'Aprender con estrategia' se articula en torno a un sistema estructurado que busca transformar la relación del estudiante con el conocimiento. «Nos referimos a aprender con método», explican. «En el libro proponemos un sistema estructurado de ocho pasos que ayuda a comprender mejor la información, organizarla y recordarla durante más tiempo» .Frente a la repetición mecánica, el enfoque propone un aprendizaje activo, en el que el alumno participa de manera consciente en su proceso: conecta ideas, organiza la información y se obliga a comprobar si realmente ha comprendido. «Aprender con estrategia no significa estudiar más horas, sino aprovechar mejor cada hora de estudio. Es la diferencia entre repetir información de forma mecánica y trabajarla activamente comprendiéndola». Entre los elementos que más influyen en el rendimiento académico, uno de los más relevantes es también de los menos visibles: la metacognición . «La metacognición es la capacidad de observar tu propio aprendizaje», explican. «Es esa voz interior que te permite detectar si has entendido algo, si necesitas repasar o si estás avanzando demasiado rápido». Lejos de ser un concepto teórico, se traduce en prácticas concretas: revisar lo aprendido, detectar errores o reformular explicaciones. Los estudiantes que desarrollan esta habilidad no solo estudian, sino que supervisan activamente cómo lo hacen.Estrategias concretas para mejorar desde hoyEl libro traslada estas ideas a propuestas aplicables desde el primer momento. Entre ellas, destacan tres especialmente relevantes. La primera es la elaboración de esquemas , que permite organizar la información y comprender la relación entre conceptos. «Para memorizar bien necesitas organizar las ideas y distinguir qué es realmente importante» .La segunda es la explicación en voz alta, que obliga a estructurar el pensamiento y detectar lagunas. Y la tercera, la evocación : intentar recordar sin apoyo de los apuntes. «Al esforzarte por recuperarla de la memoria, estás fortaleciendo ese recuerdo y marca una gran diferencia en la memoria a largo plazo».En la base de todas estas estrategias hay una idea común: el papel de las preguntas en el aprendizaje. «Cuando te haces preguntas, obligas al cerebro a pensar activamente sobre la información», subrayan los autores. «Y cuanto más piensas sobre lo que estás aprendiendo, más conexiones generas y más memorable se vuelve». Este cambio de enfoque transforma la manera de estudiar: el alumno deja de limitarse a recibir información para empezar a interactuar con ella.El aula que cabe en un móvil Junto a este enfoque basado en la evidencia, están emergiendo nuevas formas de acercar el aprendizaje a los alumnos. Entre ellas destaca el fenómeno de LauriMathTeacher, profesora que ha conseguido convertir los retos matemáticos en una cita habitual para miles de estudiantes. Sus propuestas, breves y accesibles en apariencia, están diseñadas para provocar algo esencial: que el alumno piense . «Busco que descubran que pensar puede ser divertido. Los retos son breves a propósito: no intimidan, pero obligan a detenerse, observar y hacerse preguntas», explica.Más allá del contenido concreto, el objetivo es desarrollar una habilidad transversal. «Lo que intento es que entrenen algo mucho más importante: la curiosidad y el hábito de pensar antes de responder». En ese proceso se produce un cambio significativo en la percepción del propio alumno. «Cuando un niño se da cuenta de que puede resolver un problema con su propio razonamiento, sin memorizar una fórmula, ocurre algo muy potente: empieza a confiar en su capacidad para pensar», destaca.El valor del proceso y del errorUno de los rasgos más relevantes de estos retos es la importancia que se concede al proceso frente al resultado. «Porque el aprendizaje real está en el camino, no en el número final», afirma. «Cuando un niño prueba ideas, se equivoca, cambia de estrategia y vuelve a intentarlo, está desarrollando habilidades clave: analizar, comparar, descartar opciones». En este contexto, el error deja de percibirse como un obstáculo y pasa a convertirse en una herramienta de aprendizaje. «Si solo buscamos el resultado correcto, perdemos lo más valioso. En cambio, cuando valoramos el proceso, el error deja de ser un fracaso y pasa a ser una herramienta para aprender». La relación entre estos retos y las estrategias de aprendizaje es directa. «Un buen reto obliga a hacerse preguntas: ¿qué sé?, ¿qué me falta?, ¿puedo verlo de otra forma?», explica. «Ese tipo de preguntas son estrategias de pensamiento». De este modo, las matemáticas dejan de ser una sucesión de ejercicios para convertirse en un entrenamiento cognitivo más amplio, centrado en el análisis y la resolución de problemas.Cuando el aprendizaje entra en casaEl impacto de estos retos ha traspasado el entorno digital y ha llegado a muchas familias, que los utilizan como una actividad compartida. «Lo más importante es no convertirlo en un examen», advierte. La clave está en el tipo de interacción . «En casa funciona muy bien hacer preguntas en lugar de dar pistas directas. Por ejemplo: '¿Por qué has pensado eso?' o '¿Se te ocurre otra forma de hacerlo?'», comenta.El resultado es doble. Por un lado, el niño ordena su pensamiento al explicarlo; por otro, cambia su relación con la asignatura. «Cuando los niños explican su razonamiento, lo están ordenando y fortaleciendo. Y además ocurre algo bonito: las matemáticas se convierten en una conversación, no en una obligación». La coincidencia entre el enfoque de   'Aprender con estrategia' y propuestas como la de LauriMathTeacher apuntan a una misma dirección: la necesidad de combinar un método sólido con formas de implicar activamente al alumno en su propio aprendizaje.Mientras la investigación aporta un conocimiento cada vez más preciso sobre cómo funciona la memoria y qué estrategias favorecen la comprensión, experiencias como los retos matemáticos trasladan esas claves al terreno práctico, obligando al estudiante a enfrentarse a los contenidos desde la reflexión y no desde la repetición. En ese punto, los autores del libro insisten en una idea que sintetiza su propuesta: «Aprender con estrategia no significa estudiar más horas, sino aprovechar mejor cada hora de estudio. Es la diferencia entre repetir información de forma mecánica y trabajarla activamente comprendiéndola, relacionándola con otras ideas y poniendo a prueba lo que sabes».«El aprendizaje real está en el camino, no en el número final» LauriMathTeacherEsa misma lógica está presente en el planteamiento de los retos que cada semana plantea LauriMathTeacher, donde el objetivo no es tanto llegar a una solución como comprender el proceso. «Porque el aprendizaje real está en el camino, no en el número final», explica. «Cuando un niño prueba ideas, se equivoca y vuelve a intentarlo, está desarrollando habilidades que van mucho más allá de ese problema concreto». En último término, ambas visiones coinciden en situar el aprendizaje en un terreno distinto al habitual, en el que la actividad del alumno resulta determinante. «Cuando te haces preguntas, obligas al cerebro a pensar activamente sobre la información», subrayan los autores. «Y cuanto más piensas sobre lo que estás aprendiendo, más conexiones generas y más memorable se vuelve».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Comedores escolares: el cambio que llega y pone el foco en lo que comen… y en lo que dejan en el plato noticia Si El alumnado con necesidades especiales crece un 75% y tensiona el sistema educativo noticia Si La IA se usará para detectar dificultades de aprendizaje, pero no TEA o TDAHComo resume LauriMathTeacher, «cuando un niño se da cuenta de que puede resolver un problema con su propio razonamiento, empieza a confiar en su capacidad para pensar», una idea que, según los expertos, resulta clave en cualquier proceso de aprendizaje.",
  "title": "Ni más horas ni más deberes: la revolución silenciosa que enseña a los niños a aprender mejor"
}