{
"$type": "site.standard.document",
"bskyPostRef": {
"cid": "bafyreibma7r35c2kyf5xo5ycxk7okn4lytiazlc2szhnqepiv2zyyl4ngq",
"uri": "at://did:plc:psiagxk5f6gl4dlxeatkbuve/app.bsky.feed.post/3miou4onjge42"
},
"coverImage": {
"$type": "blob",
"ref": {
"$link": "bafkreieybb3dnrcq3naolbl2o7k2bx5hbbccq6mkesxoom76ktzbtznqyu"
},
"mimeType": "image/jpeg",
"size": 126300
},
"path": "/espana/madrid/madrid-acoge-nuevo-divino-encuentro-tras-dos-20260404190242-nt.html",
"publishedAt": "2026-04-04T18:00:19.000Z",
"site": "https://www.abc.es",
"textContent": "No hay cabida en este Sábado Santo para la duda. Quiso el de Arriba, aun en su luto, concedernos un sol sin velos, del que se resguardan hasta los anderos. Nada de titubeos ni timideces. En esta jornada santa, los cielos encapotados, protagonistas indeseados de las crónicas pasadas, no encuentran acomodo. Así, aguardan en plena calle de Alcalá los madrileños más fieles, que este año no temen al cielo. Resacosos, diríamos, tras su reencuentro anoche con Medinaceli, quien, muy lejos de la aparición contenida del año anterior, cuando apenas asomó por la puerta de la basílica de la plaza de Jesús para dejarse ver, realizó su recorrido procesional habitual. Frente a la iglesia de la Concepción Real de Calatrava, hogar de las tallas que pondrán fin a la Semana Santa madrileña, no hay plegarias ni jaculatorias. El firmamento hace tiempo que así lo dictó: a las cuatro de la tarde, el templo abrirá sus puertas para que el Cristo de la Soledad, yacente, se encuentre con su dolorosa Madre en la plaza de la Villa, tras recorrer el Madrid más sacro. Dentro, se ajustan con delicadeza su peineta las manolas y se santiguan los más tempraneros nazarenos ante el cuerpo inerte del Yacente. «El templo es para estar en silencio. Y si no, todo el mundo al sol», se escuchaba con firmeza desde el fondo de la capilla, recordando la solemnidad que exige la antesala de la estación de penitencia. Y es que, a media hora del inicio, el interior de la basílica ofrecía un singular contraste: los 120 tamborileros de la cofradía de la Exaltación de la Santa Cruz de Zaragoza, vestidos de blanco, rompían visualmente con el rigor del hábito y el tercerol negro del cortejo de la Virgen. A su alrededor, cámaras de diversos medios de comunicación, mayordomos ultimando detalles -«¿quiénes necesitan intercomunicadores?»- y familiares de los hermanos que, minutos después, acompañarían a las sagradas imágenes en el epílogo de la Pasión madrileña. Noticia relacionada reportaje No No La Puerta del Sol quiso ser, en Viernes Santo, el Monte Calvario Alfonso J. UssíaSe buscó en ese intervalo de tiempo al Hermano Mayor, Luis Fernando López Perona, quien entre el ajetreo y «con los nervios a flor de piel» hizo su primera alusión al clima, recordando que «este año debemos disfrutar lo que no pudimos vivir en los dos últimos. La fe se lleva por dentro, y disfrutar se disfruta de otra manera. Pero hoy hemos tenido la fortuna de procesionar y de llevar nuestra fe a la calle». Los que escribíamos abandonamos la parroquia a eso de menos diez, cuando uno de los miembros repasaba el estado del cortejo con voz diligente. Comenzaban a ordenarse los primeros tramos y a desfilar los ramos florales. «¿El estandarte de Cristo dónde está?», preguntaba con premura. «Detrás de los zaragozanos, por favor». «Cofradía de la Exaltación, echaos hacia adelante», se sucedían las indicaciones entre el murmullo contenido. «Los acreditados que vayan saliendo por la puerta de atrás», disponía finalmente, mientras el engranaje de la procesión se ajustaba con precisión para dar comienzo a una de las citas más sobrias y esperadas de la Semana Santa.El Divino Encuentro, en la Plaza de la Villa, esta tarde de Sábado Santo Tania SieiraEn el exterior, la espera se vivía con más ansia que nervios. «Este año sí que salimos, pase lo que pase», comentaba un cofrade veterano, aún con el recuerdo reciente de las dos últimas primaveras en las que la amenaza de lluvia impidió que Nuestra Señora de la Soledad y Desamparo y el Cristo Yacente de Calatrava procesionaran conjuntamente.Madre -obra dieciochesca de Juan Pascual de Mena- e Hijo -esculpido el siglo pasado en los míticos talleres de Olot-, salieron a la hora prevista. Tras acudir el hermano mayor de la Hermandad de La Borriquita de Madrid al templo para realizar la tradicional llamada a las puertas y entregar la llave de la iglesia al ayuntamiento, Jesús Yacente vio la calle a las 16.09 horas. Casi quince minutos después, asomaron los bastones de madera que portan y sustentan el paso de la Soledad, iniciando así su recorrido.Ambas imágenes abandonaron la iglesia al son del himno nacional, en un gesto solemne que marcaba el inicio de la última procesión, la del Divino Encuentro, careciendo la capital de talla de Resucitado. A las cuatro y media, ya recorrían las calles principales del Madrid más vetusto, como la calle de Alcalá, la Puerta del Sol y la calle Mayor.No fue hasta pasadas las seis y media cuando la del Desamparo alcanzó la Plaza de San Miguel, mientras el Yacente avanzaba por la calle Mayor. Allí se le dedicó una saeta, entonada con fervor. Ambos se separaron, a la altura de la travesía de Bringas, para reencontrarse momentos después en la plaza de la Villa, donde los más pequeños se encaramaban a las columnas de las farolas, mientras madrileños y visitantes se protegían del sol con la mano a modo de visera, contemplando cómo la Virgen llegaba desde la calle del Codo.Los tamborileros retomaron sus sones, marcando con ritmo solemne el avance del cortejo. Frente a la Casa de la Villa, con su Hijo reposando en un sencillo sepulcro, la saeta volvió a resonar. Aunque, para desazón de los presentes, el micrófono dejó de funcionar, impidiendo que la cantaora se escuchara a la distancia. Aún así, los aplausos no se hicieron esperar.La Virgen fue la primera en retomar su camino por la calle Mayor, continuando por calle Bordadores, Calle Arenal, Puerta del Sol, Carrera de San Jerónimo, Plaza de Canalejas, Calle Sevilla y Calle Alcalá, hasta regresar a la Iglesia de la Concepción Real de Calatrava, bajo un sol más veraniego que primaveral. Que la misma fortuna acompañe el próximo año su estación de penitencia.",
"title": "Madrid acoge de nuevo el Divino Encuentro tras dos años sin procesión"
}