Un repaso para los libros de historia
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February 12, 2026
El Atlético aplastó al Barça , lo hizo añicos hasta que no quedó nada del actual campeón de la Copa sobre el césped del Metropolitano. Cuatro goles antes del descanso fueron el justo premio a un equipo que rozó la perfección, finísimo con el balón, eufórico por un ambiente legendario en las gradas y con muy mala uva a la hora de fusilar en los metros finales, en parte gracias a los martillazos de Lookman y a la exquisitez técnica de Griezmann , que pasa sin duda por uno de los momentos más fructíferos de su carrera. Mientras, los azulgranas ejecutaron su peor versión de la temporada, tímidos y asustados, hasta patéticos unos leones que parecían depredadores inesquivables. La vuelta no se jugará hasta el tres de marzo, pero solo un milagro en el Camp Nou impedirá que el Atlético no esté en la final de La Cartuja. Atlético de Madrid 4 - 0 Barcelona Ida de las semifinales de Copa del Rey Atlético de Madrid: Musso; Nahuel, Pubill, Hancko, Ruggeri; Giuliano, Llorente, Koke (Le Normand, m.90), Lookman (Almada, m.73); Griezmann (Baena, m.68), Julián Álvarez (Sorloth, m.68). Barcelona: Joan García; Koundé, Cubarsí (Araujo, m.77), Eric García, Balde (Cancelo, m.77); Casadó (Lewandowski, m.37), De Jong, Fermín (Gerard Martín, m.87); Lamine Yamal, Dani Olmo, Ferran Torres. Goles: 1-0: Eric García (propia puerta), min.7; 2-0: Griezmann, m.14; 3-0: Lookman, m.33; 4-0: Julián Álvarez, m.45+2. Árbitro: Martínez Munuera (comité valenciano). Amonestó a Casadó, Giuliano, Llorente, Baena, Olmo, Pubill, Fermín y Ruggeri. Expulsó a Eric García. Olía a azufre en las inmediaciones del Metropolitano, noche oscura la madrileña hasta que se prendieron las bengalas, mar flamígero que mostraba los miles de rostros de un ejército en pie de guerra para recibir al Barça y dar un salto hacia la final de Copa . Tal era la gasolina emocional en las gradas que los locales salieron en tromba, superados sus rivales, ángel Joan García después de ejecutar uno de sus milagros tras un tiro de Griezmann sin oposición. Parecía el comienzo de una nueva noche estelar del meta, por eso sorprendió que no controlase un sencillo envío de Eric . El esférico pasó por debajo de su pie, pareció rebasar la línea de gol, pero para matar las especulaciones, por ahí estaba Lookman para encañonar y hacer el 1-0. El golpe inicial había sido durísimo y por eso el Barça, temeroso, se refugiaba en posesiones estériles, muy alejadas del ciclón ofensivo que suelen proponer los de Flick . Traicionaba a su alma en definitiva, aunque el Atleti tenía mucha culpa, salvaje su fútbol, imponente su presión. Así, Griezmann coronó una espectacular jugada con un disparo al palo largo, raso y colocado. Joan García ya le había privado de la felicidad. Esta vez, el galo dio en la diana. Incluso en sus horas más bajas, heridos de muerte los catalanes, su colmillo es feroz y Fermín , en medio de un caos provocado por un córner de Olmo, consiguió alcanzar al larguero. Una isla en una vorágine incontrolable, en cualquier caso. Con solo 25 minutos disputados, los rojiblancos habían gozado de ocasiones para haber sentenciado el choque. Es posible que por eso, Lookman , que ha dotado a los colchoneros del instinto asesino que tanto necesitaban, hizo el tercero a centro de Giuliano y sutil desvío de Julián. Tal era el panorama que Flick sacó a Lewandowski en el 37 por un derrumbado Casadó, consolado por su maestro antes de adentrarse en el banquillo. La salida del polaco fue intrascendente. El Barça estaba en caída libre e incluso Julián fue capaz de acabar con una sequía de más de 100 días sin perforar la red al borde del descanso. Se intuyó que la reprimenda del técnico teutón al descanso debió de ser para el recuerdo, porque Cubarsí , en el 52, estrenó el marcador para los visitantes, aunque el VAR, después de una injustificable revisión de seis minutos, lo anuló por un fuera de juego casi imperceptible, de esos que tanto enfurruñan a los puristas. Parecía que el Atleti, tras el susto, recularía, protegería su codiciada ventaja. Sin embargo, su ambición estaba intacta tras el paso por los vestuarios y buscaba más y más gracias a las genialidades de Griezmann , su hombre más destacado. Lo intentaba el Barça más por suavizar su bochornosa noche que por gen competitivo, y eso que un gol podía avivar la chispa de una hipotética remontada en la vuelta. Pese a todo, su hacer era desastroso, casi hasta patético, tan falto de sangre que convertía a sus rivales en superhéroes, innegociable para los atléticos pelear cada balón como si fueran ellos los que iban por detrás en el marcador. La defunción catalana se produjo después de una durísima entrada de Eric a Baena , saldada con expulsión directa, y otro golpe innecesario de Olmo , que encima casi provoca una tangana por pura frustración. «Que viva España» fue el cántico elegido por la grada del Metropolitano para mofarse de sus huéspedes. El estruendo con el pitido final entró de lleno en los libros de historia.
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