Lobo con piel de lobo
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February 11, 2026
Escribo esta crónica desde el salón de mi casa, con una gata intentando morderme las manos -supongo que le molesta el sonido de las teclas a estas horas -, tras haberme resultado imposible coger un tren en la estación de Valladolid , que a las siete de la mañana parecía el camarote de los hermanos Marx, con un caos absoluto en los andenes, trenes cancelados y cientos de personas con ojeras incapaces de ir a trabajar por culpa de una huelga que, según el gobierno, jamás ha tenido lugar. Así que, cuarenta minutos después, me tuve que dar la vuelta para, al menos, poder seguir la comparecencia del presidente desde la pantalla de mi iPad y no en una caja de Faraday bajo de la sierra de Guadarrama, sin cobertura, café ni expectativas.No deja de tener gracia que la comparecencia que no pude cubrir en directo por culpa del caos ferroviario tuviera como objetivo explicarnos que ese caos no existe, que está todo en mi imaginación y que no hay motivo para preocuparse. En total treinta minutos dedicó Sánchez a dar explicaciones sobre la situación del ferrocarril, treinta. A insultar a la oposición, en cambio, dedicó hora y media. ¿Y cómo es esto posible? Pues gracias a un ejercicio de filibusterismo parlamentario marca de la casa. La comparecencia estaba convocada para informar sobre la posición del Gobierno en los distintos encuentros internacionales en los que ha participado, así como sobre los últimos accidentes y la situación actual del servicio ferroviario. Es decir, tras los decretos ómnibus, nace la comparecencia ómnibus, que es aquella en la que el presidente diluye un tema incómodo entre otros muchos. Es posible que esté a punto de inventar el debate sobre el estado de la nación. En cualquier caso, el presidente quiso partir la comparecencia en dos: una primera parte sobre trenes y una segunda sobre la situación internacional. El objetivo real no era diferenciar temas sino utilizarlos de modo instrumental, es decir, poner cara de cordero degollado en la primera parte, cuando hay más tiempo para el debate, y quitarse el disfraz en la segunda para sacar al lobo, obviando casi por completo la situación internacional y utilizando la maniobra para insultar a la oposición sin límite de tiempo, que era el objetivo real. Tengan en cuenta que, en una apoteosis ventajista, cada grupo de la oposición tendría, de este modo, apenas cinco minutos para responderle en la parte en la que se ensañaba. Así, la primera parte resultó un ejercicio de cinismo por parte de Sánchez, que no asumió una sola responsabilidad, nos aburrió con datos sin importancia y evitó todos aquellos puntos que arrojan dudas. Defendió la gestión de Puente y hasta sacó pecho por lo bien que se ha hecho todo. Luego a Patxi le faltó pedir para el ministro una medalla al mérito civil y la gran cruz de Isabel la Católica. Y todo esto tendría algo de gracia si no fuera porque los cadáveres de casi cincuenta personas aun están calientes y en nuestra cabeza sigue resonando el discurso inolvidable de Liliana Sáez, que sirve, entre otras cosas, para que valoremos el de Sánchez como lo que es: un pequeño trocito de miseria entre el serrín mojado del suelo en un bar de carretera.Se ha dicho que Sánchez está demacrado. Y es cierto. No me gusta apelar al físico de la gente, pero esta vez es diferente: Sánchez tiene arrugas detrás de las arrugas. Tras una primera capa epidérmica descolgada, arrugada y flácida se vislumbra otra capa -la dérmica, supongo-, con arrugas diferentes, musculares, como si los pómulos, las cuencas de los ojos y las mejillas fueran de otra persona que habita dentro de él. Pensé que quizá sería el disfraz: arrugas en el de cordero y arrugas en el de lobo. O puede que le estén saliendo arrugas en las arrugas. En cualquier caso, a esta intervención, también arrugada, respondieron todos los grupos. Destacable Rufián, portavoz de sí mismo y ya no de Esquerra, que utilizó su tiempo para defender a Sánchez, a Puente y, sobre todo, para defender su campañita de promoción personal, por lo demás tan vergonzosa en cuanto a nivel y a enfoque que le auguramos un cierto éxito. Y si no terminará, por perfil, con un video podcast de entrevistas. Reseñable también Abascal, que aprovechó el debate sobre el accidente de tren para hablar de la carne sintética, de Bill Gates, de Soros, de Maduro, de Groenlandia y de que la corrupción mata. En este sentido, Sánchez le echó en cara más tarde que no hubiera dicho nada de «si el millón de euros que las juventudes de Vox robaron a la gente durante la Dana» mata o no mata. Un minuto dedicó Vox al tren. Y destacable también Feijóo, que, en una intervención dura, bronca y posiblemente efectiva, aconsejó al presidente que se buscara un abogado, dando a entender que sería demandado por negligencia con resultado de muerte.Ignoramos si eso significa que el PP se personará o no; o sí, pero no; o no, pero sí. En cualquier caso, el anuncio quedó en el aire, flotando a media altura, como el azufre de la niebla según Dickens.Pero llegó la segunda parte, con Sánchez desbocado ya en su disfraz de lobo, que es el disfraz de cuando no lleva disfraz. Y dejó paso a su perfil más efectivo. Porque de trenes no sabe. Ni de apagones. Ni de sanas, ni de Covid, ni de promesas. Pero de marrullería política, instinto asesino e inteligencia táctica va sobrado. Así que utilizó un tiempo incuantificable, pero, en toco caso, larguísimo, en ensañarse con Feijóo y con Abascal. De modo, todo hay que decirlo, exitoso. También es cierto que se lo ponen muy fácil y que en España solo hay algo con menos nivel que el gobierno. Y es la oposición. Con Feijóo lo tenía hecho: «¿Cuándo da el paso y se afilia a Vox? Porque si habla como Vox, anda como Vox y pacta con Vox… pues quítese el complejo y afíliese a Vox. Si es que le dejan». Le acusó de convertir al PP en Vox, con referencias a la fundación del partido: «Su origen está más en la defensa del franquismo que en ladefensa de la democracia». La alusión, huelga decirlo, no solo es falsa y malvada -si hay alguien en España con un discurso contrario a Vox es José María Aznar, el fundador del partido- sino, que además oculta las vergüenzas de un partido -el PSOE- que es el que más tiene que callar en España en cuanto a actitudes guerracivilistas y contrarias a la democracia. Posteriormente acusó a Feijóo de que Quiles, Alvise, PP y Vox sean ya lo mismo y que no sorprenda la subida de Vox cuando han sido blanqueados de esta manera. Y afirmó que ya nadie se cree lo que salió de aquel Congreso del PP donde se prometió que jamás gobernaría con Vox. La cámara de realización enfocaba en ese momento a Tellado, que se reía. Supongo que de vergüenza.Y Sánchez se centró entonces en Abascal, a quien aludió hasta en cinco ocasiones: «Señor Abascal», le llamaba Sánchez, mientras el líder de Vox -bueno, es un decir- hacía caso omiso y charlaba con María Ruiz. «Señor Abascal», insistía Sánchez, de modo inútil. «Señor Abascal», le invocaba por tercera vez, en un silencio incómodo que Abascal utilizaba para mostrar su desprecio, como los niños enfadados que hacen como que no te oyen, sin saber que lo que trasladaba era solo una extraña mezcla de cobardía y pasivo-agresividad. «Señor Abascal», por cuarta vez, entre el eco. Y así cinco veces, sin éxito, como en una guardería. Bueno, en las guarderías no saben hablar. Y esto se llama Parlamento, porque es donde se habla, donde se dialoga. En cualquier caso, insistió Sánchez por ese pitón para preguntarle por qué el principal asesor de su partido, Kiko Méndez Monasterio, cobra 26.700€ al mes y cuánto cobra entonces él. «Suba y aclare cuánto gana», insistió, de modo inútil. «Bueno, en cualquier caso, convendrá conmigo en que esa no es la España que madruga». Y se percibió, en ese momento, un cambio radical de actitud de Sánchez con Vox. Ya los tiene en las cifras que quería y pasa a la fase II. Si la primera fase consistía en hacerlos crecer, ahora se trata de convertirse públicamente en el freno a su crecimiento -¿eres la sed o el agua en mi camino, que diría Machado-. Se acercan, quizá, las elecciones.Certero de nuevo Feijóo en su última réplica a Sánchez, recordándole que ni ha depurado responsabilidades, ni sabe lo que hace, ni tiene un plan, ni escuchó a los expertos, ni a los maquinistas, ni se ha realizado un correcto mantenimiento de las vías y que todo lo allí sucedido era una falta de respeta a las víctimas, algo que es estrictamente cierto. Y a Sánchez le volvimos a ver arrugas en las arrugas, fallos en los músculos tensos, descolgamientos en la epidermis y dobleces del disfraz de la dermis.Para descubrir que, posiblemente, lo único que esté sucediendo es que Sánchez se esté convirtiendo delante de todos en su gran creación: la extraña criatura del Doctor Frankenstein.
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