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"textContent": "¿Quién es Mariano Barbacid ? La pregunta ha corrido como la pólvora estos días en redes sociales y ha dado la vuelta al mundo. El bioquímico madrileño de 76 años, pionero hace cuatro décadas en demostrar que el cáncer tiene una causa genética, se ha convertido en el nuevo fenómeno de masas, el líder de una generación que nunca había reparado en él. Detrás del 'fenómeno Barbacid' hay un estudio científico con un avance prometedor que había pasado desapercibido hasta que la fundación Cris contra el Cáncer , financiadora de sus investigaciones, presentó en rueda de prensa los resultados: cuarenta y cinco ratones con cáncer de páncreas habían sido curados con una triple terapia desarrollada por el científico y su grupo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). Ahí empezó la revolución. Y también la polémica. «El premio Nobel tiene nombre y apellido», se pedía en redes, además de financiación urgente para apoyarle. Pero el entusiasmo también dio paso a otro debate: ¿se han comunicado con excesivo optimismo los primeros pasos de una investigación? Mariano Barbacid no se esconde. Tampoco cuando se le pregunta por la situación del CNIO , el centro de excelencia del cáncer que puso en pie en 2003, y ahora es noticia por historias de lucha de poder, ceses y una investigación abierta por la Fiscalía Anticorrupción.—¿Le ha sorprendido el impacto que ha tenido la investigación contra el cáncer de páncreas?—Totalmente. Cuando publicamos el 'paper', le contamos a la Fundación Cris contra el Cáncer lo que habíamos conseguido gracias a ellos, porque llevan financiándonos generosamente desde hace seis años. Nos han dado ya más de 3,5 millones de apoyo. Cuando decidimos comunicarlo públicamente, yo creo que nadie se esperaba este impacto, sabiendo además de que se trata solo de un paso nada más, que no es definitivo. Hemos tenido la fortuna de conseguir una terapia experimental que elimina completamente los tumores de páncreas y lo hace de forma definitiva. Esos tumores no regresan. El problema de otras terapias contra el cáncer ya existentes es que el tumor se hace resistente.—Usted insiste en que se trata de una terapia experimental, pero el mensaje que ha quedado es que ha curado el cáncer de páncreas. Es conocedor de que en ratones se curan muchas cosas que después se caen en los siguientes pasos de la investigación. ¿Le preocupa que se haya sobredimensionado su hallazgo?—Totalmente. Somos conscientes de ambas cosas. En primer lugar, que se puede caer la investigación. Es decir, puede que el ser humano no reaccione igual que el ratón. Por otro lado, es posible que, desgraciadamente, los pacientes de cáncer, sus allegados o sus familiares lean la noticia, podríamos decir, oblicuamente. Yo ya he recibido más de 500 emails de personas que nos piden entrar en los ensayos clínicos, aunque hemos advertido que esto no se podrá hacer todavía. La gente no escucha, pero no podemos hacer nada contra eso. He contratado a una persona para que conteste estos correos y les explique que, por ahora, no hay ensayo clínico ni lo habrá hasta dentro de tres o cuatro años. Además de insistirles en que es una terapia experimental y que, como usted decía, puede no funcionar cuando lo probemos en humanos. También es cierto que hemos logrado lo que nunca se había conseguido. Evidentemente, no se puede ir a la clínica sin haberlo testado antes de forma experimental.«He recibido ya 500 correos electrónicos de pacientes que piden entrar en el ensayo clínico, aunque hemos advertido que esto no se podrá hacer todavía»—Esas peticiones de enfermos desesperados que le llegan al CNIO también están llegando a los hospitales. ¿Cómo se maneja la comunicación de un hallazgo científico básico para evitar falsas expectativas? Sabe que está recibiendo críticas por ello.—Si me lo permite, no estoy de acuerdo. Creo que lo hemos explicado bien. Tanto en mi primera rueda de prensa donde comuniqué el hallazgo como en mis intervenciones posteriores en programas de televisión. En todo momento lo dejé muy claro. No hay una intervención en la que no haya dicho que esto era un tratamiento experimental y que solo lo hemos demostrado en ratones, con todas las limitaciones que tiene. Ahora, el que no quiere oír… Esto es un poco como los penaltis en el fútbol, el equipo al que le pitan no lo ve nunca, aunque hayan puesto la zancadilla. ¿Qué quiere que diga? ¿Que lo que hemos conseguido es una tontería? Este descubrimiento no ha sido fácil. Llevamos más de veinte años trabajando en este proyecto y no es flor de un día. —Su investigación necesita tiempo y dinero. Ha pedido 30 millones para comenzar la primera fase de un ensayo clínico. Parece mucho dinero, pero en realidad no lo es tanto para la industria farmacéutica. ¿No se ha interesado ninguna?—Lo que nosotros necesitamos inicialmente son 5 millones para llevar la parte preclínica y conseguir que los inhibidores que hemos usado en ratones sean tolerables para el ser humano y tengan mejores propiedades farmacológicas. Este proceso va a llevar tres o cuatro años antes de iniciar el ensayo clínico con pacientes. Admito que me apresuré al hablar de los 30 millones que necesitábamos. El desarrollo del fármaco dependerá de la industria farmacéutica. Estoy seguro de que cuando estemos listos para entrar en el ensayo clínico habrá una empresa que se interese.—¿Hubiera avanzado en su investigación solo con el soporte de los recursos del CNIO?—No.—No ha necesitado pensar mucho la respuesta.—Perdón por ser tan escueto, pero sin la Fundación Cris contra el Cáncer, esto no hubiera sido posible. —La financiación privada con la que ha contado también ha abierto un debate por la falta de apoyo oficial.—En el Reino Unido, la mitad de la investigación en cáncer se financia a través de fondos privados. Cancer Research UK, una institución privada, mantiene cinco centros de investigación, algunos más grandes que el CNIO. Yo creo que el debate público-privado es un dilema para el entretenimiento. Lo que hay que hacer es que todo el mundo aporte lo que debe aportar. Luego, si hay alguno que no lo hace, eso es ya otra historia. «Cuando yo dejé la dirección del CNIO había un superávit de 32 millones de euros, ahora el centro tiene un déficit de 4 millones»—¿Y el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas aporta lo suficiente?—Cuando yo dejé la dirección del CNIO, a pesar de las mentiras que se han dicho, había un superávit de 32 millones de euros. Esta cifra está en el BOE, no son imaginaciones mías. Ahora el centro tiene un déficit de 4 millones. Evidentemente, las infraestructuras siguen sirviendo y el CNIO es un muy buen sitio donde hacer investigación. Además, corre a cargo de los sueldos del personal. En mi equipo hay seis personas pagadas por el centro. El problema es la falta de subvención nominativa que aporta el Gobierno. Cuando se puso en marcha, la entonces ministra de Sanidad, Ana Pastor, nos concedió una subvención de 20 millones. Veinticinco años después, la aportación es de 21 millones. Nadie se ha preocupado en este tiempo de que aumente, aunque fuera solo el efecto de la inflación. Por eso algunos equipamientos han envejecido. También los científicos nos buscamos dinero para trabajar con proyectos europeos y estatales. Es decir, sí que hay una financiación pública, pero el nivel que hemos necesitado para este proyecto solo ha sido posible gracias a Cris contra el Cáncer.—¿Le duele cómo está el CNIO ahora?—Sí.—Vuelve a ser escueto, ¿no se anima a desarrollar la respuesta?—No, no la desarrollo. —Lo cierto es que el centro de investigación es más noticia ahora por las polémicas que arrastra que por su producción científica.Yo lo que le puedo decir es que el problema del CNIO no es la corrupción. No hay corrupción. Es un bulo. Eso es lo único que le voy a decir y me va a perdonar. «El principal problema del CNIO no es la corrupción. No hay corrupción. Eso es un bulo»—¿Se refiere a su etapa como director, a la de María Blasco o a la gerencia?Exactamente, a la gerencia. Se ha podido hacer alguna cosa mal, pero las cuentas del centro se han revisado todos los años por el Tribunal de Cuentas y entiendo que ellos saben detectar la corrupción. Insisto, el principal problema del CNIO ahora no es la corrupción.—¿Y cuál es entonces?—Otra cosa. Le repito que es un gran centro para estar y para hacer investigación. El problema del CNIO, como he dicho, es que tiene un déficit de 4 millones de euros. ¿Cómo es posible que un exempleado del centro denuncie que se han robado 25 millones si ese era el cien por cien del dinero presupuestado? ¿Cómo va a ser la corrupción del cien por cien del presupuesto? Vamos, ni Ábalos.Barbacid, en el centro, junto a la ministra de Sanidad, Ana Pastor, y el presidente del Gobierno, José María Aznar el día de la inauguración del CNIO en 2003 JAIME GARCÍA—El CNIO se creó a su medida. ¿Cambiaría hoy algo?Se hizo a la medida de un centro de investigación americano. Yo no inventé nada y no me atribuyo ningún mérito. Simplemente copié lo que ya había visto en Estados Unidos. —Recientemente se lamentaba del problema de no estar integrado en un hospital, por no tener muestras de tumores para sus experimentos. —Eso sí, ahí me ha pillado. Eso sí lo haría hoy distinto. Ahora hay un proyecto del Hospital 12 de Octubre de Madrid para poner en marcha un centro de investigación dentro del hospital. —¿Y le tienta ese proyecto del 12 de Octubre? ¿Se iría del CNIO?—Si hubiera un centro igual y con mejores condiciones, sí. —¿Disfruta ahora más de su etapa de investigación, más que de las responsabilidades de la dirección?—Todo tiene su etapa. Yo dejé la dirección voluntariamente en 2011, cuando el CNIO tenía un prestigio europeo. Eso ahora no pasa. Ahora tendremos al frente a un gran director, Raúl Rabadán, que ha llegado a lo más alto de la Universidad de Columbia. Esperamos que el centro recupere el lustre que tuvo en su primera etapa.—¿Cómo es el ambiente en un centro donde se temen despidos y conviven dos exdirectores, usted y la cesada María Blasco, con otro nuevo por llegar?—Yo procuro inmiscuirme lo menos posible. Tengo mucho trabajo científico que hacer. Mire, yo no hago pasillo. Creo que con eso también lo he dicho todo. Espero que Raúl Rabadán, el nuevo director, consiga lo que yo tenía: más flexibilidad. Ahora el CNIO funciona como un ministerio cualquiera. Necesita una gestión propia, con las auditorías necesarias, para atraer talento. Para que científicos de primer nivel quieran venir, como Raúl Rabadán.",
"title": "«Lo que hemos conseguido en cáncer de páncreas no se había logrado nunca. ¿Quiere que diga que es una tontería?»"
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