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  "textContent": "Se habla con frecuencia de la «ola coreana» o 'hallyu', un neologismo que celebra la expansión global del entretenimiento surcoreano. Sin embargo, al sumergirse en las aguas de este fenómeno, se descubre que su verdadera fuerza reside en una transparencia crítica: la disección de la crudeza con la que sobrevive la clase media. Hye-young Pyun es una de las autoras que mejor surfea estas corrientes. Su tabla, revestida de moqueta de oficina, conoce bien las maniobras del sistema; Pyun lleva años explorando la alienación laboral y considera que nunca se es lo suficientemente insistente con este malestar. «Las oficinas no solo producen insatisfacción», afirma con rotundidad. «Provocan un desprendimiento de la identidad. Dejas de ser quien eras antes de fichar. Parece algo improbable, pero es posible que tu personalidad se disuelva bajo el estrés de un oficio que te daña».Esta advertencia es un eje vertebrador en su narrativa y late con fuerza en 'El pozo' (Destino), su novela más reciente presentada en España. Aquí, el conflicto laboral es solo una anécdota más en la tragedia de Ogi, un protagonista que despierta en la cama de un hospital, desorientado y despojado de toda autonomía física. Víctima de un accidente de tráfico devastador que segó la vida de su esposa y lo dejó en una parálisis total, Ogi se aferra a las promesas médicas de una rehabilitación rigurosa. Sin embargo, con el fallecimiento de su mujer, su mundo se reduce a un vínculo único y asfixiante: su suegra, quien emerge como su única conexión con la vida y, paradójicamente, como su juez más implacable.Noticia Relacionada estandar Si Longares: «Sin amigos, ya puedes escribir el Quijote que no lo publican» Bruno Pardo PortoEsta soledad no es, sin embargo, un refugio. En manos de Pyun, el cuidado se transforma en una forma de vigilancia extrema, y presenta así una revisión de la famosa 'Misery', una de las obras cumbres del autor prohibido, Stephen King . La suegra, una mujer devastada por el duelo y armada con una determinación gélida, decide trasladar a Ogi a su antigua casa. Es en este escenario donde la autora despliega su metáfora más perturbadora, una que nació de la lectura de Darwin y de la propia etimología coreana: el «humano-planta».Hacia las profundidades«En coreano», explica Pyun, «llamamos a los paralíticos así: 'singmul-ingan'. Por ese concepto empezó el personaje de Ogi. Quería retratar a alguien que se ha quedado como si fuera una planta, alguien que necesita la mano de otro pero que, al final, se convierte en una presencia incómoda». Esta inmovilidad no es solo física; es una «enfermedad de los árboles», un estado donde el ser humano sigue vivo pero ha perdido su capacidad de agencia, quedando a merced de quien lo riega o, en este caso, de quien cava a su alrededor.El jardín de la casa, que antes era un símbolo de estatus y ocio, se convierte bajo la pala de la suegra en un espacio de revelación macabra. Mientras ella cava un agujero cada vez más profundo, Ogi asiste desde su postración a la exhumación de su propia vida. Pyun utiliza estos huecos en la tierra para hablar de las fugas en la memoria y en la moral de su protagonista: a medida que Ogi recupera fragmentos de su pasado, descubrimos que su éxito profesional y su matrimonio eran fachadas sostenidas por el desprecio y la negligencia. Esta exploración de los rincones más oscuros de la psique y el hogar no ha pasado desapercibida para la crítica internacional: con 'El pozo', Hye-young Pyun se alzó en 2017 con el prestigioso Premio Shirley Jackson, un galardón que reconoce las cumbres de la literatura de suspenso psicológico y horror gótico contemporáneo.«Hay una especie de poder en quien cuida», reflexiona la autora sobre la tortuosa relación entre ambos. «Cuando eres una persona enferma, tienes que confiar o apoyarte en el otro, y eso genera una jerarquía». En 'El pozo', este poder se ejerce con sutileza: la suegra no necesita levantarle la mano a Ogi; le basta con la administración arbitraria de sus necesidades básicas. Es una venganza que no busca la muerte rápida, sino la asfixia lenta de quien siempre se creyó superior. «Muchos lectores me han comentado lo que llaman 'la venganza de la suegra'. En ese sentido, las mujeres suelen interpretar el libro como una residencia de la razón femenina, un acto de justicia ante años de silencio»Esta dinámica de poder es, según Pyun, el vehículo para rescatar una voz que el patriarcado coreano suele enterrar: la de la mujer. «En la superficie es la historia de Ogi», admite, «pero adentro se puede ver la voz de la mujer que es controlada por él. Se puede interpretar como una residencia de la razón femenina, una venganza hacia la cosificación». Ogi, que durante años vio a su esposa como un objeto de su propiedad, termina convertido en el objeto definitivo, una posesión inerte en manos de su suegra. Esta dicotomía entre el verdugo y la víctima se vuelve aún más turbia cuando el libro sale de la imprenta y cae en manos de los lectores. Pyun ha observado con fascinación cómo la recepción de 'El pozo' se fractura de manera casi quirúrgica dependiendo del género de quien sostiene la novela. Existe un abismo de percepción que la autora no duda en señalar como un reflejo de las tensiones latentes en la sociedad.«Dependiendo del punto de vista, la historia se trata de varias formas», explica Pyun. «Muchos lectores me han comentado lo que llaman 'la venganza de la suegra'. En ese sentido, las mujeres suelen interpretar el libro como una residencia de la razón femenina, un acto de justicia ante años de silencio». Para el público femenino, el pozo del jardín es un espacio de liberación donde la suegra recupera la autoridad que el sistema le arrebató a su hija. Sin embargo, la reacción masculina suele ser el polo opuesto: «He notado que los hombres tienden a defender a Ogi. Ven en él a un hombre que lo intentó todo y que ahora sufre una tragedia desproporcionada«.Esta brecha interpretativa subraya la maestría de Pyun para crear personajes grises. Ogi no es un villano de manual, sino algo mucho más reconocible y, por tanto, más aterrador: el arquetipo de la clase media surcoreana. «Es el hombre que ha cumplido con todas las casillas del éxito -el título académico, el estatus de profesor, el matrimonio estable- solo para descubrir que su seguridad era un espejismo», dice la autora. «Ogi es un personaje que durante toda su vida ha intentado hacerlo lo mejor posible dentro de los estándares establecidos», afirma. «Es el ejemplo de esa clase media que persigue el éxito con ferocidad. Pero al final de toda esa carrera, después de conseguir supuestamente 'lo mejor', lo que le llega es el vacío». Para Pyun, la tragedia de Ogi es la tragedia de una generación que ha sacrificado su identidad en el altar del ascenso social, solo para encontrarse con que, en el momento de mayor vulnerabilidad, el sistema y la familia que creían haber construido se vuelven contra ellos.Al retratar esta caída, Pyun no solo busca generar terror psicológico, sino invitar a una reflexión sociológica sobre la soledad del individuo moderno. «Quería que los lectores vieran la soledad que tiene el ser humano al final de esa búsqueda», concluye. En el universo de Pyun, la clase media no es un refugio seguro, sino una cuerda floja; y el pozo no es solo un hoyo en la tierra, sino el destino inevitable de quien ha vivido una vida de apariencias hasta quedarse, literalmente, sin voz.",
  "title": "Hye-Young Pyun: «Trabajar puede hacer que tu personalidad e identidad desaparezcan»"
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