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La Cataluña que madruga

ElPlural.com - Diario digital progresista [Unofficial] June 28, 2026
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Sábado, 8 de la mañana. Estación de metro de Sant Andreu, en Barcelona. La inmensa mayoría de los pasajeros del convoy al que subo han nacido en otros países. Por la ropa que llevan y las mochilas que cargan, todo hace pensar que se dirigen a sus puestos de trabajo. Algunos deben trabajar en la construcción; otros, en el cuidado de personas mayores o en la limpieza de hogares. Algunos probablemente viven en Santa Coloma de Gramenet; otros, en barrios obreros como Bon Pastor, Baró de Viver o Trinitat Vella. Sus rostros me hacen pensar en Lisa, una mujer de origen boliviano a la que conozco y que cada día se levanta a las cuatro de la madrugada para limpiar las instalaciones de una empresa. O en Rooney, un camarero nacido en Venezuela que trabaja muchísimas horas para poder pagar una habitación y, al mismo tiempo, enviar recursos económicos a su familia. Esta sí que es la Cataluña que madruga. O, dicho de otro modo, la Cataluña que es señalada por una extrema derecha cada vez más fuerte en las instituciones y que ve en el pluralismo social, cultural y religioso una amenaza. Muchas de estas personas de origen extranjero se beneficiarán de la regularización extraordinaria aprobada por el Gobierno español. O, mejor dicho, la administración pública corregirá una situación injusta: la de las personas que llevan años y años trabajando sin tener acceso a los derechos más básicos de ciudadanía. En Barcelona, el Ayuntamiento calcula que, como mínimo, serán 24.000 los residentes que solicitarán esta medida. Mientras el metro se va deteniendo en las distintas estaciones, pienso qué deben pensar los pasajeros con quienes comparto vagón cuando leen en los medios de comunicación o en las redes sociales las propuestas de Aliança Catalana o Vox en materia migratoria. Imagino que deben indignarse al ver cómo estas formaciones ultraconservadoras los utilizan como mera mercancía política. Y supongo que aún les debe doler más saber que en el edificio donde viven o entre los padres de la escuela de sus hijos haya electores que han confiado, precisamente, en las opciones que abogan por el debilitamiento de sus derechos o, en los casos más extremos, por su deportación. Esto resume bastante bien la estrategia de los partidos de extrema derecha: el enfrentamiento entre los sectores más vulnerables. Y es en ese terreno donde han conseguido multiplicar su representación en los parlamentos. El gran problema, sin embargo, es que desde hace demasiado tiempo el debate sobre cómo abordar el reto migratorio —con el objetivo de garantizar los derechos y los deberes tanto de los autóctonos como de los recién llegados— ha quedado muy desdibujado por la deshumanización de estos últimos. Una deshumanización impulsada por la extrema derecha y asumida, en algunos casos, por partidos conservadores —y no tan conservadores— por miedo a ser devorados electoralmente por las fuerzas nacional-populistas. En otras palabras, ha sido un debate más emocional que racional, excesivamente condicionado por las cuestiones identitarias y los discursos del miedo. En este...

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