La terapia infantil que no se receta: correr, nadar y jugar al aire libre
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June 27, 2026
Las vacaciones de verano suelen asociarse con el descanso, los viajes y la desconexión de las obligaciones escolares. Sin embargo, para millones de niños también representan una oportunidad única para recuperar algo que durante gran parte del curso queda relegado a un segundo plano: el movimiento. Tras meses marcados por las clases, los deberes y el tiempo frente a las pantallas, el verano ofrece un escenario ideal para volver a correr, saltar, nadar o jugar al aire libre. Y ese cambio puede tener efectos mucho más profundos de lo que parece a simple vista. En una época en la que preocupan cada vez más problemas como la ansiedad infantil, las dificultades de concentración o el exceso de tiempo sedentario, los especialistas recuerdan que muchas de las herramientas más eficaces para favorecer el bienestar de los menores son también las más sencillas. La actividad física regular no solo contribuye a mantener un peso saludable o a fortalecer músculos y huesos. También desempeña un papel fundamental en el equilibrio emocional, la calidad del sueño y el desarrollo psicológico de los niños. Diversos estudios científicos han demostrado que el ejercicio influye directamente sobre el funcionamiento cerebral, la regulación de las emociones y la capacidad para afrontar situaciones de estrés. Por eso, cada vez más expertos consideran que fomentar un estilo de vida activo desde la infancia es una de las mejores inversiones posibles en salud física, salud mental y calidad de vida futura. Lejos de ser una simple actividad de ocio, correr, montar en bicicleta o jugar al aire libre puede convertirse en una auténtica terapia natural para los más pequeños. El movimiento, un aliado natural contra el estrés y la ansiedad La infancia no está exenta de preocupaciones. Aunque muchas veces se asocie esta etapa con la despreocupación y el juego, los niños también experimentan situaciones de estrés, frustración, nerviosismo o dificultades para gestionar sus emociones. A ello se suman factores cada vez más presentes en la sociedad actual, como la sobreestimulación digital, los horarios exigentes o la reducción del tiempo de juego espontáneo al aire libre. En este contexto, la actividad física emerge como una herramienta especialmente valiosa para ayudar a los menores a encontrar un mayor equilibrio emocional. La práctica regular de ejercicio permite canalizar energía, reducir tensiones acumuladas y favorecer una mejor gestión de las emociones cotidianas. La Dra. Belén Zalba Altinier, cardiologa pediátrica especialista del Servicio de Pediatría del Hospital Universitario General de Villalba, destaca precisamente este papel del ejercicio en el bienestar psicológico de los menores. Según explica, "la actividad física actúa como una herramienta muy potente de regulación emocional y de la conducta". La especialista señala además que "muchos niños con impulsividad, irritabilidad o hiperactividad mejoran claramente cuando realizan actividad física diaria". Se trata de una realidad que muchas familias observan en su día a día: después de correr, jugar o practicar deporte, los niños suelen mostrarse más tranquilos, más receptivos y con una mayor capacidad para gestionar situaciones que antes podían generar conflictos o enfados...
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