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    "Sociedad"
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  "textContent": "La escena se repite cada verano en miles de familias. Durante semanas, los niños cuentan los días para irse de campamento, preparan la mochila con ilusión y hablan emocionados de las actividades que harán lejos de casa. Sin embargo, cuando llega el momento de despedirse, aparecen las lágrimas, las dudas y los temidos dolores de tripa de última hora. Lo que parecía una experiencia emocionante se convierte, en apenas unos minutos, en un torbellino de nervios. Y, en muchas ocasiones, quienes peor lo pasan no son los hijos, sino los propios padres. La ansiedad de separación, el miedo al primer campamento y la sobreprotección familiar se han convertido en fenómenos cada vez más frecuentes. El primer campamento con pernocta representa uno de los grandes hitos emocionales de la infancia. Para muchos niños supone la primera vez que duermen lejos de casa, sin la rutina habitual y sin la presencia constante de sus padres. Esa mezcla de emoción y miedo es completamente normal, pero también puede traducirse en síntomas físicos reales. Dolores abdominales, cefaleas, náuseas o incluso bloqueos emocionales forman parte de una respuesta biológica al estrés que, lejos de ser imaginaria, tiene una explicación científica. Las somatizaciones infantiles son especialmente frecuentes en momentos de cambio y separación. A todo ello se suma un elemento clave: el estado emocional de los adultos. Los niños observan constantemente las reacciones de sus padres y utilizan esas señales para interpretar si una situación es segura o peligrosa. Una despedida cargada de tensión, advertencias excesivas o lágrimas contenidas puede aumentar la inseguridad del menor incluso sin que los adultos sean conscientes de ello. Por eso, especialistas en infancia insisten en que la manera en la que los padres gestionan ese primer gran \"despegue\" emocional resulta fundamental para que la experiencia termine siendo positiva. La seguridad emocional que transmiten los adultos influye mucho más de lo que muchas familias imaginan. Cuando los nervios acaban en dolor de tripa La Dra. Tamara Carrizosa, Jefe de Servicio de Pediatría en el Hospital Universitario General de Villalba, explica que muchos de los síntomas que aparecen antes de un campamento tienen un origen emocional completamente real. \"La ansiedad puede activar el sistema nervioso autónomo que va a liberar las hormonas de 'estrés' como la adrenalina y el cortisol\", señala. La especialista recuerda que esa respuesta fisiológica puede provocar molestias físicas auténticas en el niño. La ansiedad también se manifiesta en el cuerpo, especialmente en la infancia, cuando todavía resulta difícil expresar ciertas emociones con palabras. Por eso, insiste en desmontar una idea muy habitual entre algunos adultos: pensar que el niño exagera o inventa el malestar para evitar irse. \"El niño no está fingiendo, lo que siente es real, solo que el origen es emocional\", aclara la pediatra. El cuerpo infantil responde al miedo y a la incertidumbre igual que el de un adulto, aunque los menores todavía no tengan las herramientas necesarias para verbalizar lo que les ocurre. En la infancia, las emociones suelen expresarse a través del cuerpo...",
  "title": "El primer campamento: por qué a veces los padres lo pasan peor que los hijos"
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