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"publishedAt": "2026-06-19T05:23:28.000Z",
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"textContent": "Donald Trump ha terminado sentado en el lugar que durante años prometió no ocupar. Después de denunciar el acuerdo nuclear de Barack Obama como una rendición ante Teherán, Washington acepta ahora con Irán una fórmula que recupera parte de aquella lógica: negociación, alivio económico, supervisión internacional y aplazamiento de los asuntos más difíciles. La Casa Blanca lo presenta como una victoria de fuerza. Sus críticos lo leerán como una rectificación encubierta. El memorando de 14 puntos entre Estados Unidos e Irán contempla un alto el fuego de 60 días, la reapertura del estrecho de Ormuz, la retirada progresiva de presión militar estadounidense en la zona y una negociación posterior sobre el programa nuclear iraní. A cambio, Teherán reafirma que no desarrollará armas nucleares y acepta que los aspectos más sensibles de su programa queden bajo supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica. La paradoja está servida. Trump abandonó en 2018 el pacto nuclear impulsado por Obama porque lo consideraba débil, insuficiente y demasiado generoso con la República Islámica. Ocho años después, su Administración vuelve a admitir una premisa parecida: Irán no va a desaparecer del tablero regional y su programa nuclear no puede gestionarse solo con sanciones, amenazas o bombardeos. MÁS INFORMACIÓN El acuerdo entre EEUU e Irán sale a pagar a Trump: miles de millones para los persas Del \"peor acuerdo\" al pacto inevitable El trumpismo construyó durante años una parte de su identidad exterior sobre el rechazo al JCPOA, el acuerdo nuclear de 2015. Aquel pacto no eliminaba por completo la capacidad nuclear iraní, pero la limitaba y la sometía a inspecciones. Para Obama, era una forma de ganar tiempo, reducir riesgos y evitar una guerra mayor. Para Trump, era \"el peor acuerdo\". El nuevo entendimiento no es una copia exacta. Nace en otro contexto, después de una escalada militar y con el estrecho de Ormuz como centro de gravedad económico. Pero sí recupera un principio incómodo para Trump: la contención negociada. La Casa Blanca podrá vender (y su inmensa maquinaria mediática ya está en ello) que esta vez Irán llega más debilitado, bajo presión militar y obligado a aceptar condiciones. Pero el resultado provisional no se parece a una capitulación iraní. Se parece más a una transacción. El borrador incluye alivio de sanciones, licencias para transacciones financieras, posibilidades de reconstrucción económica y la reapertura de vías comerciales. También deja para más adelante las grandes preguntas: qué ocurrirá exactamente con el uranio enriquecido, qué límites aceptará Teherán, cómo se verificará cada compromiso y qué papel tendrán sus misiles o sus aliados regionales. Ahí está el punto débil del relato triunfalista. Si el acuerdo es tan sólido, ¿por qué lo esencial queda pendiente? Y si la presión máxima era suficiente, ¿por qué Washington vuelve a ofrecer incentivos? Irán no gana la guerra, pero tampoco la pierde La lectura más incómoda para Washington es que el acuerdo reconoce de facto la resistencia del régimen iraní. Teherán no obtiene una victoria limpia, pero sí evita el escenario que Trump había prometido...",
"title": "Trump rompe con Trump: EEUU acepta con Irán la lógica que combatió con Obama"
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