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Dinamo Zagreb-Estrella Roja: la patada de Boban que convirtió un partido en símbolo de la guerra de los Balcanes

ElPlural.com - Diario digital progresista [Unofficial] June 5, 2026
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Hay partidos que pasan a la historia por un gol, una remontada o un título. El Dinamo Zagreb-Estrella Roja del 13 de mayo de 1990 lo hizo por todo lo contrario: porque nunca se jugó. Aquel día, en el estadio Maksimir, el fútbol dejó de ser fútbol y se convirtió en el reflejo más violento de una Yugoslavia que estaba a punto de romperse. Los ultras del Dinamo, los Bad Blue Boys, y los del Estrella Roja, los Delije, se enfrentaron en una batalla campal que terminó con decenas de heridos, detenidos y una imagen para la historia: Zvonimir Boban, capitán del Dinamo, lanzando una patada a un policía que golpeaba a un aficionado croata. Un clásico cargado de política antes de empezar Aquel partido llegaba en un contexto explosivo. Yugoslavia vivía una tensión nacionalista creciente y el fútbol ya funcionaba como una prolongación de los conflictos políticos. En Croacia, las elecciones habían reforzado a fuerzas partidarias de una mayor autonomía e independencia, mientras que en Serbia crecía un discurso nacionalista muy potente alrededor de Slobodan Milošević. El Dinamo Zagreb representaba mucho más que a un club croata. Para buena parte de su afición era un símbolo de identidad nacional. El Estrella Roja de Belgrado, por su parte, era uno de los grandes equipos yugoslavos y reunía a una hinchada serbia radicalizada, los Delije, liderados en aquella época por Željko Ražnatović, Arkan, que años después sería uno de los nombres más siniestros de las guerras balcánicas. El partido que nunca empezó El ambiente se rompió incluso antes del pitido inicial. Los ultras del Estrella Roja empezaron a arrancar asientos y a lanzarlos hacia las zonas ocupadas por aficionados croatas. También se produjeron enfrentamientos con la policía y con seguidores del Dinamo. La tensión fue creciendo hasta que los Bad Blue Boys saltaron al campo y el estadio Maksimir se convirtió en una zona de batalla. La policía yugoslava intentó contener a los aficionados del Dinamo, pero las imágenes de aquel día dejaron una sensación muy extendida entre los croatas: que los agentes actuaban con mucha más dureza contra ellos que contra los ultras serbios. Esa percepción fue clave para que el caos se convirtiera en símbolo político. El encuentro quedó suspendido y nunca llegó a disputarse. La patada de Boban En medio de los disturbios apareció la escena que convertiría aquel partido en leyenda. Zvonimir Boban, entonces joven capitán del Dinamo Zagreb, vio cómo un policía golpeaba a un aficionado croata sobre el césped. El futbolista corrió hacia él y le lanzó una patada voladora. La acción tuvo una enorme carga simbólica. Para unos, fue una agresión a un agente de autoridad. Para otros, se convirtió en un gesto de defensa frente a un aparato policial que muchos croatas identificaban con el poder yugoslavo y serbio. Boban fue sancionado por la Federación Yugoslava con seis meses de suspensión, lo que le dejó fuera del Mundial de Italia 1990 con Yugoslavia. Años después, el propio policía implicado llegó a perdonar públicamente...

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