Dinero congelado por Ormuz: el difícil intercambio que negocian EEUU con Irán
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May 27, 2026
Las negociacions entre Estados Unidos e Irán no se están jugando solo en una mesa diplomática. Se juegan también en los bancos, en las rutas petroleras, en las bases militares del Golfo y en los despachos de Israel. El posible acuerdo tiene una fórmula tan simple como explosiva: fondos congelados para Teherán a cambio de garantías en el estrecho de Ormuz. Pero detrás de ese intercambio hay una partida mucho más amplia, con Donald Trump tratando de vender una victoria, Irán buscando oxígeno económico e Israel presionando para que cualquier concesión no refuerce a su principal enemigo regional. El punto de partida es claro. Irán reclama acceso a activos bloqueados en el extranjero, con especial atención a los fondos retenidos en Qatar. Iran International ha cifrado esa exigencia en 12.000 millones de dólares y la presenta como una condición de Teherán para avanzar en un memorando con Washington. Para el régimen iraní, no se trata solo de dinero: es la prueba tangible de que negociar con EEUU sirve para aliviar sanciones, recuperar recursos y resistir sin aparecer derrotado ante su propia población. Washington, en cambio, necesita otra cosa: que Irán garantice la navegación en Ormuz. Por ese estrecho pasa una parte esencial del comercio energético mundial y su cierre ha elevado el riesgo de una crisis global de precios. Reuters ha informado de que una de las fórmulas sobre la mesa contempla que Irán reabra Ormuz unos 30 días después de un eventual acuerdo de paz y retire minas navales durante ese periodo para permitir el paso seguro de los buques. Qatar, mediador y caja fuerte Qatar ocupa una posición clave porque combina dos papeles: mediador político y pieza financiera. Doha puede facilitar el canal de conversación entre Washington y Teherán, pero también aparece como el lugar donde se encuentran algunos de los fondos que Irán reclama. Esa doble condición le permite actuar como intermediario de una fórmula que evite una transferencia directa políticamente tóxica para EEUU, pero que dé a Teherán acceso suficiente al dinero como para seguir negociando. La arquitectura del pacto tiene que resolver una pregunta central: quién mueve ficha primero. Si Estados Unidos desbloquea fondos antes de que Ormuz quede despejado, Trump quedará expuesto a la acusación de haber pagado por una promesa iraní. Si Irán retira minas y normaliza el tráfico marítimo antes de tocar el dinero, Teherán habrá entregado su principal carta de presión sin una compensación inmediata. Ahí está el nudo de la negociación. Por eso las conversaciones parecen avanzar por fases. Primero, una prórroga del alto el fuego. Después, la reapertura de Ormuz y algún mecanismo de acceso controlado a fondos iraníes. Más adelante, el asunto más difícil: el programa nuclear. Trump y Netanyahu, dos calendarios distintos El factor más imprevisible sigue siendo Donald Trump. El presidente estadounidense necesita presentar el pacto como una victoria de su presión militar y negociadora, no como una concesión. Ha alternado mensajes de optimismo con amenazas de nuevos ataques si las conversaciones fracasan, una ambivalencia que...
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