Reuniones, órdenes y presiones en la Cadena Ser de Ourghourlian: del "menos novio de Ayuso" al adiós de Àngels Barceló
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May 26, 2026
Algo se rompió hace meses en los pasillos de la Cadena SER. Primero fueron los rumores. Después llegaron las reuniones discretas, los relevos fulminantes y las llamadas incómodas. Más tarde aparecieron las órdenes editoriales. Y finalmente, el golpe simbólico que ha terminado de confirmar el terremoto interno que vive PRISA: la salida de Àngels Barceló tras más de dos décadas siendo una de las voces más reconocibles de la radio española. Dentro del grupo mediático ya es compicado hablar de cambios aislados. Lo que se vive desde la llegada de Joseph Oughourlian al control absoluto de PRISA es una reconfiguración total del poder editorial y empresarial de la compañía. Un proceso acelerado durante las últimas semanas y que ha dejado un clima de enorme tensión tanto en la redacción de la SER como en los despachos de Gran Vía. Fuentes internas describen conversaciones constantes entre directivos y comunicadores, encuentros para medir lealtades y un nuevo modelo de mando mucho más vertical. El mensaje que ha ido bajando desde la cúpula es claro: menos autonomía editorial y más control estratégico sobre los contenidos. Ese nuevo rumbo quedó especialmente retratado en una de las frases que más malestar ha provocado dentro de la emisora. Según voces de la emisora, desde la nueva dirección se pidió a varias figuras de la SER "hacer menos seguidismo del Gobierno" y dejar de hablar "tanto del novio de Ayuso". Una instrucción que muchos periodistas interpretaron como un intento explícito de modular la agenda política de la emisora. La frase no pasó desapercibida porque llegaba precisamente en una semana especialmente delicada para Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso. Mientras el Tribunal Supremo recibía declaraciones clave sobre el pacto con Fiscalía por el fraude fiscal confesado y se conocían nuevos reveses judiciales para el empresario, desde parte de la dirección se reclamaba rebajar la intensidad de la cobertura. En la redacción, varios profesionales entendieron aquella orden como una línea roja. No solo por el contenido político, sino porque simbolizaba algo más profundo: la sensación de que el criterio periodístico empezaba a quedar subordinado a intereses empresariales y estratégicos. La transformación, sin embargo, venía gestándose desde semanas atrás. La llegada de Pilar Gil como consejera delegada de PRISA Media marcó un punto de inflexión. Después llegaron los relevos en la SER con la salida de Ignacio Soto y el aterrizaje de Jaume Serra. Más tarde, Fran Llorente asumió el control de contenidos. Paralelamente, figuras históricas del grupo fueron perdiendo peso o directamente abandonando la estructura. En apenas un mes, PRISA pasó de ser un grupo donde convivían diferentes sensibilidades internas a convertirse en una estructura mucho más centralizada alrededor del núcleo de confianza de Oughourlian. La sensación de inquietud fue creciendo en paralelo a los cambios. Sobre todo porque muchos trabajadores empezaron a percibir un desplazamiento ideológico en la línea editorial de la emisora. Un giro menos incómodo para determinados poderes políticos y económicos y más orientado hacia una supuesta "centralidad" que internamente muchos traducen directamente como...
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