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Vox se jacta de que su pacto racista con el PP en Extremadura es sólo el principio: "Es el suelo"

ElPlural.com - Diario digital progresista [Unofficial] April 19, 2026
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El acuerdo, sellado apenas 24 horas antes de la entrevista concedida por José María Figaredo y Carlos H. Quero, consolida la presidencia de María Guardiola gracias al respaldo de Vox, pero también evidencia el precio político pagado por el Partido Popular: asumir un programa que desplaza el foco desde la gestión hacia la exclusión. Bajo el lenguaje técnico de "prioridad nacional" o "desarrollo normativo", se esconde una hoja de ruta que busca restringir derechos básicos y redefinir quién merece protección institucional. Según ha publicado elPaís, el nuevo pacto entre el Partido Popular y Vox en Extremadura no solo redefine equilibrios políticos, sino que ha abierto una grieta ética en la gestión de lo público: "No se seguirá subvencionando a las ONG que acogen a inmigrantes irregulares, tampoco a las de la Iglesia". La frase, pronunciada sin titubeos por los negociadores ultras, no es un detalle menor, sino el eje de una estrategia que convierte la vulnerabilidad en campo de batalla ideológico. Los negociadores de Vox, bajo la sombra de Santiago Abascal, no han disimulado su ambición: el pacto extremeño es solo "el suelo". Es decir, una base mínima desde la que endurecer aún más las condiciones en futuras comunidades o incluso a nivel estatal. La estrategia no es improvisada; es incremental. Primero se normaliza el discurso, luego se institucionaliza. La crudeza del planteamiento se hace aún más evidente en la gestión de la acogida. José María Figaredo lo ha dejado claro: las comunidades están "al 120% de su capacidad" y, en ese contexto, la respuesta ante nuevos repartos de menores migrantes será un "ni uno más". Si el Gobierno central intenta trasladar a más personas, la respuesta será tajante: "No hay plazas". No es solo una declaración política; es una advertencia institucional. Y lo más significativo es que, ante la pregunta de quién asumiría esa decisión, la respuesta ha sido inequívoca: todo el Ejecutivo extremeño. Es decir, también el PP. Ese mismo consenso se extiende a uno de los puntos más polémicos: el corte total de financiación a organizaciones que trabajan con inmigrantes. No habrá excepciones. Ni siquiera para entidades históricas como Cáritas. "Sin importar cuál es su confesión", han insistido los negociadores de Vox, que llegaron a justificar la medida asegurando que no se puede destinar dinero público a lo que consideran una "promoción de la invasión y la migración masiva". La retórica no es nueva, pero sí lo es su traducción directa en políticas públicas con el aval del PP. La imagen ha resultado especialmente reveladora: mientras Vox endurece el discurso hasta extremos abiertamente ideológicos, el PP lo asume y lo firma. Incluso cuando eso implica romper convenios con organizaciones de la propia Iglesia, tradicional aliada en muchos territorios. La "sonrisa" de María Guardiola tras el acuerdo, mencionada por los negociadores, se convierte así en símbolo de una aceptación que va más allá de lo táctico. En paralelo, las palabras de Santiago Abascal sobre la Iglesia —sugiriendo que algunos obispos "hacen negocio" con la inmigración— han añadido otra...

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