Irán pone sus propios límites y se niega a negociar mientras duren los bombardeos
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March 26, 2026
Irán ha marcado una línea que no piensa mover mientras siga recibiendo ataques. Teherán revisa una propuesta de Estados Unidos para frenar la guerra, pero rechaza sentarse a negociar el cierre del conflicto bajo las bombas. El mensaje lo verbalizó este miércoles el ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, al precisar que el intercambio de mensajes a través de mediadores "no significa negociaciones con Estados Unidos". La posición iraní no es nueva, pero ahora aparece formulada con más nitidez: primero deben cesar los ataques; después, en todo caso, se hablará. La discrepancia con Washington es abierta. Donald Trump sostiene que hay avances, asegura que está hablando con "la gente adecuada" en Irán y ha presentado un plan de 15 puntos remitido por mediación de Pakistán. Ese documento incluiría exigencias de gran calado: retirada de las reservas iraníes de uranio altamente enriquecido, fin del enriquecimiento, límites al programa de misiles balísticos y corte del apoyo a aliados regionales de Teherán. La Casa Blanca no ha detallado el contenido, pero sí ha endurecido el tono: su portavoz, Karoline Leavitt, advirtió de que, si Irán no asume que ha sido derrotado militarmente, Trump ordenará golpes "más duros que nunca". En Teherán, la respuesta pública ha sido la contraria a la que describe la Casa Blanca. El presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, ya había despachado como "fake news" las informaciones sobre contactos directos con Estados Unidos. Días antes fue aún más lejos: aseguró que Irán no buscaba un alto el fuego y defendió que el agresor debía ser golpeado "en la boca" para que aprendiera la lección. No son frases lanzadas al azar. Encajan con una estrategia de presión: negar la escena negociadora que Washington intenta vender y, al mismo tiempo, dejar claro que Teherán no quiere aparecer negociando desde una posición de debilidad. Ese cálculo político convive con una realidad material mucho más áspera. Los bombardeos han castigado Teherán y otras ciudades con una intensidad que varios residentes describieron a Reuters como la peor desde el inicio de la ofensiva. "Era como el infierno", relató uno de ellos. En el este de la capital, dos edificios residenciales de cinco plantas fueron alcanzados, con plantas enteras arrancadas y equipos de rescate sacando cadáveres entre los cascotes. En otros puntos de la ciudad se registraron daños cerca de un hospital que tuvo que ser evacuado. Testigos que cruzaron la frontera hacia Turquía hablaron de calles destruidas, coches calcinados y familias saliendo con miedo y sin un plan claro. El impacto no se limita a la imagen de los edificios abiertos en canal. Reuters recogió cortes de agua y electricidad desde los primeros días del bombardeo, problemas de conexión y compras de acopio por temor a un conflicto largo. Una mujer de Bushehr, donde se encuentra la única central nuclear iraní, dijo que temía no volver a ver a sus hijos, que viven fuera del país. Otra madre, en Teherán, explicaba que su hija de 10 años necesita diálisis y que ahora le da miedo llevarla...
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