La comida que Moreno Bonilla no se comería: el escándalo silencioso de los comedores escolares andaluces
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March 22, 2026
¿Alguien ha visto alguna vez llorar a Juanma Moreno Bonilla por la comida que se sirve en los comedores escolares de Andalucía? Yo tampoco. Y, sin embargo, miles de familias llevan años quejándose de lo mismo: menús pobres, raciones escasas y comida que muchos niños apenas tocan. La pregunta es sencilla: si un niño sale del comedor con hambre o con un plato casi intacto, ¿de qué sirve ese servicio público? Un reciente reportaje publicado en Público recogía las críticas de nutricionistas, agricultores y familias que alertan de la mala calidad de algunos menús que se sirven en los colegios andaluces. No es una polémica nueva. Pero sí es una preocupación cada vez más extendida. Porque el comedor escolar no es un asunto menor. Cada día más de 200.000 escolares andaluces utilizan el comedor escolar. En total, se sirven más de 20 millones de menús al año en cerca de 1.500 comedores públicos. Para muchas familias es un servicio imprescindible para conciliar la vida laboral. Y para muchos niños, especialmente los de hogares con menos recursos, puede ser la comida más importante del día. Sin embargo, hay una contradicción que empieza a resultar difícil de explicar. En los últimos años el número de usuarios de comedores escolares ha aumentado en Andalucía. Cada vez más familias necesitan este servicio. Pero al mismo tiempo crecen las críticas por la calidad de los menús y por el coste que supone para muchos hogares. El Gobierno de Moreno Bonilla ha subido el precio del comedor un 24% desde 2021. Para muchos hogares con varios hijos, el gasto mensual se ha convertido en una carga importante. Y lo que más indigna a muchas familias no es solo pagar más, sino la sensación de que la calidad de los menús se ha deteriorado de forma visible y constante La realidad es clara: con Moreno Bonilla, miles de niños y niñas en Andalucía pagan más por comer peor. Y si las familias pagan más y la comida es peor, la pregunta es inevitable: ¿dónde va el dinero? Cuando el sistema funciona bien, el comedor escolar es una herramienta poderosa para reducir desigualdades sociales y garantizar una alimentación equilibrada. Los expertos recuerdan que es clave para que todos los niños tengan acceso a fruta, verduras y productos frescos que muchas familias no siempre pueden permitirse. Pero cuando el sistema falla, el efecto es justo el contrario. Uno de los grandes problemas que denuncian familias y colectivos sociales es el modelo de gestión. En Andalucía, gran parte de los comedores escolares funciona mediante empresas de catering externas. En muchos casos, la comida no se cocina en el propio centro, sino que llega preparada desde cocinas industriales y se recalienta en el colegio. Esto tiene consecuencias claras: menos producto fresco, menos adaptación al centro y, muchas veces, peor resultado final en el plato. No es casualidad que muchas asociaciones de padres reclamen volver a las cocinas en los propios colegios. No por nostalgia, sino por lógica. La comida recién hecha...
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