Feijóo cambia principios por poder: Guardiola asume "el feminismo" de Vox
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February 18, 2026
En 2023, María Guardiola fue tajante: no podía gobernar con quienes negaban la violencia machista. Aquella frase no fue un matiz ni una declaración ambigua. Fue una línea roja. Un límite político y moral que pretendía situar al PP extremeño en el espacio de la defensa de la igualdad. En diciembre de 2025 insistía en ese mismo planteamiento. Sin embargo, esta semana ha dado un giro que no admite interpretaciones suaves: ahora sostiene que el feminismo que ella defiende es el mismo que defiende Abascal. No ha cambiado Vox. No ha variado su discurso sobre violencia de género, igualdad o políticas de diversidad. Lo que ha cambiado es la necesidad de poder del PP. Y ese cambio no es solo personal ni coyuntural: es político, estructural y profundamente revelador. El viraje de Guardiola no es una simple contradicción individual. Es la confirmación visible de una estrategia más amplia dentro del PP. No es una excepción extremeña; es el síntoma de un proyecto que ha asumido que los derechos de las mujeres son negociables si el precio es gobernar. Y esa decisión tiene alcance nacional y una dirección clara: la línea marcada por Feijóo. Han pasado de hablar de "tufo machista" a compartir marco ideológico con quienes cuestionan el consenso institucional en torno a la violencia de género. De levantar un veto ético a normalizar un discurso que hace apenas dos años se consideraba incompatible con la defensa de la igualdad. Cuando una dirigente autonómica afirma que el feminismo que defiende es el mismo que defiende Abascal, está haciendo algo más que justificar un pacto parlamentario. Está legitimando una narrativa. Está validando un marco que durante años ha cuestionado las leyes específicas contra la violencia machista y ha intentado sustituirlas por conceptos genéricos que diluyen la desigualdad estructural entre hombres y mujeres. La pregunta que surge es inevitable: ¿cuál era la posición sincera? ¿La de 2023? ¿La de diciembre? ¿O la de ahora? Porque si los principios cambian en función de la aritmética parlamentaria, dejan de ser principios para convertirse en herramientas tácticas. El PSOE extremeño ha exigido explicaciones y ha acusado a Guardiola de blanquear el discurso ultra para mantenerse en el poder. Más allá del cruce partidista, la cuestión de fondo es democrática: ¿puede alguien defender la igualdad real mientras asume el marco ideológico de quienes cuestionan sus fundamentos? Reducir el análisis a Extremadura sería un error. Esta estrategia comenzó cuando Feijóo asumió la presidencia del PP. Su primera gran decisión de calado territorial fue normalizar la entrada de Vox en el Gobierno de Castilla y León. Aquello no fue un accidente ni una anomalía local. Fue una declaración de intenciones. Desde entonces, el proceso ha sido gradual pero constante. Se dejó de hablar de "extrema derecha" para adoptar términos más neutros. Se empezó a describir a Vox como "socio necesario". Se suavizó el lenguaje. Se asumieron marcos culturales que antes se combatían. El debate público se trasladó progresivamente al terreno que marcaba Vox y se les denominó públicamente...
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