Catástrofe en loop: la otra batalla de quienes sobrevivieron al doble terremoto en Venezuela
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July 3, 2026
Nueve días después del doble terremoto que devastó Venezuela, la emergencia ya no ocupa los principales titulares, pero para miles de personas la tragedia está lejos de terminar. En La Guaira, la zona más castigada por el desastre, hay familias que siguen durmiendo en escuelas, gimnasios, carpas o con parientes, mientras esperan noticias de sus desaparecidos y observan cómo sus hogares quedaron reducidos a montañas de cemento y hierro. Las tareas de búsqueda continúan en varios edificios colapsados, aunque las esperanzas de encontrar nuevos sobrevivientes disminuyen con el paso de las horas. Sin embargo, el reciente rescate con vida de Hernán Gil Flores, un vigilador que permaneció ocho días atrapado bajo los escombros de un centro comercial, devolvió algo de ilusión a brigadistas y familiares que todavía se niegan a perder la fe. Pero para quienes lograron salir con vida, comienza otro desafío igual de difícil: volver a empezar. "Ya no hay nada para nosotros. No hay agua, no hay luz, no hay edificios, no hay un supermercado, un hospital... no hay nada", resumió Francis Martín, una joven de 24 años que escapó junto a su madre del edificio donde vivían en La Llanada y que hoy permanece alojada en un hotel gracias a la solidaridad de sus compañeros de trabajo. La incertidumbre atraviesa cada jornada. Nicole Torres recordó que dormía cuando sintió que toda la casa se movía violentamente. "Los tanques se estaban cayendo, el botellón de agua cayó, unas vajillas se rompieron. Tuvimos que sacar a mi abuelo y esperar en la calle", contó todavía conmocionada. Como ella, miles de venezolanos aún temen regresar a edificios dañados por miedo a nuevos derrumbes. En los refugios temporales, la rutina está marcada por largas filas para conseguir agua, alimentos y medicamentos. Muchas familias dependen exclusivamente de la ayuda humanitaria y de donaciones de vecinos, mientras denuncian que la asistencia oficial llega lentamente y que todavía hay comunidades aisladas donde la reconstrucción ni siquiera comenzó. La tragedia también deja profundas heridas emocionales. Hay padres que siguen recorriendo hospitales y morgues en busca de un hijo, hermanos que esperan una llamada que nunca llega y niños que preguntan cuándo podrán volver a una casa que ya no existe. Psicólogos y organizaciones humanitarias advierten que el impacto psicológico será una de las consecuencias más duraderas del desastre. A pesar del dolor, entre las ruinas también aparecen gestos de solidaridad que sostienen a las comunidades. Vecinos que comparten la poca comida que tienen, voluntarios que cocinan para cientos de personas y brigadas de rescatistas que siguen trabajando día y noche -como las argentinas- representan una esperanza en medio de la devastación. Mientras las cámaras comienzan a abandonar Venezuela, la tragedia entra en una etapa silenciosa, pero no menos dolorosa. Para quienes sobrevivieron, el terremoto no terminó cuando dejó de temblar la tierra. Recién ahora empieza la larga lucha por reconstruir una vida que cambió para siempre. Uno de los símbolos más impactantes de esta nueva etapa de la tragedia es el enorme campamento que se levantó en el Parque del Este, en Caracas. Este pulmón verde similar a los Bosques de Palermo, de 80 hectáreas, se ha convertido en un refugio improvisado para más de 600 familias que ya no tienen adónde regresar. Carpas alineadas, colchones sobre el césped y largas filas para recibir comida, agua y atención médica forman parte de una postal que se repite día tras día. Allí conviven familias enteras que escaparon de edificios derrumbados o viviendas declaradas inhabitables y que, por ahora, no tienen una fecha cierta para volver a ser funcionales. La incertidumbre atraviesa cada jornada dentro y fuera del campamento. "No sabemos qué va a pasar mañana. Perdimos la casa, el trabajo y muchas de nuestras cosas. Lo único que queremos es volver a tener un lugar donde vivir", contó a El Canciller una de las mujeres alojadas en el predio, mientras aguardaba la distribución de alimentos.
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