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  "publishedAt": "2026-05-01T12:55:10.213Z",
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  "textContent": "Antonela Roccuzzo nunca necesitó presentaciones. Durante años, alcanzaba con decir que era \"la mujer de Messi\", la novia de toda la vida, la rosarina que conoció al mejor jugador del mundo cuando eran adolescentes y que, incluso en medio de la fama más brutal, eligió permanecer en un segundo plano. Pero algo cambió. Y no fue de un día para el otro. Aunque hoy es una de las mujeres más seguidas del planeta en Instagram, imagen de marcas internacionales y habitué de las primeras filas fashionistas, durante mucho tiempo Antonela fue exactamente lo contrario a la lógica clásica de las \"botineras\". No daba notas, no hablaba en cámara, tampoco exponía a sus hijos y mucho menos construía escándalos para alcanzar el protagonismo. Ni siquiera parecía particularmente interesada en convertirse en celebridad. Eso, quizás, es lo que fascinó al público después. La historia entre ella y Lionel Messi tiene algo casi imposible para los tiempos actuales: es la primera y única novia que se le conoció al futbolista más famoso del planeta. En un universo donde la exposición parece inevitable, Antonela construyó durante años una imagen basada en la ausencia. Acompañaba, pero sin intervenir. Mientras Messi acumulaba Balones de Oro, títulos y millones, ella seguía ligada a un perfil doméstico y familiar. Durante los años en Barcelona, su prioridad parecía estar lejos del espectáculo. La crianza de sus tres hijos, Thiago, Mateo y Ciro, ocupaba el centro de su vida cotidiana. Los que la conocen dicen que su interés por la moda existió siempre pero todavía no había una construcción pública de Antonela como figura fashion o influencer. Hubo, sí, un primer acercamiento empresarial. En 2017 abrió junto a Sofía Balbi, la mujer del jugador uruguayo Luis Suárez, una franquicia de Ricky Sarkany en Barcelona. El proyecto generó ruido mediático, sobre todo porque involucraba a dos de las parejas más conocidas del fútbol mundial. Pero incluso ahí Antonela mantuvo el mismo perfil bajo. En una entrevista con La Nación, Ricky Sarkany contó que él ya le había enviado, por intermedio de un conocido, calzado a la mujer de Messi y eso la convirtió en clienta de la marca mucho antes de cualquier acuerdo comercial. Y cuando quisieron meterse en el negocio, Antonela y Sofía manejaron todo por su cuenta, sin participación de sus maridos. Alquilaban el local, elegían las colecciones y definían qué productos vender en Europa. Sarkany, incluso, aseguró que no cobraba por el uso de la marca porque consideraba que la asociación ya era beneficiosa en términos de imagen. Pero el local no funcionó. Ni siquiera siendo la mujer de Messi. El dato es interesante: el apellido más poderoso del fútbol no alcanzaba, todavía, para convertir a Antonela en un fenómeno comercial propio. Probablemente el estilo de la marca no terminaba de conectar con el mercado español. O quizás ella aún no tenía construida una identidad pública capaz de impulsar un negocio desde su imagen. Porque Antonela era famosa, sí. Pero no era una celebrity ni una socialité. Ella no daba entrevistas, no se conocía su voz y eso la diferenciaba de muchas otras mujeres del ambiente futbolístico que sí habían entendido hacía años cómo convertir la exposición en capital. El gran cambio llegó el 10 de agosto de 2021, cuando la familia Messi aterrizó en París tras la salida traumática de Lionel del Barcelona. En teoría, el desembarco tenía un protagonista claro: el nuevo jugador del Paris Saint-Germain. Pero en la práctica también fue el inicio de otra transformación, mucho más silenciosa, la de Antonela. Porque París no es solamente una capital europea. Es una ciudad donde la moda funciona como lenguaje social. Y ahí, por primera vez, Antonela empezó a vincularse de manera directa con las grandes marcas del lujo internacional: Louis Vuitton y Dior, las primeras en tenerla; las invitaciones a desfiles y eventos exclusivos, vinieron después. Claro que había condiciones: vestir lo que las marcas proponían, responder a cierta lógica estética, entrar en un circuito donde la imagen se trabaja profesionalmente. Entonces, Antonela dejó atrás un estilo algo indefinido y pasó a construir el propio, con ayuda de los que más saben. El punto es que parecía dispuesta, finalmente, a jugar ese juego aunque todavía lo hacía con cierta cautela: seguía sin hablar demasiado ni exponerse por completo. Era una presencia elegante, cuidada, cada vez más observada, pero todavía algo enigmática. Esa misma reserva es lo que la volvía más interesante dentro de un ecosistema saturado de sobreexposición. Después llegó Estados Unidos y ahí sí todo terminó de alinearse. La decisión de Messi de sumarse al Inter Miami no solo implicó un movimiento futbolístico o económico, sino que coincidió con el deseo de Antonela de instalarse en una ciudad mucho más conectada con el entretenimiento, las marcas y la cultura influencer. Miami ofrecía algo que París no: una mezcla perfecta entre celebridad, negocios y vida relajada. Y además apareció una figura clave: David Beckham. El inglés, co-propietario y presidente de operaciones del Inter de Miami, entendió antes que nadie que el fútbol moderno también se juega fuera de la cancha. Nadie transformó mejor que él su carrera deportiva en una maquinaria global de marketing, moda y lifestyle. Anto y Victoria Beckham comenzaron a compartir eventos, cenas y campañas vinculadas al mundo fashion. Y poco a poco Antonela empezó a soltarse. Primero llegaron las entrevistas escritas: Haute Living, Harper's Bazaar, Vogue. Después las alianzas comerciales con Tiffany & Co., Spotify y distintas marcas internacionales. Hasta que finalmente pasó algo inédito: habló. Lo hizo en la última campaña de Tiffany & Co., en un reel publicado tanto en sus redes como en las de la marca, para la que porta el título de embajadora global. Durante años, escucharla hablar había sido casi una rareza. Su imagen existía, pero su voz permanecía ausente. Hoy eso cambió y no parece casual. Detrás de la exposición más activa de Antonela también hay una estrategia. El Mundial 2026 aparece en el horizonte y todo lo que rodea a Messi vuelve a cotizar todavía más alto. Ella lo sabe. Las marcas también. Por eso empezó una etapa mucho más visible en la que no se juega la fama; más bien, el posicionamiento. Antonela tiene alcance mundial y casi 40 millones de seguidores en Instagram por una razón muy concreta: ser la mujer de Messi. En su caso eso está particularmente marcado porque nunca antes construyó una carrera pública independiente. No venía del modelaje, ni de la televisión, ni del espectáculo. Nunca trabajó mediáticamente de otra cosa. Ni siquiera se le conocía la voz. Su capital simbólico nació alrededor de la figura del futbolista más famoso del planeta. Y aun así, logró convertir esa cercanía en un activo propio. Pero también entiende algo que probablemente explique por qué este momento es tan importante para ella: la ventana no es eterna. Cuando Messi se retire del fútbol profesional, es lógico pensar que parte de esa centralidad global también disminuya. El foco mediático alrededor de la familia inevitablemente va a bajar. Y por eso este presente funciona, también, como una oportunidad de consolidar una identidad propia mientras el fenómeno Messi sigue en el pico máximo de atención mundial. Hoy Antonela no acepta cualquier campaña. Justamente porque puede elegir. Su valor publicitario es tan alto que funciona como un filtro natural: no cualquier compañía puede contratarla. En el mercado internacional estiman que una acción en redes sociales difícilmente baje de los 500 mil dólares. Y aun así, ella mantiene una lógica selectiva. Prioriza marcas globales, de lujo o de posicionamiento premium, porque entiende que su imagen depende tanto de la exposición como de la exclusividad. Se trata de una construcción inteligente: cuanto menos accesible parece una figura, más valor comercial adquiere. Detrás de todo eso también aparece una realidad incómoda sobre el mundo del fútbol: durante años, probablemente Antonela eligió no exponerse demasiado porque todavía existía algo en juego para Messi. Antes de Qatar 2022, cualquier declaración, gesto o movimiento de la familia podía convertirse en munición mediática en caso de derrota. Su perfil bajo funcionaba como protección. Para ella, para sus hijos y, sobre todo, para él. Suena exagerado, incluso injusto, pero el ambiente futbolero todavía conserva una lógica profundamente machista. Las mujeres de los jugadores suelen quedar bajo observación constante: si hablan demasiado, molestan; si se muestran mucho, incomodan; si opinan, generan rechazo. Y eso ocurre incluso alrededor de figuras tan queridas como Messi. La diferencia es que ahora él ya ganó todo. La Copa del Mundo modificó algo más que su legado deportivo, también liberó a su entorno. Más a Antonela. Ya no hay una deuda pendiente que cuidar ni existe esa sensación permanente de que cualquier cosa puede \"distraer\" o \"afectar\" la carrera del futbolista. En ese nuevo escenario, Antonela encontró finalmente espacio para mostrarse sin convertir su intimidad en contenido constante. Pero sí entendiendo que, después de tantos años siendo apenas \"la mujer de\", ahora también llegó el momento de capitalizar quién es ella dentro de esa historia global.",
  "title": "Antonela Roccuzzo: cómo pasó del silencio a construir una marca propia y cuánto cobra en su rol de influencer",
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