Quién era Alí Jamenei, el abatido arquitecto del poder absoluto en Irán de los últimos 35 años
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February 28, 2026
La figura de Alí Jamenei, abatido este sábado en Teherán en una operación militar conjunta entre Estados Unidos e Israel, dominó la escena política de Irán durante más de 35 años. Convertido en líder supremo en 1989, tras la muerte de Ruhollah Jomeini, asumió el rol más alto dentro de la República Islámica y consolidó un poder que trascendía lo meramente religioso para convertirse en la máxima autoridad política y militar del país. Nacido en 1939 en Mashhad, en el seno de una familia clerical, Jamenei se formó como religioso chiita y participó activamente en la revolución de 1979 que derrocó al sha Mohammad Reza Pahlavi. Desde entonces, su carrera política estuvo ligada al núcleo duro del nuevo régimen persa. Antes de convertirse en líder supremo, fue presidente de la República entre 1981 y 1989, en uno de los períodos más turbulentos de la historia iraní, marcado por la guerra contra Irak y por atentados internos que golpearon al liderazgo revolucionario. Aquella etapa consolidó su perfil como dirigente disciplinado y alineado con la doctrina. Ya en la cúspide del poder, Jamenei fortaleció la estructura institucional que combina autoridad religiosa con control político. Bajo su mando, la Guardia Revolucionaria amplió su influencia en la economía, la seguridad y la proyección regional de Irán. En política exterior, su liderazgo estuvo marcado por una confrontación persistente con Estados Unidos e Israel, a los que consideraba enemigos estructurales del régimen teocrático. Al mismo tiempo, impulsó una estrategia de alianzas con actores regionales como Hezbollah en Líbano y con milicias chiitas en Irak y Siria, ampliando la influencia iraní en Medio Oriente. En el plano interno, su administración estuvo atravesada por tensiones sociales y económicas. Protestas por la inflación, la falta de libertades y los derechos de las mujeres pusieron en cuestión la rigidez del sistema. Sin embargo, Jamenei sostuvo una línea de firmeza frente a las movilizaciones, priorizando la estabilidad del régimen sobre cualquier apertura significativa. El programa nuclear iraní fue otro de los ejes centrales de su gestión. Aunque respaldó negociaciones internacionales en distintos momentos, siempre mantuvo una postura de desconfianza hacia Occidente y defendió el desarrollo científico y tecnológico como símbolo de soberanía nacional. Con su figura se consolidó un modelo de liderazgo que concentró atribuciones estratégicas: desde el control de las Fuerzas Armadas hasta la supervisión del Poder Judicial y la validación final de decisiones clave del Estado. Su influencia no solo marcó a una generación de dirigentes iraníes, sino que también redefinió el equilibrio de fuerzas en la región.
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