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Más fracking, más sismos: alerta por lo que ocurre en Vaca Muerta

Inicio May 30, 2026
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Un investigador del Observatorio de Sismicidad Inducida aseguró que el aumento de la actividad petrolera en Neuquén está acompañado por un crecimiento de los temblores. Advirtió además sobre el riesgo que implicaría para Mendoza el uso masivo de agua en proyectos no convencionales.

Mientras Vaca Muerta continúa batiendo récords de producción de petróleo y gas, también crece otro fenómeno menos difundido: la cantidad de sismos registrados en la región. Desde el Observatorio de Sismicidad Inducida sostienen que existe una relación comprobada entre la expansión del fracking y los movimientos sísmicos que desde hace años afectan distintas localidades neuquinas.

Así lo explicó Javier Grosso Heredia, profesor de Geografía e investigador independiente especializado en los impactos territoriales y ambientales de la explotación hidrocarburífera no convencional. En diálogo con «Entre mate y mate», señaló que los temblores comenzaron a registrarse luego de la expansión de la fracturación hidráulica en Vaca Muerta y que hoy constituyen una realidad imposible de negar.

“La sismicidad inducida es un reacomodamiento del subsuelo que está empujado o ayudado por las inyecciones de altos volúmenes de agua que hace el fracking. Por eso hablamos de sismicidad inducida por el fracking”, explicó.

Según detalló, el fenómeno comenzó a hacerse visible a fines de 2018 y principios de 2019, especialmente en localidades como Sauzal Bonito, Añelo y Rincón de los Sauces. Desde entonces, los registros no han dejado de aumentar. “Ya llevamos más de 620 sismos contabilizados desde 2019 hasta acá”, indicó.

El Observatorio de Sismicidad Inducida, integrado por investigadores independientes y universitarios, analiza información del Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) y de organismos especializados de Chile.

De acuerdo con ese observatorio, la profundidad media de los sismos potencialmente inducidos ronda los 6 kilómetros, mientras que las fracturas hidráulicas se realizan en promedio a 3,3 kilómetros de profundidad. La cercanía entre ambos procesos constituye uno de los principales indicios de la relación entre la actividad petrolera y los movimientos sísmicos.

Un fenómeno que ya nadie niega

Grosso recordó que durante los primeros años hubo intentos de desvincular los sismos de la actividad petrolera. Sin embargo, aseguró que actualmente existe un amplio consenso científico sobre la relación entre ambos fenómenos. “Hoy las voces que públicamente niegan la relación son inexistentes. Las propias empresas tienen sistemas de semáforo sísmico para monitorear las operaciones”, afirmó.

Ese sistema establece distintos niveles de alerta según la magnitud de los movimientos detectados durante las tareas de fractura. Cuando los sismos alcanzan determinados valores, las compañías deberían reducir o incluso suspender temporalmente las operaciones. Sin embargo, el investigador cuestionó la falta de controles estatales sobre esos mecanismos.

“El Estado neuquino no tiene en planes regular la sismicidad asociada al fracking. Nos lo dijeron directamente cuando preguntamos si participaban en el control de esos sistemas”, sostuvo.

El impacto en las comunidades

Uno de los lugares más afectados es Sauzal Bonito, una pequeña localidad neuquina donde los habitantes comenzaron a convivir con temblores frecuentes en una región que históricamente no registraba este tipo de fenómenos.

A diferencia de provincias como Mendoza, donde la población está acostumbrada a la actividad sísmica y las construcciones incorporan criterios antisísmicos, en estas localidades los movimientos generaron preocupación, daños materiales y efectos sobre la salud de los vecinos.

“Los primeros efectos fueron el desconcierto y el miedo. Hubo ataques de pánico, problemas de salud asociados al estrés, niños llorando y personas mayores viendo cómo se rompían los vidrios o se caía mampostería de sus casas”, relató. La situación derivó en procesos de organización comunitaria y reclamos judiciales, aunque hasta el momento no se han traducido en regulaciones específicas sobre la actividad.

La advertencia para Mendoza

Aunque Mendoza también forma parte de la formación geológica Vaca Muerta y existen proyectos de exploración no convencional en el sur provincial, Grosso consideró que la principal preocupación no debería centrarse en los sismos. “Por los sismos quizás no se tengan que preocupar tanto porque Mendoza tiene infraestructura preparada y una población acostumbrada a convivir con ellos”, señaló.

Sin embargo, remarcó que el verdadero problema podría estar en la enorme demanda de agua que requiere la fracturación hidráulica. Según explicó, cada pozo puede utilizar alrededor de 100 millones de litros de agua para realizar las etapas de fractura necesarias para liberar los hidrocarburos atrapados en la roca madre. “Mendoza no tiene agua de sobra. El fracking podría poner en serio riesgo el suministro de agua para otras actividades porque esa agua necesariamente se la tenés que quitar a algún otro uso”, advirtió.

Para el investigador, la combinación entre crisis hídrica, retroceso de glaciares y posibles beneficios regulatorios para grandes inversiones obliga a discutir con anticipación los impactos que podría tener la expansión de la actividad en territorio mendocino.

Mientras tanto, en Neuquén los registros siguen creciendo. Grosso señaló que 2025 fue el año con mayor producción y también el de mayor cantidad de sismos registrados. Los datos preliminares de 2026 muestran una tendencia similar. “A medida que aumenta la cantidad de fracturas y la inyección, aumentan también los sismos. Eso es lo que muestran los datos”, concluyó.

Compartimos la entrevista completa:

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