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El timo de la inversión externa

Inicio May 16, 2026
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El viernes 8, con la presentación del jefe de gabinete Manuel Adorni, pero sin permitir preguntas hacia él, el ministro Luis Caputo anunció un “super RIGI”. Se trataría de un programa que, para inversiones que reúnan ciertas características, permitiría reducciones impositivas en ganancias, beneficios en importaciones y en impuestos provinciales y tasas municipales. El anuncio se suma a la prórroga del RIGI original que debía vencer próximamente. Lo primero que salta a la vista es la elemental pregunta de por qué el ministro de Economía de la Nación dispone de los impuestos de las provincias y de las tasas de los municipios. Es evidente que allí habría un litigio judicial. No nos enfocamos ahora sobre ello, sino en el aparente grado de consenso que este tipo de medidas tiene en ciertos sectores empresarios, siendo que constituyen el camino exactamente contrario a las posibilidades de resurgimiento nacional. Se supone, sin evidencia alguna, que será la inversión extranjera la que producirá un despegue de la economía y que la misma aumentará por reducción de impuestos. Los datos más cercanos exponen el fracaso de esta política. El cuadro de Lucka Glezer en El cohete a la luna, con datos del BCRA, muestra que con Milei no sólo no llegaron las inversiones, se fueron los dólares. imagen La experiencia argentina muestra que la lógica esgrimida para “atraer inversiones” encubre un engaño reiterado. Desde Martínez de Hoz, ministro de la dictadura entre 1976 y 1980, cada vez que se aplicó un modelo neoliberal la lógica fue la misma, tenemos que ofrecer bajos impuestos, “seguridad jurídica” que quiere decir garantías políticas al saqueo, flexibilidad laboral y permitir la libre movilidad de los capitales. Así, los inversores se convencerán de las bondades del país y vendrán por miles. No pasó. No vinieron inversiones sino al contrario, salieron capitales, que era el verdadero objetivo. Cuando vinieron por una puerta, salieron por la otra, no crearon riqueza sino que, como mucho, extranjerizaron empresas antes nacionales. La liberalización en el flujo internacional de capitales en nuestro país, con una élite empresaria que apoya un proyecto colonial y no nacional, genera sistémicamente que las enormes ganancias que las empresas concentradas producen en pesos tengan plena libertad para convertirlas en dólares y llevarlas a guaridas fiscales. Es el resultado indefectible de estas políticas. La experiencia argentina enseña que fue con el modelo industrializador, entre 1930 y 1976, con que el país obtuvo los mejores resultados en términos de crecimiento, igualdad, cuasi eliminación de la pobreza y mínimo desempleo. El maestro de la economía heterodoxa, Aldo Ferrer, escribió a inicios de los años ’80 un libro liminar para el futuro gobierno democrático que arrancaría condicionado por la deuda externa de la dictadura: “Vivir con lo nuestro”. Según el historiador Marcelo Rougier, “’vivir con lo nuestro’ quería decir por el contrario ‘que la política económica debe reflejar los objetivos de transformación, equidad social e inserción internacional, que permitan la realización de la comunidad argentina’, lo que era posible sólo si el país asumía su propio potencial sin subordinarse a los criterios ortodoxos predominantes en los círculos financieros internacionales”. A pesar del paso de más de 40 años de aquel análisis, la conclusión sigue siendo la misma, nadie nos salvará sino nosotros mismos, sólo con un proyecto nacional, con industria, con el ahorro y la inversión de los propios argentinos, con la protección de nuestro mercado interno, defendiendo el interés nacional de un país autónomo y soberano, en asocio con los hermanos de la región latinoamericana, encontraremos el camino para superar la frustración a la que reiteradamente nos arrastran las políticas neoliberales.

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